miércoles, 25 de marzo de 2009

CALMANDO LA TEMPESTAD Marcos 4:35-41

El ministerio del Señor se extendía a todas las ciudades. Al otro lado del Mar de Galilea había también una labor que realizar. Concluida la apretada jornada de trabajo, Jesús determinó aprovechar las primeras horas de la noche para cruzar el mar y estar dispuestos en el campo de trabajo a la mañana. Antes de iniciar la travesía despidió las multitudes, lo que significaba haber concluído la enseñanza, respondiendo a las preguntas y sanando a los enfermos.
A la bonanza inicial de la travesía siguó la inquietud del temporal desatado por el viento recio que se levantó de repente. Las olas amenazaban con negar la barca y hacerla zozobrar. Mientras, Jesús, cansado de la jornada, dormía apoyado sobre el cabezal a la popa del barco, como si no tuviera cuidado de la situación que confrontaban. La fe, aunque pequeña de los discípulos, les impulsa a despertar al Maestro y requerir su ayuda.
La autoridad del Creador ordena al viento que cesara en su furia. Cesada la gran causa concluye la consecuencia, restableciéndose todo a una gran bonanza. El Señor cariñosamente hace notar a los suyos que el temor surge por la debilidad de la fe. El milagro orientó el corazón de los discípulos en otra dirección. El miedo al temporal dejó paso al respeto reverente hacia el Señor, de quién podían admirar por su gracia en la calma que gozaban.
Tal vez las tormentas de la vida nos hagan pensar que el Señor se ha dormido dejándonos solos con nuestras circunstancias, como si no escuchase nuestras oraciones, sin embargo debemos saber que Él está con nosotros y comenzar a disfrutar de la paz interior que produce el saber que nuestra vida está e su mano.

Un pensamiento para hoy: " En ti confiarán los que conocen tu nombre. Por cuanto tú, oh Señor, no desamparaste a los que te buscaron". Que Dios os bendiga en este día.

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