viernes, 29 de mayo de 2009

EN QUE SE MUESTRA CÓMO TERMINAR EL DÍA CON DIOS



EN QUE SE MUESTRA CÓMO TERMINAR EL DÍA CON DIOS

«En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo Tú, Jehová, me haces vivir confiado.» (Salmo 4:8)

Esto puede ser entendido, de modo figurado, del reposo del alma en la seguridad de la gracia de Dios, o literalmente, del reposo del cuerpo bajo la protección de la providencia. Me gusta dar amplitud a la interpretación de la Escritura y, por tanto, creo que las dos son válidas.


El salmista, después de haber dado preferencia al favor de Dios sobre todo otro bien, hecha su elección y tomada su porción, expresa aquí su complacencia en lo que ha decidido, en tanto que ve a muchos inquietos e inquiriendo constantemente: ¿Quién nos mostrará el bien? David sigue diciéndose: «Estos se preocupan de cosas vanas. En tanto, Él se halla en completa paz y seguridad; ha tomado su parte con la voluntad divina, y el Señor mostrará la luz de su rostro a los suyos; ningún bien, aparte del favor de Dios, puede servirnos de nada, pero basta con él, sin necesidad de las sonrisas del mundo. La luna y las estrellas, con todos los fuegos y velas encendidos en el mundo, no hacen que sea de día si no da el sol, pero el sol se basta, sin necesidad de los otros. Los santos en todas partes están de acuerdo con los sentimientos que expresa David. No hallando descanso en parte alguna, la paloma del arca regresó a la misma arca: éste es el tipo de Cristo, volviendo a su descanso, porque éste es el significado del nombre Noé: descanso. «Recobra, ¡oh, alma mía!, tu calma.» (Salmo 116:7.)
Si Dios levanta la luz de su rostro sobre nosotros, al llenarnos de su santo gozo, nos pone su contento en el corazón, más que los que tienen abundancia de mosto y de grano (versículo 7); Él nos lleva a un santo descanso, y ahora me acostaré y dormiré. Dios es mi Dios y yo me siento complacido, satisfecho, no busco más, no deseo más, estoy seguro, y estoy confiado: cuando ando a la luz del Señor no necesito nada, no temo nada, no me falta nada, no tengo aprensión de ningún peligro. El Señor es mi sol y mi escudo; un sol que ilumina y conforta, un escudo que protege y defiende.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada