jueves, 30 de abril de 2009

Evangelismo

Trata de levantarte cada mañana diciéndole a Dios: "Mi vida está en tus manos, Dios. Úsame para guiar a alguien hacia ti en este día. Prometo colaborar de la mejor manera. Si quieres que diga una palabra por ti hoy, lo haré. Si quieres que me quede quieto pero muestre amor y disposición al servicio, por el poder de tu Espíritu así lo haré. Hoy estoy disponible por completo para ti, así que guíame por tu Espíritu". A veces el resultado de pronunciar una oración así es que el Espíritu me permite tener una conversación espiritual que habla de un Dios amante y justo, creador de todas las cosas, que tiene un propósito en la mente para todas las personas y espera relacionarse con ellos en el trascurso de la vida. Otras veces el Espíritu sencillamente me impulsa a servir, amar y escuchar las necesidades de aquellos que están alejados de Dios. Mi objetivo no es lograr maneras de hacer que alguien se salve, sino que es; caminar cuando Él me dice que camine, hablar cuando me dice que hable, permanecer callado cuando corro el riesgo de decir demasiado y quedarme quieto cuando me guía a hacerlo. Si puedo apoyar la cabeza en la almohada en la noche sabiendo que he cooperado con las indicaciones del Espíritu ese día, duermo como un lirón. (Gálatas 5:25) “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Cuando me relaciono de una manera saludable con Jesús hay una vitalidad y cierta accesibilidad en mí espíritu hacia los mensajes de su Espíritu manteniendo un oído atento su susurro. El Espíritu Santo estropeará más de una vez tus lindos métodos de evangelismo (Hechos 16:6,7). Jesús tenía la capacidad de ver más allá de los defectos evidentes en la vida de las personas y vislumbrar en qué podían llegar a convertirse si se liberaba el poder de Dios en sus vidas. Jesús veía a una adoradora piadosa vestida como una prostituta desgastada, al discípulo fiel dentro de un pescador llamado Simón, al filántropo oculto en la vida de un cobrador de impuestos. Ver lo que nadie más podía ver en las personas. Todas las cosas son posibles, Él eligió ver más allá de la superficie y contemplar lo que podía llegar a ser una posibilidad. Me imagino a Jesús poniendo sus sueños en palabras que resultan cautivadoras para mí: “¿Sabes? Sueño con que un día los sitios de adoración estén llenos de gente que permanezca toda la noche preocupada por los seres humanos que mi Padre creó. A quienes les preocupen tanto los cuerpos enfermos como las almas heridas, los futuros sin esperanza y la eternidad en el infierno. Sueño con el día en que aquellos que se reúnen en mi nombre estén tan llenos del amor del Padre que salgan y derramen ese amor sobre los demás, y extiendan manos de sanidad hacia las manos enfermas, orando, acompañándolos y alentándolos a caminar en plenitud de vida. Sueño con centros de adoración llenos de personas que amen sin condiciones, que se concentren en los de fuera y que transmitan el mensaje de Cristo. Esos son mis sueños”. Y me pregunto: ¿También tú sueñas con esto?.


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