viernes, 24 de abril de 2009

David perdona la vida a Saúl


1 Samuel 24 -

CAPÍTULO 24
Versículos 1-7. David perdona la vida a Saúl. 8-15. David demuestra su inocencia. 16-22. Saúl reconoce su falta.

Vv. 1-7.Dios entregó a Saúl en las manos de David. Era una oportunidad dada a David para ejercer fe y paciencia. Se le había prometido el reino, pero no tenía orden de matar al rey. Razona firmemente consigo mismo y con sus hombres en contra de hacer algún daño a Saúl. El pecado es algo que nos debe causar sobresalto, y tenemos que resistir las tentaciones para pecar. David no sólo consideraría esto malo para sí; tampoco toleraría que los suyos lo hicieran. Así, devolvió bien por mal a aquel del quien recibió mal por bien; de esa manera, sentó el ejemplo para todos los que se dicen cristianos, de no dejarse vencer por el mal, sino vencer el mal con el bien.

Vv. 8-15.David fue acusado falsamente de que procuraba el mal de Saúl; le demuestra a Saúl que la providencia de Dios le había dado la oportunidad de hacerlo. Y fue con un buen principio que se negó a hacerlo. Declara su decidida resolución de no ser jamás su propio vengador. Si los hombres nos hacen mal, Dios nos hará el bien al máximo en el juicio del gran día.

Vv. 16-22.Saúl habla totalmente vencido por la bondad de David. Muchos se lamentan de sus pecados sin arrepentirse verdaderamente de ellos; lloran amargamente por ellos, pero siguen enamorados de ellos, y ligados a ellos.
Ahora Dios cumplió a David la palabra con que le había hecho tener esperanzas de que sacaría a relucir su justicia como la luz, Salmo 36, 6. Quienes se cuidan de mantener una conciencia buena, pueden dejar que Dios les dé el crédito por ella. Tarde o temprano Dios forzará hasta a aquellos que son de la sinagoga de Satanás a que conozcan y acepten a quienes Él ha amado. Ellos se separaron en paz.
Saúl se fue a casa convicto, pero no convertido; avergonzado de su envidia por David, pero reteniendo en su pecho esa raíz de amargura; irritado de que cuando, por fin había hallado a David, no tuvo su corazón para destruirlo, como se había propuesto. El rencor parece frecuentemente muerto cuando sólo está dormido, y revivirá con fuerza doble. Pero sea que el Señor ate las manos de los hombres o afecte a sus corazones, de modo que no nos hieran, la liberación es por igual suya; es prueba de su amor y anticipo de nuestra salvación y debe hacernos agradecidos.

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