miércoles, 20 de mayo de 2009

La Santidad de Dios


La Santidad de Dios



Mucha gente asiste a la iglesia el Domingo de Resurrección como primera o segunda vez en el año (también asisten en la Navidad). Al parecer, existe algo positivo, algo estimulante y de ayuda en esta fecha. Está el énfasis de la resurrección de Cristo y la esperanza para todos los hombres, aunque para los no creyentes, esta esperanza no tiene fundamento. La crucifixión de Cristo comenzó como una celebración festiva, como una…


victoria sobre Sus opositores y una derrota asombrosa por Cristo. Pero a medida que los eventos que condujeron a la muerte de nuestro Señor se manifestaron, todo cambió. La muchedumbre se atemorizó con lo que vieron y quedó estremecida: “Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho” (Lucas 23:48). Después que nuestro Señor se levantó de los muertos y ascendió al Padre, los discípulos comenzaron a proclamarle como el Mesías prometido y como el Señor resucitado (ver Hechos 2:22-36; 3:11-26). Esto provocó una gran consternación en aquellos que creyeron que lo habían silenciado para siempre (ver Hechos 4:1-2). Para el cristiano, la resurrección de nuestro Señor de la tumba, es una verdad que consuela y que también debería inspirar reverencia y asombro, pues la resurrección de Cristo de los muertos, es una prueba de Su santidad. Pero esta misma resurrección debería infundir una clase de temor diferente en los corazones de quienes lo han rechazado, pues cuando Él regrese a la tierra, derrotará a Sus enemigos. Si ellos verdaderamente comprendieran todo lo que la resurrección implica, ésta no debería consolar a los no creyentes. Sin embargo, puede motivarlos a arrepentirse y a dirigirse a Él para recibir el perdón de los pecados y la vida eterna, así como lo fue para miles en el día de Pentecostés (ver Hechos 2:37-42). De la misma manera como estudiamos la santidad de Dios y del Hijo de Dios (sin olvidarnos del Espíritu Santo de Dios), consideremos la respuesta que esta verdad produce en nuestras vidas en la medida que busquemos adorarle y servirle. La Importancia de la Santidad de Dios En la medida que nos acercamos al tema de la santidad de Dios, recordemos la importancia de este atributo divino. R.C. Sproul hace esta observación basándose en Isaías 6:
«La Biblia dice que Dios es santo, santo, santo No dice que Dios es simplemente santo, ni siquiera santo, santo. Él es santo, santo, santo. La Biblia nunca dice que Dios es amor, amor, amor o misericordia, misericordia, misericordia o ira, ira, ira o justicia, justicia, justicia. Dice que Él es santo, santo, santo y que toda la tierra esta llena de Su gloria».[1] Definición de la Santidad
El término „santo‟, con frecuencia se comprende más bien en su uso contemporáneo más que en el verdadero significado, según las Escrituras. Por esta razón, nuestro estudio debe comenzar con la revisión de varias dimensiones de la definición de santidad: (1) Ser santo es ser distinto, separado en la categoría de uno mismo. Como lo expresa Sproul:
«El primer significado de santo es „separado‟. Viene de la antigua palabra cuyo significado era: „cortar‟, o „separar‟. Tal vez la frase „cortar sobre algo‟, sería más precisa. Cuando encontramos una prenda de vestir u otra mercadería que es superior, que tiene una excelencia superior, usamos la expresión que este articulo „está cortado sobre el resto‟».[2] Esto significa que quien es santo, es santo en sí mismo, sin rivales o competencia

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