miércoles, 13 de mayo de 2015

Hebreos 12:7-8

Hebreos 12:7-8

Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos.  ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina?  Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos.



Cada vez que escuches sobre alguna ideología o en general cualquier metodología, te recomiendo que acudas a la biblia y pongas un cuestionamiento para discernir si es o no bíblico lo que estás escuchando.  Hoy en día vivimos en un ambiente muy distinto al de hace 20 o 30 años.  Ahora todo es aceptable pero al mismo tiempo intolerable cuando alguien quiere imponer disciplina firme.  Hay personas que están totalmente en contra de una “nalgada” a un hijo mientras que antes se llegaban a utilizar cinturones para corregir.  Definitivamente no estoy sugiriendo la agresividad como un método de disciplina.  Lo que estoy diciendo es que tenemos que tener los ojos abiertos y nuestra visión muy pegada a lo que la biblia dice para no caer en la disciplina que aplica el mundo en lugar de la que aplica Dios.  Piénsalo por un momento.  ¿Cómo quieres que se comporten tus hijos?  ¿Como la mayoría de los hombres o como un hijo de Dios?  ¿Vas a pasar por alto la disciplina firme porque está mal vista y no quieres quedar mal?  Recuerda que nosotros rendimos cuentas a Dios y no a los hombres.  No lo pierdas de vista.
Ahora, así como nosotros buscamos lo mejor para nuestros hijos y seres queridos, Dios también quiere bendecirnos.  Tristemente la disciplina se ha vuelto muy poco popular.  El hecho de que alguien pase por un momento difícil se vuelve motivo para cuestionar los planes de Dios en lugar de oportunidad para ser transformados por Él.  El versículo de hoy es muy claro: si Dios no nos considerara sus hijos, simplemente no le importaría lo que hiciéramos.  Pero la realidad es que sí se interesa por nosotros y por ello nos corrige.  ¿Estás pasando un mal momento?  ¡Puede ser Dios disciplinándote!  Si algo he aprendido en estos últimos meses es que necesito mucha disciplina y el Señor se ha encargado de ponerme en mi lugar en repetidas ocasiones.  No lo escribo como queja.  ¡Al contrario!  Hoy le doy gracias al Señor por preocuparse por mí y no permitir que me aleje de Él y que otras cosas le roben el trono de mi vida.  ¿Sabes?  La disciplina quita la atención de lo que yo quiero y lo que yo necesito y nos reenfoca a lo que Dios quiere y lo que Él espera de nosotros.
Lo que quiero que medites el día de hoy es que la disciplina es buena.  Como humanos, hemos cometido muchos errores al aplicarla y por eso ahora nadie quiere aplicarla.  Nos fuimos de un extremo al otro.  Sin embargo, la disciplina sigue siendo buena.  Dobla tu orgullo y abre los ojos para poder ver y entender las correcciones que quiere hacer el Señor en tu vida.  Escúchalo.  Obedécele.  Renuévate.

Oración

Padre: hoy quiero abrazar tu disciplina pues entiendo que me amas y solamente quieres lo mejor para mí.  Gracias por corregirme y no permitirme seguir por el camino equivocado.  Perdona mi necedad y orgullo al quejarme de lo que me sucede.  Hoy entiendo que es tu amor el que sobresale y no tu enojo.  No dejes de guiarme por tu camino ni permitas que me aparte de Ti.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén.

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