martes, 3 de marzo de 2009

“Porque yo Jehová no cambio.”



“Porque yo Jehová no cambio.”
Malaquías 3: 6

No me gusta los cambios, ni me gustan las sorpresas. Yo deseo que todo sea hecho con decencia y en orden. La predictibilidad está sólo debajo de la piedad en mi lista. El problema es, que yo vivo en un mundo muy difícil de predictar — y usted también.

Sin embargo, desde que yo era un niño, yo sabía que las cosas no eran como deberían de ser. La injusticia me rodeaba, pero me sentía impotente de hacer algo sobre ello. Por lo consiguiente, durante mi adolescencia, me hice un campeon de causas, defendiendo al desvalido en cada oportunidad y buscaba cualquier excusa para pontificar y exigir justicia para alguien.

Sin embargo nada de eso hizo nada bueno. Reconocí el problema pero yo no conocía al Solucionista del problema. Yo podía ver la injusticia, pero no tenía ninguna relación con el justo Juez. Yo deseaba que la gente fuera tratada con justicia e igualdad pero erróneamente creí que los seres humanos injustos y desiguales podrían dispensar tal tratamiento.

Para ser sincero, estoy preocupado por la gente que está satisfecha por el status quo, quién no ve la necesidad de igualdad y justicia — aun si ellos no saben hacer esto. Si tenemos compasión en absoluto, nosotros debemos mirar a nuestro alrededor y ver el dolor y el sufrimiento de otros y desear "cambiar" esas cosas para corregirlas.

Pero sólo Dios puede hacer esto. Sólo Dios es bueno en todo el tiempo. Sólo Dios tiene razón. Sólo Dios es perfecto todo el tiempo. Nosotros no lo somos. Lo que vemos alrededor de nosotros que tiene que cambiar no son la circunstancias, pero la naturaleza humana, naturaleza de pecado, naturaleza caída, toda aquella mentalidad de primero-yo que está tan profundamente arraigada dentro de cada uno de nosotros. Quizás por eso, en un nivel personal, resisto el cambio y me agarro a la predictibilidad y a la familiaridad. Duele tener que cambiar. El verdadero cambio significa que debo de dejar de ser quién soy, y quién he llegado a ser durante muchos años y décadas de andar sobre esta tierra, quien soy yo que es lo opuesto de cómo fui cread para llegar a ser.

Juan el Bautista reconoció que él tenía que cambiarse declarando que él debía disminuirse y la vida de Jesús crecer dentro de él. ¿Por qué? Porque Jesús es perfecto; Juan no lo era. Y nosotros tampoco lo somos. Tenemos que "cambiarnos diariamente" para poder ser más como Él quién es perfecto y por lo tanto es el único quién no tiene que cambiarse. Si ese proceso de cambio es doloroso para nosotros, que así sea. La Cruz no era ningún picnic, pero Jesús con mucho gusto sufrió y murió para que nosotros pidiéramos abrirle nuestros corazones y dejarlo a Él cambiarnos al revés. Porque, mis queridos amigos, ese es el único modo que el cambio verdadero y durable ocurre.

Si disfrutamos de un estilo de vida predectible o preferimos “volar por el asiento de nuestros pantalones,” nunca veremos el verdadero cambio de este mundo hasta que permitamos que ese cambio comience y continúe diariamente en nosotros. Que nuestro objetivo sea hacernos más como el Dios perfecto e inalterable que servimos — y que otros puedan acercarse más a Su semejanza mientras al mismo tiempo vean también la buena voluntad de cambiar la irradiación de nuestras vidas.





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