domingo, 29 de marzo de 2015

1 Pedro 8-9

1 Pedro 8-9


Ustedes lo aman (a Cristo) a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en Él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe que es su salvación.



Seguir a Cristo no está reservado para unos cuantos ni es un grupo misterioso.  Es totalmente abierto y disponible.  Sin embargo, hay ciertas cosas que no todos pueden entender.  Los versículos de hoy son un ejemplo de ello.  Nos dice Pedro en su carta que como creyentes, a pesar de nunca haber visto a Jesús, tenemos gozo y alegría en Él a través de la fe.  ¡Esto no tiene sentido para mucha gente!  Piénsalo.  Crees en alguien que no has visto.  Confías que irás a un lugar al que nadie ha ido.  Crees que un libro que se escribió hace un par de miles de años está inspirado por Dios.  Son una serie de creencias que no todos pueden (o quieren) digerir.  Pero para aquellos que hemos reconocido a Jesús.  Que le hemos pedido que venga a nuestras vidas y nos de un corazón nuevo, podemos entender estas palabras.  Nosotros podemos tomar ánimo y gozarnos al leer estos versículos.  Nos recuerdan hacia dónde vamos.  Nos recuerdan en quién confiamos.  Nos recuerdan a quién pertenecemos.  Sí, no le hemos visto en carne propia pero definitivamente lo hemos visto renovar nuestro carácter y nuestros pensamientos.  Hemos sido testigos de cómo transforma lo inmutable.  Hemos visto cómo aquellas personas que parecían no tener remedio ahora alaban a Dios y tienen vidas transformadas.  ¡Estos son los milagros del Señor y la forma en que se ha manifestado en nuestras vidas!  No tenemos que verlo en carne propia para estar convencidos que existe y que nos ama.  No es necesario verlo para gozarnos en la esperanza que nos ha regalado.  No necesitamos verlo para poder vivir confiados y agradecidos.  Basta con entender nuestra necesidad de un redentor y el inconmensurable amor que derramó por nosotros en la cruz.  ¡Cuánta gracia y misericordia!  Mientras tanto, nosotros permitimos que los problemas del día a día nos roben estos regalos tan increíbles.  Nos olvidamos de ellos y comenzamos a preocuparnos y a agobiarnos por lo que sucederá mañana.  ¡No lo permitas!  Dale la perspectiva correcta  a las cosas y ponlas a la luz de la palabra de Dios.  Él te ama.  Él te cuida y ve por ti en cada momento.  Sus planes son mejores que tus planes.  Sus deseos para ti son mucho mejores que los tuyos.  Aunque hoy estés preocupado y sin ver un camino claro, Él tiene todo planeado y busca que tú crezcas en comunión con Él.  Quiere brillar en tu vida y que tú aprendas a depender más y más de sus promesas.  Quiere que aprendas a vivir por la fe. La fe es el camino a la salvación y la que debemos crecer día a día al dar esos pasos por terrenos desconocidos para nosotros pero sabiendo que son conocidos para el Señor.  ¡Gocémonos y alegrémonos en el Señor!  No porque las cosas serán fáciles sino porque tenemos de nuestro lado a Aquél que venció al mundo.  No porque todo será como queremos sino porque confiamos y creemos en Aquél que nos ama incondicionalmente.  Gocémonos en Cristo Jesús que vino por nosotros y quiere reconciliarnos con el Padre.

Oración
Señor: te pido perdón por mis pecados y te agradezco infinitamente el sacrificio que Jesús hizo por mí.  Te pido que pueda vivir alegre y gozoso.  Te pido que pueda vivir agradecido y confiado.  Te pido que mi fe crezca y no desmaye ante las adversidades.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

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