jueves, 4 de octubre de 2018

Romanos 8:26-27


Romanos 8:26-27
La Buena Parte del día - Romanos 8:26-27Romanos 8:26-27 Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
Es tan importante la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida que podríamos vivir de una manera más confiada y tranquila si lo reconociéramos como el ayudador, intercesor y conocedor de nuestro corazón y nuestro espíritu.
La debilidad del hombre es algo que hace parte de la humanidad del mismo, aunque somos seres espirituales por la naturaleza de nuestro Padre, mientras vivamos en esta tierra tendremos debilidades (Romanos 6:19). Y esta condición de debilidad es la que Dios utiliza en nuestras vidas para que aprendamos a depender de Él, de su gracia y su poder.
Esta debilidad nos hace consiente de una realidad en la que necesitamos una conexión de nuestro espíritu con el Espíritu Santo de Dios. Por esta razón el apóstol Pablo en la carta a los corintios escribió: "Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Corintios 12:10), lo decía por que quien lo fortalecía era el Espíritu Santo.
Es por esta razón que muchas veces en los momentos que más débiles nos encontramos no sabemos cómo escuchar la voz de Dios, no sabemos cómo orar, ni como discernir qué es lo que nos conviene. Nos afanamos muchas veces por ver cumplido aquello que esperamos, por ver solucionado todo lo que nos causa impaciencia, y en medio de cada situación perdemos la dirección hacia la voluntad del Padre. Pero la palabra de Dios nos dice que el Espíritu Santo dado a nosotros por Dios (Rom 5:5), y al cual muchas veces desconocemos, cumple 3 funciones importantes cuando somos débiles y dejamos que El actúe:
1. "NOS AYUDA" (Rom 8:26)
2. "INTERCEDE". (Rom 8:26)
3. "EXAMINA NUESTROS CORAZONES" (Rom 8:27)
Nos Ayuda porque cuando somos débiles, nuestra fe puede menguar, nuestros sentidos traen confusión, nuestra alma se aflige, y todo esto nos impide ver con claridad las cosas en el ámbito espiritual, y focalizamos todo en lo humano y racional, es decir en nuestras emociones. Por lo tanto, no sabremos pedir como conviene (Rom 8:26). De aquí la necesidad de que reconozcamos por qué Jesús nos dejó nuestro ayudador permanente, quien acude a nuestra ayuda para guiarnos y darnos la paz y la tranquilidad necesaria en una espera.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra!  Usa tus redes sociales para ese propósito

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