sábado, 18 de abril de 2009

Saúl procura matar a David


CAPÍTULO 18
Versículos 1-5. La amistad de Jonatán y David. 6-11. Saúl procura matar a David. 12-30. El temor de Saúl ante David.

Vv. 1-5.La amistad de David y Jonatán era efecto de la gracia divina que produce en los creyentes verdaderos un corazón y alma, y hace que se amen unos a otros. Esta unión de almas viene de la comunión con el Espíritu de Cristo. Donde Dios une los corazones, los asuntos carnales son demasiado débiles para separarlos. Los que aman a Cristo como a su alma están dispuestos a unirse a Él en un pacto eterno. Ciertamente fue una gran prueba del poder de la gracia de Dios en David, que él pudiera soportar todo este respeto y honor sin enaltecerse en forma desmedida.

Vv. 6-11.Los problemas de David no sólo siguen inmediatamente a sus triunfos, sino surgen de ellos; tal es la vanidad de lo que parece más grandioso en este mundo. Señal de que el Espíritu de Dios se ha ido de los hombres, es que ellos, como Saúl, son irritables, envidiosos, desconfiados y de mal genio. Compárese a David, con su arpa en la mano, procurando servir a Saúl, y a éste con la lanza en la mano procurando matar a David; obsérvese la dulzura y utilidad del pueblo de Dios perseguido y la inhumanidad de sus perseguidores. Pero la seguridad de David debe atribuirse a la providencia de Dios.

Vv. 12-30.Por largo tiempo David fue mantenido en continua aprehensión de caer por la mano de Saúl, pero perseveró en su conducta mansa y respetuosa hacia su perseguidor. ¡Cuán poco corriente son tanta prudencia y discreción, especialmente cuando hay insultos y provocaciones! Averigüemos si imitamos esta parte del personaje ejemplar puesto ante nosotros. ¿Nos estamos conduciendo prudentemente en todos nuestros caminos? ¿No hay omisión pecadora, ni rudeza de espíritu, ni nada malo en nuestra conducta? La oposición y la perversidad de los demás no será excusa para nuestro mal temperamento; más bien deben aumentar nuestro cuidado, y la atención a los deberes de nuestra posición.
Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar, Hebreos xii, 3. Si David magnificó el honor de ser el yerno del rey Saúl, ¡cuánto debiéramos nosotros magnificar la honra de ser hijos del Rey de reyes!

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