martes, 12 de mayo de 2009

INMUTABILIDAD DE DIOS


INMUTABILIDAD DE DIOS3 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Al igual que el escritor a los Hebreos, Santiago escribe a aquellos que están sufriendo por su fe. Les instruye que deben regocijarse cuando se ven envueltos en problemas, sabiendo que eso está divinamente establecido para reforzar nuestra fe, al generar paciencia (Santiago 1:2-4; comparar con Romanos 5:3-5). Si carecemos de sabiduría para saber cómo responder a los desafíos de la vida, sólo debemos pedírsela a Dios. No debemos nadar en la duda, pues en este caso seríamos personas inestables integralmente (versículos 6-8). Quienes perseveran en los desafíos, una vez que estos hayan pasado, recibirán la corona de la vida (versículo 12). Mientras Dios nos prueba con los desafíos y tribulaciones, Él nunca nos tienta a caer en el pecado. Esa tentación viene de otra fuente. Tanto el mundo como el diablo, ciertamente se proponen alejarnos de Dios; pero también debemos ver dentro de nosotros mismos para encontrar una explicación a nuestros pecados. Un hombre que es tentado, después sus pecados lo tientan, porque ha dado rienda a sus propias lujurias. Ciertamente no debemos culpar a Dios (versículos 13-15). Dios no es la fuente del mall, sino la fuente de todo lo bueno. Todo lo bueno viene de Dios, como un don. Dios es un don. Sólo las cosas buenas tienen su origen en Dios. Él es inmutable; podemos decir que esto es una regla y que no hay excepciones la regla. El Dios que es bueno y la fuente de todo eso que es bueno, es consecuentemente bueno para quienes son Suyos (versículo 17; ver también Romanos 8:28).
En estos cuatro textos, dos de los cuales vienen del Antiguo Testamente y dos del Nuevo, vemos que la inmutabilidad de Dios es enseñada claramente en la Biblia y que es una verdad
intensamente práctica. Antes de considerar las implicaciones prácticas de la inmutabilidad de Dios, veamos brevemente dos circunstancias en las cuales se podría concluir erróneamente que Dios no es inmutable. Varias veces, las Escrituras hablan que Dios „se arrepiente‟ o que „cambia de parecer‟ (ver Génesis 6:5-6; Éxodo 32:14; Jonás 3:10; 2 Samuel 24:16). ¿Creen ustedes que estos textos restan nuestra confianza en la inmutabilidad de Dios? ¡Por cierto que no! Primero, debemos aclarar el significado de „inmutabilidad‟. La inmutabilidad se aplica a la naturaleza de Dios. Él es siempre Dios y Él es siempre poderoso. Dios nunca dejará de cumplir Su voluntad por causa a un cambio en Su poder para cumplir Sus propósitos. Segundo, Dios es inmutable con respecto a su carácter o atributos: «…Dios es inmutable en Sus atributos. Cualquiera hayan sido los atributos de Dios antes que el universo fuera llamado a existir, son exactamente los mismos hoy y serán para siempre. Necesariamente, pues son la perfección misma, las cualidades esenciales de Su ser. Semper idem (siempre los mismos) está escrito en cada uno de ellos. Su poder es imbatible, Su sabiduría no puede disminuir, Su santidad es inmaculada: Los atributos de Dios no pueden cambiar más que si la deidad dejara de ser. Su veracidad es inmutable, pues Su Palabra “permanece en los cielos” (Salmo 119). Su amor es eterno: “Con amor eterno te he amado” (Jeremías 31:3) y: “…como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 131).
Su misericordia no cesa, pues es “eterna” (Salmo 100:5)»[1] Cuando Jonás protestó por el trato que Dios le daba a nos ninivitas, declaró claramente que Dios no estaba actuando inconsecuentemente con Su carácter, sino más bien Él estaba actuando previsiblemente. Jonás intentó huir de la presencia de Dios en un intento inútil para impedir que Dios actuara consecuentemente con Su carácter. “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal” (Jonás 4:1-2). Cuando Dios “se arrepintió del mal que había declarado que le haría a los ninivitas”, Dios no sólo estaba actuando consecuentemente con Su carácter. También estaba actuando consecuentemente con Su Palabra: “En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles” (Jeremías 18:7-8). Esta esperanza fue la que hizo que el rey de Nínive se arrepintiera, junto con el resto de la ciudad (Jonás 3:5-9). Las acciones de Dios son predecibles porque Él es inmutable. Esta era la esperanza del arrepentimiento del rey de Nínive y el temor del profeta de corazón pagano, Jonás.

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