lunes, 2 de marzo de 2009

SUBLIME GRACIA



El documental de Bill Moyers sobre el himno “Sublime gracia” incluye una escena filmada en el Estadio Wembley, de Londres. Diversos grupos musicales, la mayoría orquestas de rock, se habían reunido para celebrar los cambios sucedidos en África del sur, y por alguna razón, los promotores pusieron en el programa a Jessye Norman, cantante de ópera, para que cerrara el acto.
La película va pasando por escenas donde aparece la desordenada multitud que había en el estadio, intercalando escenas de la entrevista con Jessye Norman. Durante doce horas, grupos como Guns`n`Roses (fusiles y rosas) han estado haciendo resonar a la multitud por medio de montones de altavoces, sacando de quicio a unos fanáticos ya atolondrados con el alcohol y las drogas. La multitud grita para que los grupos vuelvan a salir al escenario, y los grupos de rock la complacen. Mientras tanto, Jessy Norman está sentada en su camerino, hablando con Moyers sobre el himno “sublime gracia”.
Por supuesto, este himno fue escrito por John Newton, un traficante de esclavos duro y cruel. Newton clamó por vez primera a Dios en medio de una tormenta que faltó poco para que lo tirara al agua. Fue viendo la luz gradualmente, y continuó siendo traficante, incluso después de convertido. El himno “Cuán dulce suena el nombre de Jesús”, lo compuso mientras esperaba un cargamento de esclavos en una bahía africana. Sin embargo, más tarde renunció a su profesión, se hizo ministro, y se unió a William Wilberforce en su lucha contra la esclavitud. John Newton nunca perdió de vista las profundidades de las que había sido sacado. Nunca perdió de vista la gracia. Cuando escribió las palabras “que salvó a un miserable como yo”, era totalmente sincero.
Jessy Norman le dice a Bill Moyers que es posible que Newton haya tomado prestada una vieja melodía que cantaban los propios esclavos, redimiendo así el canto, tal como él había sido redimido.
Finalmente, le llega el momento de cantar. Un solo circulo de luz sigue a Jessye Norman, majestuosa mujer afroamericana vestida con un vaporoso dashiki africano, mientras entra al escenario. No la acompaña una orquesta, ni instrumento musical alguno; sólo es ella. La multitud se agita inquieta. Son pocos los que reconocen a la diva operática. Una voz grita para pedir que vuelva el grupo Gun`n’ Roses. Otros secundan el grito. La escena se vuelve desagradable.
Sola, a capella, Jessye Norman comienza a cantar, muy lentamente:

Sublime gracia del Señor
Que un infeliz salvó;
Fui ciego mas hoy miro yo,
Perdido y él me alló.

Algo sorprendente sucede aquella noche en el Estadio Wembley. Setenta mil fanáticos revoltosos se callan ante aquella aria sobre la gracia.
Cuando la soprano llega a la segunda estrofa, “Su gracia me enseñó a temer; mis dudas ahuyentó; ¡Oh cuán precioso fue a mi ser cuando él me transformó!”, tiene ya a la multitud en la mano.
Al llegar a la tercera estrofa, “En los peligros y aflicción que yo he tenido aquí, siempre me libró y me guiará feliz”, varios miles de fanáticos están cantando ya junto con ella, buscando muy lejos, en unos recuerdos casi perdidos, unas palabras que habían oído hacía tiempo.

Y cuando en Sion por siglos mil
Brillando esté cual sol,
Yo cantaré por siempre allí
Su amor que me salvó.

Más tarde, Jessye Norman confesaría que no tenía idea de qué poder había descendido aquella noche sobre el Estadio. Yo creo que lo conozco. El mundo está sediento de gracia.
Cuando la gracia desciende, el mundo calla delante de ella.
Sublime gracia del Señor,
Que a mí, pecador, salvó,
Fui ciego mas hoy veo yo,
Perdido y El me halló.
Su gracia me enseñó a temer,
Mis dudas ahuyentó,
¡Oh, cuán precioso fue a mi ser,
Cuando Él me transformó!.
En los peligros o aflicción,
Que yo he tenido aquí,
Su gracia siempre me libró,
Y me guiará feliz.
Y cuando en Sión por siglos mil,
Brillando esté cual sol,
Yo cantaré por siempre allí,
Su amor que me salvó.

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