sábado, 13 de septiembre de 2014

Filipenses 2:16b-18

Filipenses 2:16b-18


Así en el día de Cristo me sentiré satisfecho de no haber corrido ni trabajado en vano.  Y aunque mi vida fuera derramada sobre el sacrificio y servicio que proceden de su fe, me alegro y comparto con todos ustedes mi alegría.  Así también ustedes, alégrense y compartan su alegría conmigo.



El sentimiento de completar algo es increíble.  Terminar de leer un libro.  Arreglar algo que no funcionaba.  Completar un trabajo o asignación.  Terminar una carrera.  Nos llena de satisfacción el sentimiento de haber trabajado y ver el resultado.  Debemos tener esto presente en nuestra vida espiritual.  El trabajo terminará.  Habrá un día que serás llamado y podrás ver el resultado de toda una vida de trabajo.  No te desanimes por lo que estás atravesando hoy.  No frenes ni te eches para atrás.  Sigue adelante.  Confía en el Señor.  Él te está preparando y moldeando conforme al corazón de Cristo.  Sé que es difícil.  Sé que no entiendes el por qué de las cosas.  Créeme.  Él sí sabe el por qué.  Ahora, no siempre tenemos que esperar a la muerte para poder gozarnos en el trabajo que Dios hizo en nosotros aquí.  Nos dice Pablo: así también ustedes alégrense y compartan su alegría conmigo.  Debemos aprender a disfrutar lo que Dios hace hoy aquí.  Piensa en dónde estarías hoy si no fuera por Jesús.  Ahora, comparte tu testimonio y alégrate de lo que el Señor ha hecho en tu vida.  Conviértete en un canal que lleve alegría a los demás al abrir tu corazón y tus experiencias sobre lo que Jehová ha hecho en ti.
No todas nuestras experiencias tienen que tener “final feliz”.  Hay personas que han perdido seres queridos y su relación con el Señor se fortaleció.  Claro que extrañan a esa persona, pero hoy entienden lo que ayer no entendían, hoy consuelan a los que ayer no consolaban y hoy aman a los que antes no amaban.  ¿Lo puedes ver?  Cada “trabajo completado” en Cristo es motivo para alegrarnos y gozarnos.  Cada escalón que subimos.  Cada prueba.  Cada momento de incertidumbre que decidimos seguir por el camino del Señor.  Toda esa preparación tendrá un momento en el que termine y podrás disfrutar los resultados.  Gócense en las pruebas nos dice el evangelio.  ¡Alégrense cuando las cosas están bien o mal!  ¿Cómo es posible esto?  Porque la alegría no proviene de lo que hay o no hay sino de Dios.  Proviene de la fe y la esperanza que tenemos en que todo lo que sucede es para nuestro bien.  Proviene de la certeza que tenemos que el Señor es con nosotros y por consecuencia quién contra nosotros.
No sé cómo te sientes el día de hoy.  Tal vez ha sido una semana difícil o incluso llevas algunos meses así.  ¡Alégrate!  No porque las cosas vayan a cambiar ni se vaya a solucionar todo.  Alégrate porque al seguir al Señor ya has ganado.  Recuerda que nuestro Dios tiene que transformarnos y muchas veces es necesario que nos den ciertos “martillazos” para tomar la forma correcta.  Pide sabiduría a Aquél que la da en abundancia.  Analiza tu vida.  Se humilde.  Reconoce tus errores y sobre todo, entiende que es normal equivocarse.  Pide perdón por tus pecados.  Después, alégrate.  ¡Gózate en el Señor!  Que los problemas no definan tu día a día sino tu deseo de servir al Señor y el saber que te ama incondicionalmente.

Oración
Padre: gracias.  Gracias por darme alegría en medio de incertidumbre.  Gracias por darme alegría en medio de tristezas.  Gracias por enseñarme que Tú me amas y me llenas de consuelo.  Gracias por cuidarme y tener tu mirada fija en mí.  Hoy te pido que aprenda a gozarme y a alegrarme en ti.  Te pido que pueda compartir lo que has hecho en mi vida y que otros puedan alegrarse también.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén

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