martes, 31 de marzo de 2009

La Acedia

Estando preocupado por el nivel espiritual de la Iglesia de hoy día, al leer un libro algo se encendió dentro de mí y creo que este es el problema de hoy y de la tibieza de la Iglesia, lo traslado aquí:
LA ACEDIA
El demonio más peligroso, es el de la Acedia, que desgarra interiormente al cristiano y al hombre. Con sus ataques a los cristianos, comienza a la hora cuarta y no los deja hasta la hora octava. Primero le parece a uno que el sol, si fuera posible, se mueve lentamente y que la duración del día es al menos de cincuenta horas. El cristiano siente necesidad de mirar continuamente por la ventana de su Iglesia, de observar cuidadosamente al sol para comprobar lo lejos que está todavía de la hora nona… Poco a poco va dejando en su corazón un odio al lugar en que se encuentra, a su vida actual, y también al trabajo que realiza… Si el demonio es vencido, entonces no le sigue inmediatamente ningún otro. Un estado de profunda paz y de indecible gozo es el fruto de la lucha victoriosa contra ese demonio.
La acedia es la incapacidad de vivir el momento presente. Uno no tiene ganas ni de trabajar ni de hacer oración. No puede ni siquiera gozar del no hacer nada. Siempre está en otra parte con sus pensamientos. La insatisfacción interior, la incapacidad de disfrutar del momento presente desgarra interiormente a la persona. La acedia es la expresión de la huida de la realidad. El hombre no quiere poner ante sus ojos su propio ser. Por eso tiene que estar constantemente en otra parte con sus pensamientos, hacer otra cosa. Pero será incapaz de hacer nada, de dedicarse realmente a algo o a otra persona. (Hoy dicen que esto es la depresión) yo diría que, es el demonio de la depresión. La acedia es llamada también demonio meridiano, porque aparece al tiempo del mediodía. Esto puede entenderse en sentido figurado, es el demonio de la mitad de la vida. En la mitad de la vida, uno pierde el gusto por lo habitual. El hombre se cuestiona todo. Lo que ha hecho hasta entonces se le hace aburrido y vacío. Tampoco encuentra nada con lo que pudiera comprometerse. Por eso no hace más que ir de una parte a otra, se vuelve cínico, puede criticar todo. Pero en realidad no tiene ganas de nada. El demonio meridiano es un desafío a orientarse de nuevo, a dirigirse de lo exterior a lo interior y a descubrir nuevos valores en su alma, que den sentido a la segunda mitad de su vida. La acedia parece ser también hoy la actitud fundamental de muchos jóvenes. Son incapaces de entregarse a algo, de entusiasmarse por algo. No pueden vivir el momento. Para sentir que viven, tienen que experimentar siempre algo nuevo. Para los violentos, la fuerza bruta, el que es incapaz de vivir, vivirá a costa de otros. Según el diccionario acedia es: pereza, agrio, desazón interior, en latín en el original significa postración, disgusto.
Dos consejos para combatirla; el uno se refiere a la mansedumbre. Hemos de estar decididos a permanecer en nuestra Iglesia y aguantar lo que allí sucede en nuestro interior, acepta lo que te trae la acedia, si yo mantengo mi intranquilidad interior y la miro atentamente, puedo tal vez descubrir lo que se agita en ella. Entonces veo que tiene también un sentido. La intranquilidad me hace ver mi impotencia y llevarme a Dios buscando su descanso.
El segundo consejo; es la oración, es bueno dividir, con lágrimas, nuestra alma en dos partes: una que nos anima u otra a la que hay que animar. Salmo 42:5 y 11; 43:5
Salmo 42:5 y 11: ¿Por qué te abates, OH alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Este verso se repite tres veces casi seguidas con las mismas palabras, los salmos 42 y 43 constituyen juntos un solo poema de tres estrofas, es un cántico de devoción. La versión internacional dice así: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! Del Hebreo original dice así: ¿Por qué te abates, OH alma mía, y te conturbas sobre mí? Ten esperanza en Dios, pues aún lo alabaré por las salvaciones que vienen de su providencia. Y en la versión de lenguaje actual: ¡Pero no hay razón para que me inquiete! ¡No hay razón para que me preocupe! ¡Pondré mi confianza en Dios mi salvador! ¡Sólo a Él alabaré! Lo he escrito en varias versiones para no perder ni una J de lo que esta diciendo la palabra de Dios.
Contra cualquier pensamiento que pueda hacernos daño y alejarnos de la libertad, del amor y de la vida, lo contrarrestamos con las palabras de Dios, que irán cambiando poco a poco nuestros sentimientos y nos ponen en contacto con lo positivo, con el Espíritu Santo que actúa ya en nosotros.
A todo pensamiento, pregúntale y dile: ¿Eres uno de los nuestros, o de nuestros enemigos? Y si es de casa se llenará de paz, pero si es de los demonios, te turbará con rabia. Pero no los dejaremos entrar, sino los echaremos con la palabra de Dios y si se hallan ya en nuestra casa, hemos de arrojarlos con la palabra de Dios y el nombre de Jesucristo. Tenemos que empezar por nuestros pensamientos y hacerlos conformes con el Espíritu de Dios.
Creo que tendríamos que echar a este demonio, porque cuando se descubre cual es el problema o se descubre cual es el demonio entonces ya esta vencido.

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