jueves, 30 de octubre de 2014

Hebreos 8:1-2

Hebreos 8:1-2
Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano.


Por un lado, estamos nosotros tratando de sobrevivir.  Por el otro, está Dios buscándonos todos los días para que nos reconciliemos con Él.  Por un lado estamos buscando sentido a nuestra vida.  Por el otro está Dios con sus manos abiertas esperando a que lo veamos y abramos nuestros brazos para recibirlas.  Por un lado estamos aferrados a lo que tenemos.  Por el otro, no tenemos idea de cuánto nos estamos perdiendo por no voltear al Señor.  Por un lado nos sorprendemos de los templos u otro tipo de arquitectura mientras que por el otro no podemos comprender lo que significa leer que hay un tabernáculo levantado por el Señor y por ningún ser humano.
Hay una línea que divide lo espiritual de lo carnal.  Es importante encontrarla.  Es importante respetarla y aprender a mantenernos del lado correcto en todo lo que hacemos.  No podemos traspasarla para algunas cosas y al mismo tiempo permanecer en la espiritual.  O se está de un lado o se está del otro.
¿Por qué escribo esto y qué tiene que ver con el pasaje de hoy?  Al leer los versículos me doy cuenta de lo poco que entendemos a Dios y lo mucho que lo limitamos.  Confiamos más en lo que podemos oír y tocar en lugar de la palabra de Aquél que es alabado en el cielo.  Tenemos a un sacerdote que intercede por nosotros y está sentado a la diestra de Dios.  ¡Nos ama!  Quiere llenarnos de bendiciones.  Sin embargo nosotros no le entregamos nuestra vida.  ¿Por qué?  ¿Por qué cuesta tanto trabajo dejar atrás todo y perseguir una vida entregada al Señor?  Sé que no soy el único que se ha cuestionado esto.  Espero tú también te lo hayas preguntado pues es señal de nuestro deseo de seguirle y romper con tantas cosas que estorban en nuestra comunión con Él.  El pasaje nos dice que Cristo está a la derecha del Padre (Majestad).  Nos dice que habita en donde ningún ser humano ha construido.  ¿No te parece increíble?  ¿Qué más podemos pedir?  Cristo murió por nosotros.  Resucitó para estar con el Padre e interceder por nosotros.  Quiere ser nuestro sacerdote.  No necesitamos realizar ningún sacrificio.  Él ya hizo todo.  Insisto.  ¿Qué más podemos pedir?  Sin embargo nos cuesta trabajo morir a nosotros y tomar su cruz.  Nos cuesta trabajo compartir de Él en el trabajo o con nuestros vecinos.  Nos cuesta trabajo creer que pueda hacer algún milagro en nuestra vida.  No tiene sentido.  Si realmente creemos en la biblia no podemos seguir así.  Si realmente somos seguidores de Él, nuestra vida, nuestras acciones, deben de confirmar esa creencia y convicción.  De lo contrario nos estamos engañando.  Estamos en un juego de apariencias donde tristemente nosotros somos los únicos perjudicados.  Piénsalo.  ¿En dónde estás parado?

Oración

Señor y Padre mío: alabado seas.  Has hecho todo por mí y yo no merezco tanto.  Te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón por ignorarte y no dejarte reinar en mi vida.  Quiero tomar tu cruz y seguirte.  Quiero dejar atrás todo lo que estorba en mi comunión contigo.  Quiero mirar a la meta que es a tu lado y caminar confiado en que Tú alumbras mis pasos.  Gracias mi Señor.  Gracias por tanto que me das.  En Cristo Jesús.  Amén.

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