sábado, 8 de abril de 2023

Una oración para la noche

 


Una oración para la noche

“Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración. Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah. Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. Temblad, y no pequéis; Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah Ofreced sacrificios de justicia, confiad en Jehová. Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”. Salmos 4:1-8

Este salmo es para la noche, es una oración hecha por David en momentos donde estaba desvelado por los problemas con su hijo Absalón, y nos enseña que cuando estemos en dificultades que nos roban la paz y nos quitan el sueño, acudir a la presencia de Dios, es encontrarnos en un lugar de paz, a pesar de que sigamos en medio de las presiones que nos agobian.

Sin embargo, muchos no hacen lo que David hizo, sino que en su desesperación denigran el nombre de Dios, porque no confían en Él, sus pensamientos están enfocados en el dinero, las posesiones, otras personas o en el éxito como respuesta a sus problemas, pero todo esto no son más que ilusiones e ídolos. Por eso el Señor pregunta: ¿hasta cuándo amarán ídolos vanos e irán en por de lo ilusorio?, Salmos 4:2. Dios anhela que le busquemos a Él de todo corazón: “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras”, Salmos 145:18

Pero, la enseñanza central del salmista es que aprendamos a confiar en Dios descansando en su justicia y dependiendo de su misericordia. David nos indica cómo hallar gozo y paz verdaderos, teniendo una relación personal con Dios y poniendo nuestra confianza en Él.

Aunque sea difícil la situación, recordemos que “Dios ha escogido al piadoso para sí”. La palabra “piadoso” se refiere a aquellos a quienes Dios ama con un amor que no cambia y que corresponden a su amor como dice Efesios 6:24 “La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén”. Los que aman a Jesucristo con un amor sincero y constante; no con amor fugaz, terrenal, sino espiritual y eterno.

Cuando nos inunda el temor lo mejor que podemos hacer es dedicarnos a una oración quieta, entrando en el reposo del Señor, confesando nuestros pecados, confiando y entregando todo en la presencia de Dios; porque la oración nos devolverá el gozo y la paz que necesitamos, sólo Dios es la fuente de ello, solo en Dios podemos conocer cómo vivir confiados.

Sentir que la luz de su rostro brilla sobre nosotros, llenará nuestros corazones con la alegría de su presencia, podremos dormir en paz, diciéndole que somos suyos y que lo amamos.  Oración.

«Padre celestial, en medio de mis angustias a ti clamo, porque sé que me escuchas, Señor ayúdame a confiar, porque todo lo bueno procede de ti; que nunca vaya tras ídolos o en por de cosas vanas, porque nada de eso traerá gozo y paz a mi corazón, tú eres la fuente de mi alegría y de mi paz, enséñame a orar, a conocerte, a confiar y a descansar en ti, porque sólo vivo seguro en tu presencia. En Cristo Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 7 de abril de 2023

La batalla decisiva del Gólgota

 


La batalla decisiva del Gólgota

“Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y sentados le guardaban allí. Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS” Mateo 27:33-37

El odio de los religiosos de la época de Jesús, lo llevó a la cruz; su ejecución fue el crimen más infame de la historia, pero detrás de este suceso estaba la obra de Dios, quien cumplió a través de Jesucristo su plan eterno.

¿Qué significó la cruz para nuestro Padre Dios?

La cruz es la evidencia suprema de su amor por nosotros (Romanos 5:8); la cruz fue la mayor prueba de su justicia (Romanos 3:25-26), solo la muerte expiatoria del Redentor pudo satisfacer la justicia de Dios hacia nosotros; la cruz aumenta maravillosamente sus riquezas (Efesios 3:10-11), los salvos somos la posesión de Dios, su pueblo adquirido, la iglesia es el instrumento eficaz para la revelación de su gloria en este mundo caído.

¿Qué significó la cruz para Cristo?

La cruz significó la expresión suprema de la autoridad de Dios (Hebreos 10:7, Filipenses 2:8), fue la entera sumisión a la voluntad divina; la cruz fue en grado supremo un deleite al corazón de Dios (Efesios 5:2), Dios quedó satisfecho por medio del gran acto de obediencia de su Hijo; la cruz fue la manifestación especial del amor de Dios para con su Hijo (Juan 10:17), tal fue el agrado del Padre ante la entrega voluntaria de su Hijo, que produjo una manifestación especial de amor y aprobación; la cruz significó el camino a la diestra del trono como el Dios-Hombre triunfante (Filipenses 2:6-11), ascendió a la diestra de la majestad de las alturas revestido de gloria; la cruz significó que Cristo se posesionó de la iglesia redimida (Efesios 1:22-23).

La pregunta ahora es ¿qué significa la cruz para nosotros?

La aparente derrota de Cristo llegó a ser nuestra suprema victoria, es la base de nuestra justificación, nuestros pecados fueron cargados sobre Cristo, quien los llevó como sustituto en lugar nuestro; fuimos levantados por Cristo de la ruina de la caída desde Adán, por su acto de justicia en el Gólgota; sufrió la sentencia de muerte para poder efectuar la restauración de la vida; anuló el poder de quien tenía el imperio de la muerte; es la base de la santificación, porque su muerte en el Gólgota tuvo efectos morales y espirituales para nosotros. Ahora somos plantados juntamente con el crucificado (Romanos 6:5), el mundo y la carne han sido crucificados (Gálatas 6:14, Romanos 6:6), somos identificados con Él (Colosenses 3:1-4), nuestro enemigo ha sido vencido (Colosenses 2:15).

En conclusión, hemos ganado con la batalla del Gólgota, ¡Jesús nos llevó a la victoria!, esto debe ser suficiente motivo para exaltarle y adorarle.   Oración.

«Amado Jesús gracias por tu victoria en la cruz, ahora por medio de ti soy más que vencedor; gracias por triunfar en el Gólgota sobre el pecado, la muerte y Satanás. Ahora mi vida está escondida contigo en Dios y lo que vivo en la carne lo vivo en mi fe por ti, que me amaste y moriste en la cruz para darme salvación, libertad y vida eterna. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 6 de abril de 2023

La Santa Cena del Señor

 


La Santa Cena del Señor

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí”. 1 corintios 11:23-25

La Santa Cena fue instituida por Jesús la noche que iba a ser entregado, cuando celebraba la fiesta de la Pascua en el aposento alto; para que tuviéramos un recordatorio de su obra redentora en la cruz. Cada vez que la celebramos estamos haciendo memoria de lo que Él hizo por nosotros al darnos la salvación, perdón de pecados y la vida eterna; pero también tiene el propósito de anunciar su Segunda Venida.

Muchos creyentes en Corinto no veían esta celebración como un encuentro espiritual, pero ciertamente, era la parte más sagrada de la celebración de comunión y compañerismo con Dios y con los miembros de la comunidad de creyentes; por eso, Pablo les advierte que Dios los juzgará por la manera como participan de la Cena del Señor, indicando que entre los corintios había algunos que no discernían la realidad del cuerpo de Cristo, 1 Corintios 11: 27-30.

La Cena del Señor, no debe tomarse como algo ritual y sin sentido, porque constituye la más elevada expresión y práctica de la adoración cristiana. Es tan importante que la institución de la Santa Cena se menciona en los cuatro evangelios y se repite en esta carta del apóstol Pablo, quien había recibido esta enseñanza por revelación directa cuando dice: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado”, según esto el Señor le dio las instrucciones especiales para celebrar la Cena.

En ese entonces la Cena del Señor era precedida por una comida social que se celebraba en los hogares regularmente, ya que después del Pentecostés los creyentes se mantenían unidos, Hechos 2:46-47. Así que la iglesia de Corinto seguía ese mismo procedimiento. En la iglesia primitiva era una fiesta de amor, por eso la llamaban “agape”, era parte del compañerismo y comunión de la iglesia.

A partir de ese día, Jesús hizo algo nuevo de la celebración de la Pascua, Él mismo sería nuestra Pascua como dice 1 Corintios 5:7 “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”.

Cuando celebremos la Cena del Señor, recordemos en primer lugar que es una conmemoración, por eso Jesús repitió la frase: “haced esto en memoria de mí”, miramos hacia atrás al momento de su muerte en la cruz; en segundo lugar, significa comunión, nos habla del presente, del hecho de que hoy estamos unidos a un Cristo vivo y, en tercer lugar, es un compromiso que se proyecta al futuro, al hecho de que Jesús vendrá otra vez. Hoy en día tanto la Pascua como la Santa Cena son celebraciones separadas, porque no tenemos un ágape o comida que preceda la celebración de la Cena del Señor, sin embargo, Pablo nos invita a celebrar la Santa Cena con sinceridad y verdad, como un momento de adoración a nuestro Redentor que dio su vida por la humanidad y que regresará pronto para celebrar con nosotros en el cielo.  Oración.

«Señor Jesús, hoy quiero entrar al aposento alto de tu presencia y darte gracias por lo que hiciste en la cruz por esta humanidad; que hoy al celebrar la Santa Cena, recuerde tu muerte, tu sangre derramada para darme salvación, perdón de pecados y vida eterna, por eso permíteme acercarme a tu mesa con un corazón perdonador y con reverencia santa, limpiándome de todo pecado, perdonando toda ofensa y vivificando mi espíritu, recordándote, sólo quiero decirte: “ven Señor Jesús”, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 5 de abril de 2023

Asume tu responsabilidad

 


Asume tu responsabilidad

“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me disté por compañera me dio del árbol, y yo comí”. Génesis 3:11-12

“Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga”. Gálatas 6:4-5

“Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio”. Salmos 51:3-4

Una de las actitudes más nocivas que podemos adoptar es culpar a otros por nuestros errores, lo más triste es que sucede todo el tiempo dentro del matrimonio, en los hogares, en el colegio, en el trabajo y demás. Adán le dijo a Dios: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Adán culpó primero a su mujer, pero en última instancia culpó a Dios por darle esa compañera.

Si culpamos a los demás, adoptamos la postura de víctimas del sistema de gobierno, de mi cónyuge, de mis padres, profesores, etc. no podremos cambiar nosotros, porque estamos colocando un velo a nuestro pecado y mirando sólo la equivocación de los demás. Decimos muchas veces que queremos cambiar nuestro entorno, pero esto no sucederá a menos que empecemos a cambiar nosotros mismos. Dejar de responsabilizar a otros por nuestras fallas, nos hará ver nuestras malas decisiones, nuestro orgullo, nuestra gran necesidad de perdón y transformación.

En una confrontación siempre aflora el orgullo, porque sacamos en alto errores de los demás, en los que pensamos que nunca caeremos, esto opaca a Dios y su misericordia. Sería más fácil resolverla, si recordamos que también somos vulnerables y podemos caer en cualquier momento, si miráramos a esta verdad seríamos más misericordiosos con los demás.

Hay una tendencia de compararnos con otros en forma desfavorable. El Señor nos manda a pensar de nosotros mismos con cordura, valorando a los demás, Romanos 12:3. El legalismo o la religión pone carga tras carga sobre una persona. Jesús dijo de los líderes del judaísmo en su tiempo: “Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”, Mateo 23:4; ellos aplicaban su propia justicia hacia la gente, pero no vivían bajo los principios de Dios.

Como personas espirituales, que hemos nacido de nuevo, debemos ayudar a nuestros hermanos en sus conflictos contra las tentaciones y opresiones de la vida, y si nosotros hemos pecado, debemos confesar como David lo hizo, reconociendo toda la responsabilidad ante Dios. Marcos 12:30-31 dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos”. Solamente es en el amor que podemos cumplir la ley de Cristo. ¿Entonces si queremos llevar cargas, por qué no ayudarnos unos a otros en amor?

Si creemos que somos algo por nuestros propios méritos, no tendremos mucha tolerancia por las cargas de los demás. Por eso recordemos hoy que: Debemos llevar la carga de perdonar y restaurar a otros, debemos llevar la carga de apoyar a los que están atravesando dificultades, esto implica escucharlos, aconsejarlos y estar dispuestos a ayudarlos, aún, debemos llevar la carga que nadie más puede llevar, como Pablo expresa en Romanos 15:1 “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos”.  Oración.

«Padre amado, que fácil es disculpar mi pecado culpando a otra persona o a las circunstancias que me rodean; pero tú conoces mi corazón y sabes la verdad, por eso admito mi pecado y pido perdón; enséñame a asumir mi responsabilidad; y en amor ayudar a mis hermanos a sobrellevar sus cargas, a amarlos y a no sentirme superior a ellos, porque soy vulnerable y en cualquier momento puedo caer. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 4 de abril de 2023

Renovando mi llamado

 

Renovando mi llamado


“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Apocalipsis 3:15-16.

“Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”, Jeremías 1:9-10.

Si alguna vez hemos tomado agua tibia sabemos lo desagradable que es. Así se vuelve la iglesia de Cristo cuando cae en tibieza espiritual. Somos tibios cuando nuestra posición como cristianos no es firme, por ser indiferentes a las necesidades de las personas, por no llevar el mensaje de Cristo a este mundo perdido. El corazón de la iglesia se endurece, se llena de orgullo y se siente satisfecho sirviendo a Cristo a medias, nos volvemos cristianos solo de nombre y en última instancia, nos lleva a la decadencia espiritual. El Señor Jesús nos está llamando a renovar nuestra fe y avivar el fuego de su Espíritu en nuestros corazones.

A Jeremías se le llamó el profeta del corazón quebrantado, tuvo que vencer muchos obstáculos para poder cumplir con su llamado: 1) El temor: el Señor le dijo que no estaba solo, que Él lo libraría, Jeremías 1:8. 2) Sentirse incompetente: el Señor le dijo que había colocado sus palabras en su boca, Jeremías 1:9. 3) El rechazo: ya que fue un ministerio difícil, porque las personas no lo querían escuchar, Jeremías 11:19.

A pesar de lo anterior, Jeremías no renunció a su llamado y dijo: “porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”, Jeremías 20:8-9. A pesar de todo lo que estaba sintiendo y su deseo de claudicar, su corazón estaba encendido por la presencia de Dios, esto le permitió seguir adelante.

Estamos viviendo una época muy parecida a la de Jeremías, las naciones se conducen al desastre, están llenas de corrupción, odio y violencia; y Dios ha sido dejado totalmente fuera de escena; y cuando los que no creen lo mencionan lo hacen con ironía y desprecio, por eso debemos aprender del profeta, aunque nos sintamos marginados, con desánimo y frustración.

La Biblia nos dice en 1 Juan 4:4: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”. Avivemos la fe, primero recordando que también fuimos escogidos desde antes de la fundación del mundo con un propósito; conscientes de que el Todopoderoso está con nosotros y que el Espíritu Santo hablará por nosotros, Lucas 12:12; la obra no será fácil, pero hay que arrancar, destruir, arruinar y derribar todo lo que se levante en contra del evangelio de Cristo y poder así, edificar, plantar el reino de Dios en esta tierra. Como Jeremías, pidamos que el fuego de su Espíritu se vive en nuestro corazón, apoyémonos en la Palabra de Dios, porque el Señor es fiel a ella y la cumplirá por encima de cualquier cosa, para llevar a cabo su plan de salvación para esta humanidad.

Digamos como Jeremías “había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”.  Oración.

«Señor Jesucristo, hoy estamos en las mismas condiciones que en tiempos del profeta Jeremías, debo predicar el evangelio a una generación que va rumbo a la destrucción, pero no puedo dejar de hacerlo. Tú vienes por segunda vez a reinar y a juzgar a las naciones, renueva mi llamado, ayúdame a compartir tu evangelio, aviva el fuego de tu Espíritu en mí, para que lleve a los que me rodean al arrepentimiento y muchos sean salvos. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 3 de abril de 2023

DIOS CAMBIA LA AFLICCIÓN EN REGOCIJO

 


DIOS CAMBIA LA AFLICCIÓN EN REGOCIJO

“Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? Y se levantó Ana […]; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, 1 Samuel 1:8-11

El pueblo de Israel vivía momentos críticos, porque sus enemigos los filisteos se habían fortalecido, pues contaban con moderna tecnología militar griega, por tanto, era necesario que Dios levantara un profeta y juez de Israel, para restaurar la ley, el orden y la adoración a Dios.

Un varón llamado Elcana, hombre piadoso y temeroso de Dios, tenía dos esposas (Situación no aprobada por Dios), Ana que era estéril y Penina quien sí tenía hijos, y ésta “la irritaba (a Ana), enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos”. Ana se sentía muy afligida porque era una gran desgracia en Israel que una mujer fuera estéril.

En estas circunstancias de tanta aflicción, Ana fue al templo y “con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente” y hace un pacto con el Señor, pidiendo: si “dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida”. La Biblia cuenta que Dios la escuchó y le concedió un hijo que se llamaría Samuel, ella lo dedicó a Dios y apenas lo destetó, lo consagró en el templo y fue reconocido como fiel profeta de Dios.

Esta historia nos enseña que la tristeza o la aflicción no deben impedirnos orar, mucho menos enojarnos con Dios, pues en la presencia de Él todo cambia, así como ocurrió con Ana. La Biblia dice: “Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste”. Presentémonos delante del Señor, derramemos nuestra alma y clamemos con fervor, que Él nos responderá y con su poder nos liberará de la amargura y la frustración. El gozo del Señor renueva nuestras fuerzas. Ana en su cántico dice: “Mi corazón se regocija en Jehová” “Porque nadie será fuerte por su propia fuerza”. (1 Samuel 1:1,9)

Hermano, nada es imposible para Dios, Él es poderoso para hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o entendemos. El Dios que adoramos es el Dios de Ana, es el que quita toda esterilidad, el que cambia la tristeza en gozo, es el Dios que se hizo hombre y vino a entregar su vida en una cruz por amor a nosotros, el Dios que susurra a nuestro oído diciéndonos que echemos toda carga sobre Él, porque Él tiene especial cuidado de nosotros.  Oración.

"Amado Padre, no quiero vivir en aflicción, me levantaré y haré lo que hizo Ana, rechazar ser una víctima y correr a tu presencia. Tú conoces mi necesidad, por tanto, a ti clamaré y oraré con lágrimas en mis ojos, echando toda ansiedad sobre ti, sabiendo y confiando que eres el Dios de imposibles, el que cambia la tristeza en gozo. Gracias Señor. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 2 de abril de 2023

Soltar implica confiar

 


Soltar implica confiar

“Y lo entregó a sus siervos, cada manada de por sí; y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada. Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres?, ¿y adónde vas?, ¿y para quién es esto que llevas delante de ti?, entonces dirás: Es un presente de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros”. Génesis 32:16-18.

La inestabilidad de Jacob, conocido como “el engañador”, “el maquinador” se ve en este pasaje. Después de haber tenido un encuentro sobrenatural con Dios donde el Señor le habla y le dice: “Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo”, Génesis 31:3.

Ahora Jacob, entra en desesperación recordando su conflicto con su hermano Esaú, al que había engañado 20 años atrás, se olvidó de lo que Dios le había prometido y tuvo temor de morir. Entonces idea un plan para aplacar y suavizar la situación, una vez más usó sus artimañas enviando presentes con sus siervos, antes de encontrarse cara a cara con Esaú. Nuevamente aflora su condición anterior tratando de hacer las cosas por sí mismo y en sus fuerzas, sin contar con Dios; y aun después de haber expresado un tremendo clamor penitente delante del Señor, en Génesis 32:10-11.

Es lo mismo que nos sucede a nosotros, después de haber orado, de reconocer nuestra propia indignidad y de rogar pidiendo por liberación, volvemos a desconfiar y tratamos de obrar como pensamos y olvidamos completamente las promesas que el Señor ya nos ha dado, esto impide la transformación total de nuestra vida. Cuando hacemos las cosas según nuestro criterio, cuando nos aferramos a nuestros planes, cuando no soltamos nuestro pasado, es imposible que Dios pueda obrar en nosotros como Él quiere.

También ponemos en entredicho lo que ya hemos confesado con nuestra boca delante de otros, acerca de lo que Dios hace en nosotros. Los siervos de Jacob debían estar confundidos al verlo lleno de temor, después de ver la respuesta a la oración que hizo a Dios, cuando lo rodeó de ángeles divididos en dos grupos o campamentos que salieron a su encuentro, Génesis 32:1. Esta experiencia indicaba la presencia protectora de Dios. “Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es este; y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim”, Génesis 32:2, pero, al intimidarse ante su hermano, pudo ser muy desconcertante para ellos, pues se olvidó que Dios iba cuidándolo paso a paso. Cuántas veces con nuestras actitudes podemos estar invalidando la acción de Dios sobre nuestra vida y confundiendo a otros con nuestra débil fe.

Evaluemos si nuestros labios dicen una cosa, pero nuestra vida muestra otra diferente. Seamos conscientes que Dios insistirá una y otra vez hasta que abandonemos nuestros planes, que dejemos de actuar en nuestras fuerzas, soltemos las riendas de nuestros asuntos y se los entreguemos a Él para que obre en nosotros. Dejemos de pelear solos, descansemos en el poder del Dios que libra nuestras batallas como dice Éxodo 14:14: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”. Recuerda, “soltar” implica “confiar en el que nunca nos soltará”.  Oración.

«Amado Dios, quiero descansar en tu poder, ayúdame a soltar todas mis cargas sobre ti y confiar en que tú me sustentarás, quita todo temor de mi corazón, que yo pueda apoyarme en tus promesas, porque has declarado estar conmigo todos los días hasta el fin del mundo, que no me dejarás, ni me desampararás, en Cristo Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 1 de abril de 2023

Hijos de Dios sin transformación

 


Hijos de Dios sin transformación

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2.

Es muy común hoy en día encontrar personas que han realizado una oración de fe recibiendo al Señor Jesús como su Salvador, hecho que como nos declara la Escritura en Juan 1:12 y Romanos 10:9 nos hace hijos de Dios y nos proporciona salvación. Lo cual, quiere decir que cada vez más el evangelio se está extendiendo por toda la tierra, algo que es extraordinariamente bueno, pero infortunadamente también se ve el aumento del número de hijos de Dios sin transformación.

Hijos de Dios que siguen haciendo la voluntad de su carne y de sus pensamientos tal como lo hacían antes de conocer a Dios, así como nos lo dice Efesios 2:3 «entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás».

Así que, en lo que debemos reflexionar sincera y diligentemente el día de hoy, es en la manera en la que estamos llevando nuestra vida. ¿Será que cada decisión que tomamos está influenciada y respaldada por la voz de Dios? O ¿será que en cambio nuestra influencia está viniendo del mundo, las redes sociales, nuestros pensamientos o nuestros deseos?

Hermanos, somos hijos de Dios y por ende debemos vivir como tal, es decir bajo su autoridad, transformando nuestra manera de pensar y de actuar a través de la lectura, meditación y aplicación de la Palabra del Señor.   Oración.

«Padre amado, no quiero ser una persona tibia o falsa, que se enorgullezca de ser llamado tu hijo, pero que con mis acciones lo niegue. Te pido que por el Espíritu Santo que mora en mí me redarguyas y me lleves a corregir todo aquello que está en contra de tu buena, agradable y perfecta voluntad. Por Jesucristo mi Señor, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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