jueves, 17 de julio de 2014

1 Pedro 1:6-7

1 Pedro 1:6-7


Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.  El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego.  Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele.



Como he escrito en otras ocasiones, me encanta ver documentales y programas donde uno aprende cosas nuevas.  Así fue como pude ver cómo se purifica el oro a través de someterlo a temperaturas sumamente altas.  ¿Qué sucede?  Que el oro es más denso que los demás minerales que se encuentran mezclados.  Conforme se calienta y “derrite” los minerales menos pesados comienzan a “flotar”.  Esas son las impurezas que son quitadas para poder quedarse con la mayor cantidad de oro.  Cuando el versículo dice que nuestra fe debe ser acrisolada como el oro, lo que quiere decir es que necesita ser purificada y depurada.  Es necesario que atravesemos distintas pruebas para poder lograr esto.  Piensa por un momento: nadie nace sabiendo hacer todo.  Nadie puede, de un día para otro, ser experto en alguna materia.  Los deportistas profesionales dedican todos sus días a entrenar y prepararse.  Solamente así pueden lograr esos resultados.  Pues ¿Qué podemos esperar de nuestra vida espiritual si no la sometemos a “ejercicios” y entrenamientos para que sea perfeccionada?  Si hoy te encuentras en medio de una situación difícil, no te enojes con Dios, no le reclames, no pienses que lo hicieron para “castigarte”.  Mejor entiende que es un excelente momento para comenzar a crecer espiritualmente y depurar tu fe conforme Dios quiere.  No basta con decir: creo en Dios.  No basta con pensar que eres una buena persona.  ¡Dios no quiere eso!  Dios quiere ¡Tu vida entera!  Sí.  Tu vida entera.  La biblia nos dice que debemos dejar todo, negarnos a nosotros mismos, tomar Su cruz y seguirle.  No es fácil.  Pero es sumamente gratificante y lleno de bendición, amor y paz seguir su camino y obedecer.
El versículo 6 está ligado con los versículos anteriores que hablaban de la herencia incorruptible que Dios nos ha dejado.  Éste es el gran motivo de alegría que tenemos.  Ahora, ¿cómo puede ligar la alegría con las pruebas?  La biblia está llena de pasajes que nos dicen que debemos estar alegres mientras pasamos momentos difíciles.  Por el contrario, allá afuera nos dicen que debemos evitar y “superar” cada adversidad.  Es importante que entendamos la diferencia entre Dios y el hombre.  Alguna vez te has preguntado ¿Y si Dios no quiere que haga esto o aquello?  ¿Y si no quiere que siga trabajando en este lugar?  ¿Y ahora qué parte de mi vida quiere transformar?  ¿Y si Dios decide quitarme la salud, a un ser querido o alguna otra cosa?  Para poder madurar espiritualmente, el centro de atención debe ser Dios y no tú.  Te lo repito.  Es necesario que dejes de pensar todo el tiempo en Ti y pongas primero al Señor.  Cada situación que vivimos puede ser utilizada para gloria de Él.  Está en ti y en mí hacerlo.  Podemos quejarnos.  Podemos molestarnos.  Pero al mismo tiempo, podemos leer pasajes como el de hoy, recordar la perspectiva espiritual y entender que nuestra herencia la tenemos en el cielo, y que las pruebas son para purificar y madurar nuestra fe.  Las pruebas dan testimonio a todos aquellos que nos rodean.  La gente pone atención en cómo respondes a la adversidad.  ¿Amas a Dios?  Tal vez es momento que realmente te entregues y lo pongas en el trono de tu vida para que Él dirija de ahora en adelante.  Es tiempo que pongas tu fe y tu vida a que sea probada y purificada por fuego para que crezcas y te fortalezcas en Él.  ¿Qué vas a decidir?

Oración
Dios Padre: quiero que tomes el trono de mi vida.  Te he limitado y no he querido entregarme por completo pero hoy entiendo que Tú quieres todo mi ser.  Vengo a Ti mi Señor con la rodilla doblada y entregándote mi corazón para que se haga tu voluntad en mí.  Entiendo que las pruebas purifican y fortalecen mi fe, ayúdame a seguirte y no desesperarme, ayúdame a no separarme de Ti y pensar que estaba mejor antes.  Quiero que mi vida te de gloria y que de testimonio de tu gran amor.  Te pido que tenga sabiduría para entender lo que quieres trabajar y transformar de mí.  Gracias mi Señor por amarme y por cuidarme como lo haces.  En el nombre de Jesucristo.  Amén 

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