lunes, 11 de mayo de 2009

Gedeón 2ª parte


El cambio que se produjo en Gedeón se expresa en la tremenda diferencia entre el versículo 13, que todavía registra su queja: “¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado?... Y ahora Jehová nos ha desamparado”, y el versículo 15, donde Gedeón pregunta… "¿Con qué salvaré yo a Israel?”. Ese “con qué” muestra que Gedeón aún no estaba convencido del hecho que era Dios mismo quien le hablaba. Reconocía su propia pobreza y debilidad: “He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre” ¿No pasa lo mismo con nosotros? No estamos compenetrados del hecho que es el Omnipotente el que nos habla mediante su palabra. Si creyéramos “seriamos más que vencedores” (Romanos 8:37). Faltaba que aconteciera una cosa en la vida de Gedeón: La unión de su impotencia con la ilimitada omnipotencia del Señor, que fue establecida mediante su promesa: “Ciertamente yo estaré contigo…” (V16). Pero atento a lo que dice seguidamente: “…Y derrotarás a los Madianitas como a un solo hombre”. Tenemos en el mundo invisible un número enorme de enemigos, alrededor de nosotros y también en nosotros, la atmósfera impía, el mundo, incredulidad, nuestra carne, etc. Pero si el Señor está contigo y conmigo, todos esos enemigos se reducen a un solo enemigo: Satanás. Y este ya ha sido vencido por Jesucristo en la cruz del Gólgota, por el mismo Señor que desea estar contigo a partir de este momento. Quien, pues, quiere permitir hoy, en esta avanzada época del fin, que el Señor le llame como “Gedeón”, será invencible, pues podrá decir juntamente con el salmista: “Vendré con los hechos poderosos de Dios el Señor” (Salmo 71: 16ª). Jueces 6:17-21: Aunque esto no le basto, Gedeón carecía de reserva de fe. Por esto, pidió una señal visible de parte del Señor: “Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, des señal de que tú has hablado conmigo” (V17).La primera señal demandada por Gedeón es de naturaleza profética. Jueces 6:18 Y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti” pero Gedeón vuelve con una ofrenda de cereal que es defectuosa, que no corresponde a las reglas de la ley y que muestra su ignorancia, pues había sido criado en la atmósfera del culto a Baal. Primero él prepara algo que ni siquiera forma parte de la ofrenda de cereal, sino que estaba excluido de ella. Pues la ley acerca de la ofrenda de cereal descrita en Levítico 2, no exige ningún animal, no se necesitaba ningún sacrificio vicario, y tampoco sangre que fuera derramada. (Levítico 2:1 y 5) “Lo expresa claramente”. Sin embargo, Gedeón toma un cabrito y lo inmola. Era su confesión de pecado: la levadura es símbolo del pecado. Como era sin sangre, la ofrenda de cereal señala hacia la vida santa del Señor Jesucristo. Gedeón pues, en ese momento quiere sacrificar su ofrenda de cereal, pero también un cabrito, un sustituto. Aquí vemos, por primera vez en la biblia, la unión de una ofrenda por el pecado con una ofrenda de cereal: (V19) “Y entrando Gedeón, preparo un cabrito, y panes sin levadura” Por eso también aquella petición de Gedeón del Versículo 18. En otras palabras, él preguntaba: ¿Señor, no te alejarás si te traigo mi deseo de tener una vida sin levadura, una vida santificada, confesándote simultáneamente mi culpa mediante el cabrito muerto, el sustituto?”. Y sucede entonces lo maravilloso; El Señor acepta esa ofrenda, diciéndole: “Yo estaré hasta que vuelvas” Así sigue actuando el Señor hoy día. El, que es santo, sin levadura, sin pecado se identifica contigo, con el impuro. (V21) “Y extendiendo el ángel el báculo que tenía en su mano, toco con la punta la carne (lo pecaminoso) y los panes sin levadura (lo impecable)” Aquí dos se vuelven uno, el Señor y Gedeón, y sobre los dos pasa el fuego del juicio divino (V21b). “Aquí nos es representado proféticamente ese maravilloso secreto, “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20). Yo el pecador, juntamente con Aquél que no conoce pecado, en un mismo juicio. Estas cosas suceden en Gedeón antes de que él cumpliera con su vocación, y tiene que suceder en la vida de cada uno antes de poder cumplir su vocación. “Si quieres, puedes limpiarme” (Marcos 1:40). Nadie hubiera tenido el coraje de tocar a un leproso, pues existía el peligro de ser contagiado. Pero el puro, el santo, El que fue conmovido interiormente con misericordia, extendió su mano y tocó al hombre leproso, diciéndole: “Quiero, sé limpio” (Marcos 1:41) ¡Y fue limpio! Aquí vemos, el más profundo sentido del efecto del Gólgota: el que ha perecido como pecador en su propio ser, en el fuego del juicio sobre el Gólgota, juntamente con Jesucristo que no conoció pecado, llega a ser un Gedeón vocacionado.

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