miércoles, 21 de febrero de 2018

De la Ira…a la desobediencia

De la Ira…a la desobediencia
Desde su nacimiento, Moisés fue apartado para los propósitos de Dios, y se convirtió en el caudillo que liberó al pueblo de Israel, sacándolos de la esclavitud a la tierra prometida. Sin embargo, no faltaron las quejas de la gente en contra de Moisés, lo que lo hizo enfurecerse, sin poder controlarse, hasta llegar a desobedecer a Dios, quien, lamentablemente, no tuvo otra alternativa que disciplinarlo y de la manera que más le afectaría: las plantas de sus pies no pisarían la tierra de Canaán.
¿Qué pasó? ¿Por qué Moisés merecía ser severamente castigado si él siguió fielmente a Dios durante muchos años? Esto fue lo que sucedió:
 “Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias. Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias” Números 20:7-11 (RVR).
Analicemos:
Primero: Tenía que reunir a la congregación como testigos del milagro.
Segundo: Moisés debía hablar a la roca, pero terminó hablando en contra de la gente.
Tercero: Dios había dicho que la roca daría sus aguas, pero Moisés le preguntó al pueblo si  sería capaz de hacer salir agua de la peña.
Cuarto: Moisés levantó la mano y golpeó la roca dos veces. ¡Este fue un terrible error! No era necesario golpear sino hablar.
Tal vez hoy te encuentres en una situación en la que no sabes cuánto tiempo vas a soportar. Si la presión, las quejas y aún las críticas de la gente están a punto de hacerte estallar en ira y quieres golpear esa roca cuando sólo necesitas hablar ¡Ten cuidado! No vaya a ser que esa reacción deshonre a Dios y lo pierdas todo.
Moisés sufrió las consecuencias de un pueblo que lo presionó a actuar sin medida, la Biblia dice que de lejos vio la tierra prometida mas no entró en ella.
¿Cómo reaccionas cuando la gente te da motivos para estallar?
Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere. Santiago 1:19-20 (NVI)     De la Ira…a la desobediencia

martes, 20 de febrero de 2018

Mi Dios, suplirá


Mi Dios, suplirá
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:19)
Pablo era un hombre que había aprendido a vivir tanto en la abundancia como en la escasez y a través de su ministerio entendió que sin importar la situación en la que estuviera viviendo, Dios supliría todo lo que le faltara. Por tal razón, él lo testificaba con toda convicción.
Hoy por hoy, sus palabras se convierten en una promesa muy alentadora para nosotros, sobre todo cuando la necesidad golpea fuertemente el sustento de nuestra familia, cuando vemos la aparición de una enfermedad que  termina atemorizándonos y robándonos el gozo y la paz que vienen del Señor y, en algunos casos, hasta la falta de un amor verdadero.
Si cualquiera de las anteriores situaciones está compungiendo tu corazón y a pesar de que te esforzaste , trabajaste duro por alcanzar tus objetivos y aun así no te es posible suplir esas necesidades, entonces es momento de revisar prioridades y preguntarte si estás viviendo encerrado en buscar las cosas terrenales, las cuales  perecen, o las celestiales que permanecen para siempre.
A veces nos encontramos en una encrucijada de necesidades y en vez de acudir primeramente al que es el dueño del oro y la plata, nos enfocamos en cómo resolver el problema.
Si hasta este día padeces necesidad continua, tal vez sea porque estás buscando todo menos la presencia de Dios. Pero déjame decirte que cuando Él ocupe el primer lugar en tu vida, hogar, matrimonio y economía, no tendrás falta de ningún bien.
¿No es asombroso pensar que todo lo que nos haga falta será suplido?
Por ello, es necesario aprender a confiar en el que sustenta a las aves del cielo y viste a los lirios del campo. Quizás tu situación actual te dice que no hay salida y necesitas urgentemente intervenir para que las bendiciones de Dios sean sobre tu vida. ¡No te desesperes, ni temas dice el Señor! Sólo confía y Él hará. Pues las mayores victorias de la vida se obtienen de rodillas.
“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33 (RVR).

lunes, 19 de febrero de 2018

Donde hay respuesta a cada oración


Donde hay respuesta a cada oración
No debemos suponer que simplemente porque somos cristianos hemos aprendido el secreto de permanecer en Cristo. Jesús dijo: “Si permanecéis en Mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho” (Juan 15: 7). Permanecer en Él es vivir en incesante fusión con Sus pasiones. Es haber encontrado la morada de Dios donde no existe ninguna barrera o sombra entre nuestra debilidad y Su suficiencia, o entre nuestro anhelo y Su cumplimiento.
Considerando la magnitud de las promesas de Dios, en realidad es una desgracia que la mayoría de nosotros no tenemos más que unos minutos de devoción cada día y uno o dos servicios de iglesia cada semana.


El refugio de Dios no es sólo un lugar para visitar a Dios, es también un lugar para morar con Él. Para aquellos que conviven con Dios, Su presencia no es meramente nuestro refugio; es una dirección permanente. Cuando estamos permaneciendo en Cristo, así como Él y el Padre son Uno, también nos volvemos en uno con Él. Su vida, Su virtud, Su sabiduría y Su Espíritu es lo que nos sostiene. Nos volvemos perfectamente débiles, incapaces de resistirle. Al igual que la relación del Hijo con el Padre,  no hacemos nada por nuestra propia iniciativa a menos que sea algo que le veamos hacer. Si Él no nos exige nada más que nuestro amor, estamos bien contentos. Jesús es nuestra primera opción, no nuestro último recurso.

Para aquellos que han entrado al lugar de habitación, nuestras preguntas no son acerca de doctrinas o acerca de pronunciar la oración correcta en el altar. Hemos encontrado a Aquel a quien nuestra alma ama. Estamos limitados y guiados por Su voz, entregados y encarcelados en Su amor.

Él dice, “Paloma mía, en las grietas de la peña, en lo secreto de la senda escarpada, déjame ver tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y precioso tu semblante” (Cantares 2:14).

Esta comunión de corazón entre Cristo y Su esposa es una fortaleza. Es el refugio de Dios para las angustias y distracciones de la vida. Aquí Él nos dice qué orar; aquí nuestras súplicas son contestadas. Sin embargo, a pesar de nuestros defectos y la debilidad de nuestras oraciones, para Él nuestra voz es dulce; a pesar de nuestra pobreza, nuestro aspecto es hermoso a Sus ojos.

En el seno de Cristo
¿Qué somos para Jesús? ¿Nos ha dado la vida solamente para probar Sus habilidades creativas? No. Existimos para el cumplimiento de Su amor.

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1 LBLA).

Usted es amado por el Señor. Él le valora. Jesús murió personalmente por cada uno de nosotros; Él ora al Padre por nosotros por nuestro nombre. Usted dice: “Pero estoy lleno de temores, envuelto con fracaso”.

Él dice, Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo…, para que vean mi gloria” (Juan 17:24, LBLA).

Cristo nos aprecia porque somos un regalo del Padre a Él. Jesús sabe que el Padre sólo da buenas dadivas (Santiago 1:17). Sí, somos imperfectos, pero Cristo nos ve en nuestra plenitud completa. Viendo el fin desde el principio, Él nos recibe con alegría.

¿Y qué clase de regalo somos? ¿Somos una recompensa, o quizás un desafío? No. Somos Su novia. La mirada de nuestros ojos hace que su corazón lata más rápido (Cantares 4: 9). Y es aquí, en el amor que compartimos con Jesús, que estamos seguros en el refugio de Dios.

Señor, perdóname por la inconsistencia de mi compromiso contigo. Maestro, con todo lo que soy, deseo una comunión inquebrantable contigo. Incluso ahora, moldéame para encajar perfectamente en Tu presencia, para que yo viva en unidad contigo, para que viva fortalecido por el impulso de Tu voluntad.

domingo, 18 de febrero de 2018

Levántate y resplandece!


Levántate y resplandece!
«Para esto Dios los llamó por nuestro evangelio, a fin de que tengan parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo» (2 Tesalonicenses 2:14)
El mandato claro de la Palabra de Dios para quienes vivan los últimos tiempos es que sean intrépidos al enfrentar las tinieblas. Hablando a través del profeta Isaías, el Espíritu del Señor ordena a los suyos:
            « ¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!
¡La Gloria del Señor brilla sobre ti!
Mira, las tinieblas cubren la tierra,
y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.
Pero la aurora del Señor brillará sobre ti;
¡Sobre ti se manifestará su gloria!
Las naciones serán guiadas por tu luz,
y los reyes, por tu amanecer esplendoroso»
-Isaías 60:1-3-


Por cuanto la segunda parte de Isaías 60 contiene referencias al milenio, adicionalmente algunos ubicaron el cumplimiento de todo este capítulo en tiempos futuros. Pero déjeme preguntarle algo: ¿cubrirán las tinieblas la tierra durante el milenio? Durante el glorioso reinado de Cristo cuando la muerte, el pecado y la aflicción desaparezcan, ¿se cernirá densa oscuridad sobre los pueblos? La verdad es que, aunque la profecía de Isaías ciertamente concluirá en el milenio, comienza durante las últimas horas de esta era.

Claramente, estos tres primeros versículos de Isaías 60 son un claro mandato de Dios para antes del arrebatamiento y antes del milenio. El Señor nos llama no solamente a soportar las tinieblas sino a levantarnos en su gloria manifiesta. La gente puede discutir sobre el momento del arrebatamiento, pero lo que estoy aquí presentando no molesta a ninguna escatología popular. Estoy diciendo que entre el ahora y cualquier escenario que usted crea habrá un tiempo de Gloria en aumento para los verdaderos seguidores de Cristo.

Algunos de nosotros nos sentimos derrotados, otros, cansados y debilitados por la creciente oscuridad en el mundo. Y es precisamente en esta situación en la cual la depresión podría atrapar nuestras almas que se nos manda levantarnos. Arrojar de nosotros la opresión no es precisamente un acto de fe; es un acto de obediencia. Es tiempo de cancelar los planes de ser infelices. ¡Mediante la sangre de Cristo rompemos el pacto con la muerte y las tinieblas y obedecemos la voz de nuestro destino!

Alguien podría argumentar: es que usted no conoce mis dificultades. Escuche cómo traduce el mandato de Dios otra versión de Las Escrituras: « ¡Levántese [de la depresión y la postración en que lo han mantenido las circunstancias, y elévese a una nueva vida]!» (AMP). En este preciso momento, mientras lee estas páginas, nueva vida de la presencia de Dios desciende a su espíritu. ¡Recíbala! ¡Acéptela! ¡Obedézcala!

Como puede ver, el plan de Dios es que, aquí en la tierra, en nosotros, sea revelada la gloria del Señor. La luminosa y radiante luz de su presencia, la que brilló en el rostro de Moisés, la que inundó el templo de Salomón durante su dedicación, la que irradió de la persona de Jesús y envolvió a los discípulos en el monte donde se transfiguró el Señor, esa luz de la presencia de Dios brotará de nuestro interior al final de la era. Esta misma gloria divina aparecerá sobre nosotros en los años previos a la segunda venida del Señor en niveles siempre progresivos de brillantez.

En realidad, esta gran obra de gracia ya comenzó. Somos parte de la expansiva reparación que el Espíritu Santo efectúa. Dios reúne a su pueblo. Aprendemos a humillarnos en arrepentimiento y oración, y descubrimos la amistad y la unidad con otros cristianos. No hay duda que nuestra reconciliación y la superación de las barreras étnicas y denominaciones conllevan una inconmensurable recompensa. A medida que «se levanten todos los valles, y se allanen todos los montes y colinas… se revelará la gloria del Señor, y la verá toda la humanidad» (Isaías 40:4-5).

¡Dios nos está calificando para recibir Su esplendor! ¡Las naciones serán guiadas por su luz, y los reyes, por su amanecer esplendoroso!

sábado, 17 de febrero de 2018

CAMINO DE UN HOMBRE QUE NO TIENE A DIOS

CAMINO DE UN HOMBRE QUE NO TIENE A DIOS
TEXTO BÍBLICO:
Proverbios 14:12 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

12 Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.

Proverbios 14:12 Nueva Versión Internacional (NVI)

12 Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte.

Proverbios 14:12 Traducción en lenguaje actual (TLA)

12 Hay cosas que hacemos que nos parecen correctas, pero que al fin de cuentas nos llevan a la tumba.

INTRODUCCIÓN:
Se define camino como una Serie de acciones o decisiones que alguien realiza en corto, mediano o a lo largo del tiempo.

“Hay cosas que el hombre hace que le parecen, correctas”, y es de esto que en realidad quiero hablarles, muchas personas han tomado decisiones que a la final han traído resultados trágicos en sus vidas por la razón de desobedecer a Dios, ellos consideran su camino derecho.

Consideraremos algunas acciones que desfavorecen al hombre que camina sin Dios.

Caminar sin DIOS, trae consecuencias catastróficas en la vida de aquel que a decidido darle la espalda. Y que ahora camina en el loco camino que lo conduce cada día más al deterioro y al final a la muerte.

I. Consecuencias del hombre que ha decidido su propio camino.
La palabra cosas mencionadas en Proverbios 4.12 “Hay cosas que hacemos” se define como: Disponer, llevar a cabo Transformar, convertir:

A. El hombre que ha elegido su propio camino se a dispuesto a hacer cosas que desagradan a Dios.
Les presento Bíblicamente una lista de las cosas que aborrece DIOS del hombre

Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: (Pro. 6:16)
1) Los ojos altivos.
2) La lengua mentirosa.
2) Las manos derramadoras de sangre inocente.
3) El corazón que maquina pensamientos inicuos, (Pro. 6:17-18a)
La quinta cosa es mencionada en la parte segunda del versículo 18, donde dice:

5) Los pies presurosos para correr al mal, (Pro. 6:18b)
Luego la sexta y la séptima, las encontramos en el versículo 19:
6) El testigo falso que habla mentiras.
7) Y el que siembra discordia entre hermanos. (Pro. 6:19)
Esto es mencionar solo algunas, por eso sería interesante que el hombre se vuelva a DIOS.

B. Dios advierte al hombre sobre la idolatría.
Una de las cosas que el hombre, no ha querido considerar y que lo llevan por el camino loco es la adoración que hacen a otros dioses.

A continuación les presento algunos textos bíblicos de la biblia Reina Valera 1960.

Éxodo 20:4,5
4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5a. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás.

C. El hombre a través del pasar del tiempo cada día se desenfrena más en el pecado.
Y evidentemente Dios hace culpable al hombre, por su pecado dice la palabra del Señor:

En Rom. 1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Ellos actuaron bajo sus criterios personales y en vez de buscar a Dios le dieron la espalda envanecida 1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, se hicieron sabios en su propia opinión, y así se desviaron de la verdad y tomaron otro camino el cual los llevo a hacer cosas perversas. 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades 30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

El hombre no quiere buscar a Dios porque a hecho su propia elección, no quiere reconocer que su camino es de muerte y de perdición eterna.

Hay camino que al hombre le parece derecho
En la actualidad ¿qué camino estas siguiendo?

– El de mentira y la soberbia
– El del engaño y la mentira
– El de las manos que se apresuran a derramar sangre
– El de maquinar pensamientos inicuos
– El de los pies que se apresuran para hacer el mal
– El de las mentiras y calumnias
– El de la discordia
CONCLUSIÓN
Tú que has tomado el camino de la perdición debes saber que tienes que hacer un cambio en tu vida, ese loco camino que has tomado te sumerge cada día al abismo y a las tinieblas la Biblia dice en Juan 14:6Reina-Valera 1960 (RVR1960) 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Tienes que retractarte dice que a lo vil y menospreciado del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios vuélvete de ese camino ancho que lleva a la perdición y entra por el camino 

viernes, 16 de febrero de 2018

¿Por qué necesitamos orar?


¿Por qué necesitamos orar?

¿Acaso no puede Dios arreglar el mundo sin que una persona interceda con insistencia y persistencia?

Dicho de otra forma, una de las preguntas que a menudo me hacen es: “Ya que Dios tiene todo el poder y la autoridad, ¿por qué necesitamos orar? ¿Acaso no conoce Él lo que necesitamos antes de que se lo pidamos?” Después de todo, Mateo 6:8 dice: “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”.

Puede que aquellos de nosotros a quienes nos han enseñado la importancia de la oración a lo largo de nuestra vida, cuestionemos el atrevimiento de una persona que haga tal pregunta. ¿Por qué orar? ¿Por qué simplemente no dejamos nuestras vidas en las manos de un Creador sabio que todo lo sabe y no interferimos en lo absoluto?

De hecho, la oración es a veces un hermoso e incomprensible intercambio. Si nunca antes ha escuchado acerca de la oración, ¿qué pensaría si alguien le dijera que la oración es caminar y hablar con alguien a quien no puede ver y esperar que esa persona lo escuche y se interese en el asunto? ¿Un poco raro, cierto? Pero Dios no solo nos escucha y se interesa en nosotros, ¡Él nos responderá!

Este intercambio divino al que llamamos oración es maravilloso y la mayoría de las personas que se enrolan en la oración creen que Dios ciertamente las está escuchando. A primera vista parece misterioso, sin embargo, para aquellos que tienen fe es tan natural como respirar y, a la vez, supremamente sobrenatural.

¿Alguna vez ha sentido cuando ha orado como si no hubiera nadie escuchando al otro lado? Tal vez incluso llegó a la conclusión de que si hay un Dios que lo está escuchando, por alguna razón desconocida, Él no está interesado en darle una respuesta. Si ese es el caso, ¿por qué continuar orando?


Por supuesto, no somos Dios, ¡ni nadie que esté mentalmente sano quiere su trabajo! Dios ha ordenado que su mundo funcione a través de la oración de fe y nos ha escogido a nosotros para que compartamos con Él en una interacción divina llamada oración.

Como sus hijos, somos sus mayordomos en la tierra, escogidos por su divinidad. Orar, caminar y hablar con nuestro Padre, es esencial en la vida cristiana porque nos recuerda la razón principal por la cual Dios nos creó. Él desea que regresemos a aquello para lo cual nos creó, que recorramos el camino de vuelta al jardín.

Me encantan los jardines y el Edén tuvo que haber sido un lugar espectacular. El Edén fue el primer comando en la tierra. Era desde aquel lugar de belleza y relaciones que Adán y Eva debían cumplir su misión de “fructificarse y multiplicarse; llenar la tierra y sojuzgarla; señorear en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. (Génesis 1:28).

El comentario de este pasaje en la Biblia “Dios creó al hombre para que fuera el agente de su reino, para que liderara y sometiera al resto de la creación, incluyendo las agresivas fuerzas satánicas, que muy pronto se dejarían sentir”.

Esto me conduce a este punto crítico: Sin caminar y hablar con Dios en oración, nunca llenaremos nuestro diseño original y la tierra no podrá tener orden ni fruto.

Dios puso a Adán y a Eva en el Edén, un lugar de magnífico esplendor, los deleitó con mascotas y animales, desde aves hasta boas constrictoras y babuinos, y les permitió caminar y hablar con Él. ¡Eso suena bien! Sin embargo, ellos pecaron y perdieron la relación personal, cara a cara, con su Hacedor. No obstante, Dios nunca abolió su mandato original que expresaba que nosotros seríamos los administradores de su tierra.

La oración cambia el caos en orden, produce paz en medio de la confusión y la destrucción y trae alegría en medio del dolor. Toma aquello con lo que Satanás pretendía dañarnos y lo convierte en algo bueno.

La oración, y la relación que surge entre nosotros y Dios por medio de ella, es la esencia de quiénes somos como creyentes. Nuestra vida sin Dios no tiene significado, poder ni propósito. Ni tampoco la vida de las personas de las naciones de la tierra.

Como creyente, ¿puede concebir uno o más días de su vida sin una conversación con Dios? Ni siquiera un “Dios, ¿por qué me pasó esto?” o “¡Oh Dios, sálvame!” cuando alguien se le atraviesa en el tráfico.

La oración para el cristiano es tan natural como respirar. ¡Es una relación extraordinaria! Oramos (o hablamos con Dios) porque es parte del ADN que sella nuestra constitución genética. Bastante sencillo, fuimos creados para hablar con Dios.

jueves, 15 de febrero de 2018

¿Por qué tanta insistencia con el gozo?


¿Por qué tanta insistencia con el gozo?
El gozo cristiano es el deleite producido por el Espíritu que experimentan todos los que han sido redimidos. Es el estado de satisfacción que proviene de poseer a Dios como nuestro más elevado tesoro.

El llamado al gozo es abrumador en las Sagradas Escrituras. El pueblo de Dios es constantemente y de diversas maneras exhortado a regocijarse. En realidad, el gozo cristiano, lejos de ser una opción, es un deber para todo creyente: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo! Regocijaos!” decía el apóstol (Filipenses 4:3).

En el Antiguo Testamento los profetas y los salmistas hablaron y exhortaron al pueblo a la alegría y es llamativo notar que casi todos los autores de las epístolas hablaron del gozo cristiano. Pablo, Pedro, Juan y Santiago escribieron del tema de distintas maneras.

Incluso nuestro Señor lo enfatizó durante su ministerio terrenal: En la persecución, “Regocijaos y alegraos” (Mateo 5:12); Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros”. (Juan 15:11); nadie os quitará vuestro gozo. (Juan 16:22); regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. (Lucas 10:20) y “entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:23). Más aún, Lucas nos dice en su evangelio que el mismo Jesús se regocijó (Lucas 10:21).

Una cosa es cierta: el gozo ocupa un lugar central para Dios y para su pueblo. Por eso es un llamado recurrente en la Biblia.

Pero ¿por qué? ¿Por qué tanta insistencia con el gozo? ¿Qué hace que el gozo sea tan importante? Creo que por lo menos podemos proponer tres razones del por qué las Escrituras hablan del gozo cristiano con tanta insistencia.



Porque el gozo es la experiencia que mejor se corresponde a la realidad de nuestra salvación y de nuestra comunión con Dios.
El deleite y la alegría son las emociones más congruentes con la realidad de haber sido salvados. El rey David testificaba de su liberación diciendo “has cambiado mi lamento en baile” (Salmos 30:11), el profeta Isaías describía la redención como “un manto de alegría en lugar del espíritu angustiado” (Isaías 61:3). El mismo ángel que anunció a los pastores el nacimiento del Salvador dijo: os traigo buenas nuevas de gran gozo (Lucas 2:10).

Asimismo, el gozo es la realidad que produce la comunión con Dios. Osea, la presencia de Dios es fuente de alegría y deleite. No podemos decir que tenemos comunión con Dios y vivir en una permanente amargura o en una inconsolable tristeza. La monotonía y el aburrimiento no son realidades que describen la toda suficiente presencia de Dios. Por eso el salmista decía “en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre” (Salmos 16:11). Nuestra comunión con Dios en el cielo es descrita por Jesús como entrar al “gozo de tu Señor” (Mateo 25), porque él es y será nuestra única y verdadera satisfacción.

En síntesis, el gozo cristiano es la emoción que describe mejor y le hace justicia a la realidad de haber sido salvados por Cristo y de conocerle.

Porque un cristiano gozoso es la mejor “propaganda” al mensaje del evangelio.
Cuando un creyente está satisfecho en Dios, le está testificando al mundo de Su suficiencia para nosotros. El gozo de un cristiano es un poderoso testimonio a la satisfacción y la plenitud que sólo Cristo puede producir.  Martin Lloyd Jones decía “los cristianos infelices son, para decir lo menos, una pobre recomendación de la fe cristiana” (Depresión espiritual, prefacio MLLJ).

Cuando estamos frente al mundo, y tenemos contentamiento a pesar de la escasez, estamos demostrando que Cristo es nuestro mayor tesoro y que poseerlo es la razón de nuestro gozo. Al regocijarnos en la aflicción estamos presentando una evidencia contundente del valor de Cristo. El genuino gozo cristiano, hace más creíble al mensaje del evangelio. O por lo menos, no le pone tropiezos.

La falta de gozo, que muchas veces se expresa en una falta de entusiasmo, en quejas, insatisfacción, en una frecuente tristeza y una constante amargura, pueden ser de tropiezo para el mensaje del evangelio que precisamente ofrece el gozo de la salvación. ¡Que Dios nos guarde de semejante contradicción!

Porque la falta de gozo puede llevarnos más fácilmente a la decadencia espiritual.
Es decir, la falta de gozo es el trayecto más corto para el pecado. Cuando no nos deleitamos en Cristo, entramos en el peligroso terreno de la búsqueda de un gozo mundano. El escritor de Hebreos hablaba de “gozar de los placeres temporales del pecado” (Hebreos 11:25). El pecado ofrece un gozo, pero es un gozo temporal, engañoso y al final destructivo.

El corazón que no está satisfecho en Dios buscará esa satisfacción en el pecado. Ese es el gran peligro de un cristianismo sin gozo, sin deleite ni satisfacción. La monotonía y la falta de deleite en el caminar cristiano pueden convertirse en la antesala de un pecado y en el comienzo de una vida que no glorifica a Dios.

Es por esta razón, que no debemos tomar la falta de gozo como algo ligero. Debemos ser cuidadosos y sagaces en velar por nuestros corazones.

La constante frustración aun por las cosas más pequeñas, la murmuración, las frecuentes quejas, la falta de contentamiento, son claros indicadores de la falta de gozo cristiano. Cuando se pierde el entusiasmo por congregarse, por leer las escrituras, por el compañerismo con los hermanos y cuando la comunión con Dios ni el servicio ya no nos motivan, entonces debemos alarmarnos. Esos son los peligrosos síntomas de la ausencia de gozo. No podemos tomar esas cosas con ligereza. Debemos despertar.

Cuidemos el corazón. Cuidemos el gozo. Tenemos en Cristo la provisión completa para las más profundas necesidades de nuestro ser. En él tenemos perdón de pecados, la nueva vida, comunión con Dios, el poder para una vida digna y la esperanza de la vida eterna. Tenemos todo lo que necesitamos para estar gozosos.

Tenemos a Cristo. ¡Ánimo!

miércoles, 14 de febrero de 2018

Cinco razones para orar en privado


Cinco razones para orar en privado
Orar en privado es una disciplina necesaria e indispensable para la vida y el crecimiento cristiano. Sin embargo, una disciplina que con frecuencia y ligereza se descuida en la iglesia. Quizá una escaza convicción de nuestra pecaminosidad y de la abundancia de Dios y una débil consciencia de los beneficios que produce la oración privada, son las mayores causas de tan grande descuido.

Un pastor congregacionalista inglés hablaba de “la vida secreta de oración”. Pero ¿por qué es importante orar en privado? ¿Por qué debemos apartarnos a solas para la oración? Aquí algunas razones.

1.  Debemos orar en privado porque Jesús lo mandó. La oración en familia, la oración congregacional, la oración constante que hacemos durante el día y la oración por los alimentos son todas formas importantes de oración, pero no debemos olvidar que la oración privada es un deber. Un mandato que nuestro Señor dejó a sus discípulos mientras enseñaba en el Sermón del Monte. Cuando denunciaba la hipocresía de los fariseos, les dijo “más tu cuando ores, entra en tu aposento y cerrada la puerta ora a tu Padre que está en secreto” (Mateo 6:6). Por lo tanto, descuidar la práctica de la oración privada es desobedecer a un claro mandato de Jesús a su iglesia.  El misionero americano del siglo XVIII David Brainer, en su diario se refirió a sus devociones personales como sus “deberes privados”. Brainer estaba en lo cierto. La oración privada es un deber. Y como cualquier otro mandamiento debemos cumplirlo.

2.  Debemos orar en privado porque nuestro Señor también lo hizo. Es decir, Jesús también practicaba la disciplina de la oración privada. El evangelista nos dice que “él se apartaba a lugares desiertos y oraba” (Lucas 5:16). Desde luego que sorprende, pues aun siendo Dios, Jesús también tomaba tiempo para apartarse y orar al Padre. A ese respecto podemos decir que Jesús oraba porque en su naturaleza humana, él también dependía de Dios y como Hijo, oraba porque disfrutaba de la comunión con Su Padre. Además se nos dice que “Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba” (Marcos 1:35). Incluso la noche que fue arrestado en el huerto de Getsemaní, se apartó de sus discípulos para orar a solas (Mateo 26:36-39; Marco 14:32-35). Si vamos a crecer en semejanza de Cristo, eso implica que debemos ser personas que oran como nuestro Señor. Ser como Jesús incluye depender de Dios y esta dependencia se refleja sobre todo por media la disciplina diaria de la oración privada. Una muestra de esto lo vemos en el apóstol Pedro. Lucas nos dice que mientras estaba en casa de Simón en la ciudad de Jope, “Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta”(Hechos 10:9).

3. Debemos orar en privado porque así minimizamos las distracciones.  Como resultado de esto, al orar en secreto aumentamos nuestra capacidad de enfocarnos en Dios. Orar en privado es la manera más eficaz para librarnos de ser distraídos y así estar más enfocados en el Señor. Por naturaleza, nuestras mentes son frágiles y propensas a la distracción. Cuando oramos, necesitamos apartarnos del bullicio (provocado por los quehaceres, las personas y los afanes de este mundo) para centrar nuestros pensamientos y corazones en Dios. Esto implica dejar de lado cualquier otra actividad y aislarnos a un lugar secreto, sola y exclusivamente para orar.  Marta y María ilustran este contraste. La primera, afanada y turbada con muchas cosas y la segunda escogiendo lo mejor, sentada y escuchando a los pies del Señor (Lucas 10:38-42). El profeta Elías mientras se refugió en la cueva no experimentó a Dios en el viento, ni en el terremoto ni en el fuego, sino en el “silbo apacible y delicado” de Su presencia (1 Reyes 19:12). Así Dios nos visita en la quietud de nuestras devociones privadas. Por eso, para evitar divagar en nuestras mentes, la oración privada nos será de provecho para cultivar una comunión más profunda con el Señor.

4. Debemos orar en privado porque en la privacidad es más fácil abrir nuestros corazones. Es decir, en el secreto es más factible poder expresar nuestras emociones y confesar nuestros pecados. En la oración privada y delante del Señor nos sentimos más en confianza para reconocer nuestras luchas y temores y además para pedir perdón por las acciones, pensamientos y actitudes pecaminosas. En privado es más propicio derramar nuestros corazones delante de Dios. Ana, la madre de Samuel le dijo al sacerdote Elí que mientras oraba, ella derramaba su “alma delante de Dios” (1 Samuel 1:12-15). Asimismo, el rey David exhortaba al pueblo diciendo “derramad vuestro corazón” delante de Dios (Salmo 62:8). Cabe recordar que en ambos casos, Ana y David hablan en un contexto de angustia, amargura y tribulación. Las devociones privadas nos permiten expresar las angustias, los temores y las luchas de nuestro corazón, mejor que cualquier otra disciplina cristiana. Sin embargo esto no descarta la necesidad e importancia de confesar los pecados delante de nuestros hermanos y líderes (Santiago 5:16). Pero quien ha confesado sus pecados ante Dios, no tendrá temor ni vergüenza de confesarlos ante los hombres.

5. Debemos orar en privado porque la oración privada nos ayuda a fortalecer la consciencia de que estamos todo el tiempo delante de Dios. El ejercicio de las devociones personales nos ayuda a cultivar un corazón que está más preocupado por glorificar a Dios antes que ser visto por los hombres. En el mismo Sermón del monte Jesús quiere advertir a sus discípulos en contra de la hipocresía de los fariseos que practican su religión para ser vistos y admirados.  “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres” les dijo (Mateo 6:1). Los ejercicios de piedad como las limosnas, la oración y el ayuno deben ser ofrecidos de corazón a Dios aunque nadie nos vea, porque al final nuestro Padre que ve en lo secreto nos recompensa en público (Mateo 6:6). Jesús quiere que su iglesia esté más enfocada en cultivar una devoción más privada, porque del aspecto público se encarga Dios. La oración que hacemos en secreto robustece nuestro sentido de la omnipresencia divina y esto a su vez producirá santidad e integridad. Jonathan Edwards decía: ¿Cómo es una vida que no ora coherente con una vida santa? Llevar una vida santa, es llevar una vida dedicada a Dios. Pero ¿cómo se conduce una vida semejante que no respeta el deber de la oración?¹