jueves, 16 de abril de 2009

Unción de David


1 Samuel 16 -

CAPÍTULO 16
Versículos 1-5. Samuel enviado a Belén a Isaí. 6-13. Unción de David. 14-23. Saúl perturbado por un espíritu malo, y calmado por David.

Vv. 1-5.Se ve que Saúl se había puesto muy mal. ¿De qué no sería culpable si pensó matar a Samuel? Los ancianos de Belén temblaron ante la llegada de Samuel. Nos conviene reverenciar a los mensajeros de Dios y temblar ante su palabra. Su respuesta fue: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová. Cuando nuestro Señor Jesús vino al mundo, aunque los hombres tenían razón para temer que su misión era condenar al mundo, dio, no obstante, toda la seguridad de que vino en paz, pues vino a ofrecer sacrificio y trajo consigo su ofrenda: Me preparaste cuerpo. Santifiquémonos y confiemos en su sacrificio.

Vv. 6-13.Era raro que Samuel, que se había decepcionado tanto de Saúl, cuyo rostro y estatura le recomendaban, juzgara a otro hombre por su aspecto exterior. Podemos decir cómo se ven los hombres, pero Dios puede decir lo que son . Él juzga a los hombres por el corazón. A menudo nos formamos un juicio errado de un personaje, pero el Señor valora solamente la fe, el temor y el amor plantados en el corazón, por sobre el discernimiento humano. Dios no favorece a nuestros hijos conforme a nuestra parcialidad afectiva; frecuentemente, honra y bendice a los que han sido menos considerados.
Al final, fue nombrado David. Él era el hijo menor de Isaí; su nombre significa Amado; era tipo del amado Hijo de Dios. Parecía que David era el menos dotado de todos los hijos de Isaí. Pero el Espíritu del Señor descendió sobre él desde ese día en adelante. Su unción no fue una ceremonia vacía; un poder divino vino con esa señal instituida; él se halló de pronto con gran sabiduría y valor, con todas las capacidades de un príncipe, aunque su desarrollo no lo debía a circunstancias externas. Esto le confirmaba que su elección era de Dios. La mejor evidencia de ser predestinado al reino de la gloria es el ser sellado con el Espíritu de la promesa y experimentar una obra de gracia en el corazón.

Vv. 14-23.Saúl se aterroriza de sí mismo. El Espíritu del Señor se fue de él. Si Dios y su gracia no nos gobiernan, el pecado y Satanás tomarán posesión de nosotros. El diablo, por permisión divina, perturbó y aterró a Saúl por los humores corruptos de su cuerpo y las pasiones de su mente. Se puso temeroso, beligerante, descontento y, a veces, loco. Es una lástima que la música, que puede ser útil para el buen genio de la mente, sea siempre mal usada para respaldar la vanidad y la lujuria y sea ocasión para alejar el corazón de Dios y de las cosas serias. Eso es alejar al Espíritu bueno, no al malo. La música, las diversiones, la compañía o los negocios han sido empleados por un tiempo para aquietar la conciencia herida; pero nada puede efectuar una cura real, sino la sangre de Cristo aplicada con fe y el Espíritu santificador que sella el perdón, por su santa consolación. Todos los demás planes para disipar la melancolía religiosa, lo que harán con certeza es acrecentar el malestar sea en este mundo o en el próximo.

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