domingo, 11 de septiembre de 2016

¿Eres un Elí o un Samuel? 1° Samuel 3:1

¿Eres un Elí o un Samuel?
1° Samuel 3:1

El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.
Somos hijos de Dios, y como tales se nos ha dejado al Espíritu Santo para que podamos comunicarnos con Dios. Ahora podemos escuchar la voz de Dios porque somos sus ovejas y Él es nuestro Pastor. Lamentablemente muchas veces nos damos cuenta que hemos dejado de percibir su voz. No que Dios no quiera hablar, El siempre está interesado en hablarnos, pero por ciertas razones dejamos de escuchar Su voz.

El dejar de depender del Espíritu Santo es peligroso porque comenzamos a depender de nuestra alma y de lo que hemos aprendido religiosamente, lo cual nos puede llevar a caer en el humanismo, el legalismo o misticismo.

Estos son tiempos de mucha confusión y eso es peligroso porque mucha gente corre a oír diferentes maestros que el pueblo escucha. Son Elís que ya no tienen nada que decir porque tampoco escuchan voz de Dios. Ahora, el Señor está trayendo un despertar a su iglesia, lo cual incomoda a muchos porque no nos gusta cambiar lo que estamos acostumbrados a hacer por algo nuevo, nos hace sentir incómodos.

En el libro de Samuel 3:1 dice en esos tiempos las visiones no eran frecuentes (en el tiempo de Samuel).

2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver, comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver,

3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,

4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.

5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.

6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.

7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.

8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.

9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.

10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

Enfoquemos a los personajes Elí y Samuel a nuestra propia vida. No veas al Elí de la Biblia, sino al que está en ti. "Elí es un sistema", un sistema pasado que ya no se puede aplicar al tiempo presente de Dios, porque en el sistema de Elí ya no se escucha la voz de Dios, sino la tradición, la palabra que se trata de acomodar a los noticieros, un querer agradar al pueblo y no se aplica la palabra viva de Dios. Por lo tanto, es importante que antes de oír a los Elís de nuestro tiempo, oigamos la voz de Dios. Él desea enseñarnos la necesidad de escuchar Su Voz, no de atenderlo que viene de lo humano.

A nuestro oído le es más fácil escuchar que alguien nos diga: ¡"Así dice el Señor"! Que nosotros tengamos la sensibilidad para poder oír voz de Dios. Muchas veces Dios nos esta hablando y pone un pensamiento de Él en nuestra mente, tú sabes que eso no proviene de ti, pero te sientes inseguro y dudas si estas escuchando voz de Dios o si es algo tuyo. Acostumbrarnos a oír voz de Dios no es fácil ya que nos hemos acostumbrado a oír voces como la murmuración, la voz del enemigo, la voz de nuestra alma y al oír tantas voces llega un momento en el que cuesta diferenciarlas.

Samuel nos habla de un sistema diferente, un despertar, un cambio, en el cual la voz de Dios se escucha para traer cosas nuevas a Su iglesia. En estos tiempos Dios está trayendo un avivamiento para los que tienen oído para oír. El principio de lo nuevo solamente va a existir cuando escuchemos Su voz, Isaías: 43 "No os acordéis de las cosas pasadas, ni consideréis las cosas antiguas, he aquí yo hago una cosa nueva y pronto surgirá no la conoceréis otra vez, os haré un camino en el desierto y un río en el sequedal". El Señor estaba diciendo a Su pueblo: "Olvida lo que queda atrás para que tengas capacidad de recibir lo nuevo". Cuando hablamos de un sistema no hablamos de algo que no funciona. Porque Elí tuvo su tiempo en el cual fue usado como instrumento de Dios para el pueblo. Elí era un hombre que escuchó la voz de Dios en un tiempo. Durante ese tiempo el pueblo tuvo voz de Dios, pero en el momento en que dejaron de oír Su voz se produjo un ambiente de confusión. La confusión es producto de haber perdido la sensibilidad para oír voz de Dios y el pueblo esta escuchando voz de hombres porque los ministros también. Es importante presentarnos delante de Dios y esperar algo nuevo, para eso es necesario apartarse de lo viejo.

Dios es un Dios de cambios, Dios no cambia en su carácter, naturaleza, ni verdad, pero cambia a través de los tiempos para poder ejercitar una influencia en la humanidad. Somos llamados a caminar con guianza, Él dejó al Espíritu Santo para guiarnos a toda verdad, pero hay que entender que no podemos quedarnos en lo de antes porque eso impedirá ver lo nuevo.

Elí no oía la voz de Dios, pero la entendía y Samuel la oía pero no la entendía, se necesitó que ambos platicaran para que en Samuel pudiera darse un cambio. Pareciera que estamos atacando un sistema viejo, pero no, lo de atrás tuvo su funcionalidad "Uno no puede ser fiel a lo que va, sino reconoce de donde ha venido"

Era necesario para Samuel que hubiera un Elí que le explicara (1a. Samuel 3:10)

Samuel sabía muy bien que si Elí iba a morir y que él debía esperar a que Dios lo quitara para actuar. Pues no le correspondía a él cambiar el sistema ni eliminar a Elí, sino a Dios. No podemos atacar a los Elís, sino esperar que el Señor de lo que va a venir, algo nuevo y Él se encargará de quitar a Elí. "Dios no está buscando bocas, sino oídos". Si nos preocupamos por oír voz de Dios, no estaríamos esperando un avivamiento, estaríamos en avivamiento.


Dios te bendiga…

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