domingo, 6 de julio de 2014

Filipenses 4:6-7

Filipenses 4:6-7


Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.



Si Dios lo sabe todo ¿para qué nos dice que debemos decirle nuestras peticiones?  Realmente no vamos a decir nada que Él no sepa.  Personalmente he encontrado algunas razones por las cuales se nos pide orar independientemente de que el Señor tenga conocimiento pleno de lo que diremos.  Primera.  Crea una relación con Él.  Segunda.  Podemos darnos cuenta del orden de nuestras prioridades.  Tercera.  Nos ayuda a discernir entre lo espiritual y lo carnal.  Y cuarta.  Trae paz a mi corazón.
El afán surge fácilmente y se quita con dificultad.  ¿Sabes si estás afanado?  A veces podemos estar afanados por una persona, por circunstancias o por cosas materiales y ni siquiera nos damos cuenta.  Solamente sabes que hay una piedra en el zapato que no te has podido quitar pero en lugar de detenerte y sacarla, sigues y sigues caminando pensando que solita se saldrá.  La realidad es que no saldrá y por ello el afán es peligroso.  Sin notarlo se roba tu paz y tranquilidad.  Te impide ver lo que tienes y te recuerda lo que no tienes.  Acapara tu atención.  Te quita tiempo y esfuerzo.  Por eso la biblia nos advierte sobre él y nos da una guía sobre cómo evitar el vivir afanados: lleva tus peticiones delante de Jehová en oración, ruego y acción de gracias.  La oración es la respuesta.  La oración es sumamente poderosa.  El mismo Jesús oró y eso nos debe mostrar la importancia de la misma.  Él se encontraba angustiado porque sabía lo que le acontecería en su calvario y por ello decide ir a pasar un tiempo en oración.  Él y el Padre.  No era para decirle algo nuevo.  Era para decirle cómo se sentía.  Era para decirle que sabía que venía una tormenta pero que estaba dispuesto a atravesarla si esa era Su voluntad.  Fue a orar para entrar en comunión con el Padre.  Fue a orar para poder abrir su corazón y expresar lo que tenía.  ¡Debemos ser imitadores de esta actitud!  Cualquier sentimiento que está robando tu paz.  Ve a un lugar íntimo.  Abre tu corazón.  Ten comunión con Jehová.  Dile lo que sientes.  Dile lo que piensas.  Escucha.  Da gracias.  Pide que te llene de entendimiento y de su paz.  Pide que guarde tu corazón para no pecar contra Él.  No permitas que el afán dirija tu vida.  ¡Es muy fácil caer en esta situación!  No pienses que a ti no te va a pasar.  Mejor busca constantemente al Señor y el estar en comunión con Él a través de la oración.  Tal vez la oración no resulta muy atractiva porque no siempre hay una reacción inmediata, pero su poder es increíble.  No te desanimes y aplica este conocimiento en tu vida.  Ten un lugar donde puedas estar solo.  Donde no haya distracciones.  Un lugar donde puedas sentirte tranquilo y puedas entrar en comunión con Dios.   Lleva tus peticiones al Señor y pide que te llene de su paz que sobrepasa todo entendimiento.  Pide porque tu corazón y tus pensamientos estén en línea con los del Señor.

Oración
Padre: traigo mi vida a tus pies.  Te entrego mi corazón.  Te entrego mi ser.  No quiero vivir afanado.  No quiero vivir sin sentido ni dirección.  No quiero vivir sin paz.  Te pido que puedas llenarme de tu paz y que pueda vivir conforme a tu voluntad.  Guíame Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén.

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