martes, 6 de agosto de 2024

Altivez y soberbia del hombre

 Altivez y soberbia del hombre

“La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día.” Isaías 2:11

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.” Proverbios 16:18

La altivez y la soberbia, dos sentimientos humanos que se caracterizan por una actitud de superioridad frente a los demás, que provoca un trato distante o despreciativo hacia nuestro prójimo y, estos sentimientos, son parte del carácter de los hombres en los postreros días. Al respecto, el apóstol Pablo escribe: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Timoteo 3: 1-5)

Pero claramente el Señor nos dice en su palabra que esa altivez del hombre será abatida, es decir, derribada o echada por tierra y que la soberbia del hombre será humillada, cuando el soberbio sea ofendido en su orgullo y honor. “Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los ojos de los altivos” (Isaías 5:15)

Cuando esos sentimientos de soberbia y altivez pretendan apoderarse de nuestra mente y de nuestro corazón por diferentes circunstancias de la vida como un ascenso en nuestro trabajo; un nombramiento en una posición destacada; un logro profesional; un éxito de negocio o financiero, debemos tener en cuenta que si lo permitimos, escrito está lo que nos acontecerá: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.” (Proverbios 16:18). Si esos sentimientos se apoderan de nosotros estamos caminando indefectiblemente al quebrantamiento y la caída. Debemos recordar que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:17)

Por tanto, en los momentos de bendición en nuestra vida, todo el honor, la honra, la gloria, la adoración, la alabanza y el agradecimiento sean para Dios, el todopoderoso y el eterno, grande y misericordioso que, en Cristo Jesús, es quien nos lleva de victoria en victoria.  Oración.

«Padre nuestro que estás en los cielos, solo tú eres digno de toda honra, de toda gloria, de toda adoración y de toda alabanza y ante ti Señor, en el nombre de Jesús, con un corazón contrito y humillado confieso la altivez y la soberbia con la que muchas veces he obrado delante de ti y de mi prójimo. Te ruego me perdones, por eso, humillo todo mi ser y toda mi vida para que inundes de tu perfecto amor mi corazón para vivir en obediencia a ti y solo para honra y gloria de tu santo, santo, santo nombre. Amén. 

 

lunes, 5 de agosto de 2024

Cristo está vivo

 Cristo está vivo

“Entonces los que se habían reunid


o le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”, Hechos 1:6-11

El Señor Jesús antes de ascender a los cielos dio pruebas de su resurrección a muchos de nuestros hermanos del primer siglo, lo hizo para que afianzaran su fe y siguieran anunciando las buenas nuevas, aceptaron este desafío en un tiempo donde muchos negaban este hecho. Muchos aún niegan el realismo de la resurrección corporal de Cristo y rechazan la declaración de San Lucas cuando afirmó que Jesús estaba vivo y fue visto por un gran número de personas. Lastimosamente, para muchos Jesús está muerto y la única imagen que observan es su cuerpo clavado en la cruz.

Sin embargo, Cristo está vivo y sigue cambiando y transformando las vidas de todos los que depositan su fe en Él. El diablo sabe eso y por eso levanta argumentos para atacar la estructura de la doctrina cristiana y en estos últimos tiempos la apostasía ha llegado a muchos corazones.

Nuestra vida y testimonio es otra prueba indubitable de que Cristo es un Dios vivo que puede hacer grandes cosas en este mundo incrédulo. Dichosos los que creen en Él sin haberlo visto, los que lo sentimos y lo dejamos vivir en nosotros a través de su Santo Espíritu. Como dice Romanos 8:11” Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Cada creyente renovado es un testimonio del Dios vivo.  Oración.

Gracias Jesús porque resucitaste, con esto nos has dado una prueba indudable para nuestra fe, eres el Dios Vivo que merece todo honor y gloria por los siglos, por eso no debemos temer, pues tú estás por encima de la muerte. Gracias por darnos la esperanza de la resurrección. Amén. 

domingo, 4 de agosto de 2024

Santificado sea tu nombre,

 


Santificado sea tu nombre,

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Tesalonicenses 5:23

“sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” 1 Pedro 1:15-16

Cuando en mi conducta manifiesto un carácter santo, quiere decir que el Señor se está santificando en mí o, en otras palabras, Él está mostrando su santidad en mi vida. La santidad son las acciones buenas, justas y santas que solo son posibles en nosotros por la presencia, el poder y la obra de su Espíritu Santo que habita en nuestro corazón (Ezequiel 36:23-27).

Como hijos de Dios, marcados por su Espíritu y rociados con la sangre preciosa de su Hijo, nuestro llamado es a santificar el nombre del Señor dejándonos guiar por la voz de su Espíritu que nos dirige hacia su voluntad, con el fin de mostrar en nosotros el carácter santo de Dios, y que se vea entonces así, el cumplimiento de esa importante y profunda petición que realizamos cuando oramos el Padre nuestro diciendo: “santificado sea tu nombre” (1 Pedro 1:2, Mateo 6:9).

En Juan 17:17 está registrada una de las peticiones que el Señor Jesús le hace al Padre por sus discípulos, dice “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” Y su palabra asegura que por la obra salvadora de nuestro Señor Jesucristo, nosotros los creyentes hemos sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, para que ahora por su Espíritu Santo lo que se manifieste en nuestra manera de vivir sea un fruto de santidad (Romanos 6:22, 1 Corintios 1:2).

Adicionalmente, en 1 Corintios 1:2,30, se nos revela que cada uno de nosotros, los que hemos recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, por su obra ya hemos sido santificados, y entonces la exhortación es a que nos mantengamos en esa condición mediante la comunión con el Espíritu Santo, para que finalmente por esas acciones santas, buenas y justas que se manifiesten en nosotros, los demás puedan glorificar a Dios por su bondad y santidad.    Oración.

«Padre, gracias por tu Hijo Jesucristo; gracias porque su obra salvadora me ha hecho libre del pecado y siervo de la justicia, anhelo Señor caminar en esta verdad y ya no presentar los miembros de mi cuerpo para el pecado y la iniquidad, sino para hacer lo correcto y vivir en santidad, amén.

sábado, 3 de agosto de 2024

El conocimiento de su voluntad,

 

El conocimiento de su voluntad,


“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.” Efesios 5:15-17

Existe un interrogante bien interesante y que debería ser el más importante en la vida de todo creyente al momento de tomar cualquier decisión, y es el comprobar si es o no la voluntad de Dios. Personalmente a menudo me pregunto si es la voluntad de Dios que me relacione con una u otra persona independientemente si es para temas sociales, laborales o académicos, así como también es de mi interés saber la voluntad de Dios respecto al día y momento en el que debo ir a cierto lugar que tengo pendiente, y también me inquieta conocer la voluntad de Dios respecto al orden en que debo hacer mis actividades.

Como vemos, son aspectos del día a día, esas continuas y grandes decisiones que tomamos en el transcurrir de nuestro presente y que determinan nuestra vida misma, pues sé que todos en algún momento hemos dicho o escuchado frases como: “si quizás hubiera salido cinco minutos antes” “si hubiera dejado para mañana” “si no hubiese ido a ese sitio” y son expresiones que muchas veces tienen terminaciones tristes o fatales. Sin embargo, así mismo puede pasar que los comentarios sean tales como “llegue en el momento perfecto” “era la persona indicada” o “salí justo a tiempo”

Ahora bien, ¿qué es lo que hace que en nuestro interior haya gozo, paz, esperanza, humildad y agradecimiento, independientemente del efecto o consecuencia que tenga nuestra decisión? Indudablemente es solo tener la plena seguridad de que fue hecha conforme a la voluntad de Dios. Así que, conocer o comprobar que esto o aquello es de acuerdo con la voluntad de Dios, es la llave que nos da paso a una vida plena y abundante, pues nuestra fe nos convence de que con absolutamente todo lo que nos sucede, Dios tiene un propósito. Dicho esto, es importante también que conozcamos qué es lo que debemos hacer para estar seguros de que esa decisión es la voluntad de Dios, por lo que te invito a esperar y orar por el próximo devocional.     Oración.

«Padre bueno, gracias por el amor que hizo posible que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca en mí siempre; gracias porque junto con tu Espíritu, tu gracia es todo lo que necesito para que mi vida sea encaminada hacia tu buena, perfecta y agradable voluntad, gracias Dios, amén.

viernes, 2 de agosto de 2024

Fuertes y valientes

 


Fuertes y valientes

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1:7-9

En algún momento de nuestra vida e incluso en nuestro presente, podemos estar al igual que Josué, encargados de alguna tarea o responsabilidad que Dios directamente nos ha asignado; en el caso de Josué, sucesor de Moisés, se trataba de liderar al pueblo de Israel para que cruzaran el río Jordán y entraran a poseer la tierra que el Señor les había prometido tiempo atrás (Génesis 15:18-21). Hoy en día y según los roles, dones y talentos que el Señor nos haya dado, estas tareas o misiones, pueden ser tales como: construir o comprar una vivienda digna para tu familia, graduarte de esa carrera que Dios te ha permitido cursar, liderar con diligencia y sabiduría el ministerio que se te ha encargado, criar a tus hijos en amor, disciplina y temor del Señor, entre otras tantas.

Sin embargo, y de la misma manera en que el Señor le dijo en aquel tiempo a Josué, nuestro Dios hoy nos quiere animar a que seamos fuertes y valientes, pero no poniendo nuestra fuerza y vigor exclusivamente en cumplir con nuestra misión, sino que lo que realmente quiere el Señor es que nos esforcemos y seamos valientes pero en permanecer en Él, porque finalmente todas aquellas tareas que a lo largo de nuestra vida se nos van asignando y que tienen que ver mucho con nuestra estadía en esta tierra, son justamente esas añadiduras de las cuales Dios nos dice que se ocupará de ellas cuando primeramente busquemos su reino y su justicia (Mateo 6:33).

Hermanos, la Escritura dice que separados de Cristo nada podemos hacer, somos como esas ramas que no pueden llevar fruto por sí mismas, sino solo cuando están ancladas a su árbol (Juan 15:4-5). Y a lo que nos invita Dios, es a que nuestro enfoque, fuerza, pensamiento, corazón y todo de nosotros, siempre esté arraigado en Él y en lo que va más allá de lo material, es decir, aquello que es espiritual y eterno, y que se trata de conocer y permanecer en Dios y en su Hijo Jesucristo, pues realmente lo material es tan solo un medio para esta gran y mayor misión espiritual.   Oración.

«Bendito Padre Dios, gracias por el regalo de poder acercarme a ti en todo momento, me has perdonado, me has amado y me has adoptado como tu hijo; así que te pido que por tu gracia y tu Espíritu me ayudes a permanecer en mi nueva condición, conociendo, disfrutando y sirviendo en todo tiempo a mi Padre y mi único Dios, por Jesucristo mi Señor y salvador, amén.

jueves, 1 de agosto de 2024

La locura de la predicación

 


La locura de la predicación

“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”, 1 Corintios 1:21

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”, 1 Corintios 9:16

El evangelio revela un mensaje extraordinario de amor y misericordia de Dios para el hombre, a través de Cristo. Un mensaje que debe ser escuchado y sobre todo creído, pero lo más importante es que sea de manera personal. Cada uno debe ser confrontado con el mensaje del evangelio para aceptar o rechazar su amor, es una responsabilidad individual. Porque el evangelio revela la justicia de Dios realizada en Cristo para pagar por nuestros delitos y pecados, esta justicia solo llega a cada uno por medio de la fe como aclara Romanos 3:21-22 “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,”.

Dios no tuvo en su propósito revelarse a cada uno de nosotros mediante milagros ni mediante la sabiduría humana, porque esto no garantiza que tengamos una relación con Él ni que arrepentidos de nuestros pecados vayamos a la única fuente de salvación. Entonces es mediante la locura de la predicación, la Palabra de Dios que es más cortante que espada de doble filo que revela lo profundo y escondido de cada corazón. Escuchando el evangelio y creyendo en él, somos sellados con su Espíritu para salvación y vida eterna, como lo confirma Efesios 1:13: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,”

Así que cuando escuches este devocional que te invita a creer en Jesús, a recibir su Palabra, ten en cuenta que es Dios mismo llamándote a la fe para tu salvación y la de tu familia, pues la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios.   Oración.

«Amado Cristo, cada mañana anhelo escuchar tus palabras que son Espíritu y son verdad y tienen el poder para liberarme y transformar mi corazón. Gracias por tu muerte en la cruz y por resucitar para darme vida eterna, ahora soy hijo de Dios y lleno de tu Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 31 de julio de 2024

Hermanos

 


Hermanos

“y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,”, Efesios 3:9-11

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”, 1 Juan 4:7

La iglesia fue un misterio que estuvo oculto en el antiguo testamento, solo se vislumbraba algún tipo o modelo de las cosas venideras, pero se reveló plenamente el día de pentecostés donde el Espíritu Santo vino, por fe en Cristo, sobre cada creyente (Hechos 2:2-4).

Ese día fuimos sumergidos en Cristo, unidos a Cristo y se cumple lo de Efesios 4:5-7:“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.

Y esto es maravilloso, ya no somos uno solo, sino que ahora por el poder de Dios aunque conservamos nuestra individualidad, somos una familia espiritual que vive en comunión. Por tanto, estamos llamados a edificarnos mutuamente, a perdonarnos y amarnos como Cristo primero lo hizo con nosotros, también llamados a animarnos y a crecer espiritualmente (1 Tesalonicenses 5:11, Efesios 4:16), es decir, este crecimiento en el conocimiento de Cristo no es solo un proceso individual sino que se experimenta plenamente en comunidad. Juntos crecemos, separados nos estancamos.

Entonces la iglesia tiene el propósito de revelar a Cristo, en sus actos y sobre todo en el amor que se muestran entre hermanos. Por esto no dejemos de congregarnos, busquemos de manera intencional crecer en una congregación de sana doctrina, donde aprendemos la Palabra de Dios y crecemos en el amor al vivir como hermanos, como dice Salmos 133:1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!   Oración.

«Padre, me has colocado como parte de la iglesia, para crecer en el conocimiento de Cristo y colocar en práctica la comunión, con la cual llevaremos juntos el amor de Cristo a todo el mundo. En el nombre de Jesús, amén.

martes, 30 de julio de 2024

El Hijo del hombre

 


El Hijo del hombre

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;”, Filipenses 2:5-7

“como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”, Mateo 20:28

Jesús se hacía llamar “el Hijo del Hombre”, haciendo clara referencia con la profecía acerca del Mesías esperado por Israel (Daniel 7:13-14). Pero también corresponde al hecho de que se identifica con la raza humana que viene a salvar, siendo el postrer Adán (1 Corintios 15:45)

Jesús era totalmente Dios, pero también era un ser humano (Juan 1:1,14). Se despoja de sí mismo y toma forma de siervo para morir por nuestros pecados. Por esta razón es nuestro ejemplo perfecto pues al despojarse se somete en total dependencia a su Padre y guiado por el Espíritu Santo, en total obediencia, esto lo demuestra su necesidad de orar constantemente y hacer la voluntad del Padre: “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.” (Juan 5:19)

Orar y hacer, para darnos ejemplo de vida como lo enseña a sus discípulos: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” (Juan 13:15)

Todo el que cree en él debe creer lo que dice 1 Juan 4:2: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios” y luego de creer es llamado a como hijo obediente, siguiendo el ejemplo de Jesús, ya no viva para sí mismo, sino para aquel que murió y resucitó por él, haciendo la voluntad del Padre (2 Corintios 5:15).

Así como Él se identificó con la raza humana, nosotros estamos llamados a seguir su ejemplo orando y obedeciendo al Padre, lo podemos hacer porque así como el Espíritu Santo vino sobre Jesús, ha venido a morar sobre cada uno de nosotros para guiarnos en todas las cosas. El se hizo hijo del hombre, para que nosotros fuéramos hijos de Dios.   Oración.

«Amado Padre, vengo a ti sabiendo que soy débil pero que por la fe soy sumergido en Cristo, son lavados mis pecados y ahora lo que es verdad en Cristo es verdad en mí, para tu gloria y honra. En el nombre de Jesús y con la guía de tu Espíritu. Amén.