lunes, 23 de marzo de 2015

Hebreos 9:13-14

Hebreos 9:13-14

La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera.  Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!



Es tan fácil olvidarnos de lo que Cristo hizo por nosotros…  Nos involucramos tanto en nuestras cosas que simplemente dejamos de reconocer el gran sacrificio y lo que representa para nuestras vidas.  Recientemente estaba meditando sobre mi estado de ánimo.  Sentía que no tenía muchas ganas de hacer cosas.  Probablemente estaba cansado.  Probablemente había algo de monotonía en levantarse y hacer una rutina diaria.  Pero lo que finalmente entendí es que mi vida espiritual estaba mal.  No quiere decir que estaba en el extremo opuesto.  Simplemente no estaba pasando el tiempo que debía con el Señor.  ¿Te ha pasado?  No tenemos que caer y “tocar fondo” como lo hicimos en ocasiones anteriores.  Si has madurado espiritualmente, una separación pequeña de Jehová, se reciente en tu vida inmediatamente.  Gracias a Dios que Él siempre está ahí y no nos deja ni un instante.  Al leer versículos como los de hoy, deben impactar tu vida y reordenar tu visión, prioridades y sentido a vivir.  Deben servir como mensaje para recordar nuestro “primer amor”: Dios nos ama tanto que envió a su Hijo por nosotros.  No importa nada más.  Todo lo que estabas atravesando se minimiza al reconocer que la sangre de Cristo que fue ofrecida por nuestros pecados, nos purifica y santifica para reconciliarnos con Dios Padre.  ¡Qué maravilla!  Sin merecerlo, hemos recibido el regalo más grande y precioso que pueda existir.
Ahora, esto no termina ahí.  Nos dice el pasaje que su sangre nos purifica de aquellas obras que conducen a la muerte.  ¿Cómo es esto?  Debes saber, que cuando no tienes a Cristo, en tu vida reina tu cuerpo carnal y por consecuencia el pecado (Romanos 3).  Este pecado lleva a la muerte.  Por consecuencia, todas tus obras te estaban encaminando a ella.  Cuando llega Cristo a tu vida, te libera de esa esclavitud y te da vida.  Tus ojos y tu conciencia son abiertas para que puedas diferenciar lo carnal de lo espiritual y así servir al Dios viviente en lugar de tus deseos pecaminosos.  A mucha gente le cuesta trabajo entender y aceptar esto.  No es fácil aceptar que eres pecador.  Tampoco es fácil entender que solamente al aceptar y reconocer a Cristo tus pecados son perdonados.  Pero la biblia nos enseña que así es y por ello así te lo comparto.
Medita en dónde estás el día de hoy y el impacto que causa leer que Cristo murió por ti y su sangre te lleva a la salvación.  Medita si tus obras son para servir al Señor o para servir tus propios propósitos y deseos.  Vuelve a leer el pasaje y pide a Dios que abra tu corazón para que sus palabras entren y renueven tu ser.

Oración

Padre: perdóname.  Te pido que tu sangre me santifique y me des vida.  Te pido que mis obras sean para servirte y deje atrás todo aquello que lleva a la muerte.  Gracias por amarme sin merecerlo y por darme la oportunidad de reconciliarme contigo.  En el nombre de Cristo Jesús.  Amén

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