miércoles, 1 de octubre de 2014

1 Pedro 5:1-4

1 Pedro 5:1-4


A los ancianos que están entre ustedes, yo, que soy anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe con ellos de la gloria que se ha de revelar, les ruego esto: cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere.  No sean tiranos con los que están a su cuidado, sino sean ejemplos para el rebaño.  Así, cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la inmarcesible corona de gloria.



Si algo no deja de sorprenderme de Dios es que nos pide exactamente lo que Él ya hizo.  Cada detalle que nos pide, se encargó de dejarnos el ejemplo perfecto.  ¿Qué hizo Jesús sino dedicar su vida entera a los discípulos y a todos nosotros?  Cuidó de ellos como su rebaño.  A pesar de ser negado, traicionado, cuestionado por su gente, siempre se mantuvo amoroso y sin dejar de servir.  Nunca pidió nada a cambio.  No reclamó el querer más dinero por ser quien hacía los milagros.  No pidió más por ser el líder.  No pidió más aunque lo merecía todo.  Él lo compartía e incluso dejaba que Judas fuera quien se encargara de administrar sus finanzas.  Cuando fue tentado por el diablo no mandó a sus ángeles para que lo acabaran sino contestó con paciencia y sabiduría a cada engaño.  Ese es el gran ejemplo de Jesús y es lo que pide que hagamos.  Si bien, el versículo se refiere a los ancianos, quienes no lo son por edad sino por posición en el servicio de la congregación, realmente cada uno de nosotros tiene esa responsabilidad.  A todos se nos envió a hacer discípulos.  A todos se nos ha pedido llevar el mensaje de Cristo.  Esto significa que cada uno de nosotros debería tener “ovejas” a su cargo.  No se trata de llevar un mensaje y “aventar” a las ovejas a la iglesia y que “ellos” se encarguen.  Tú debes ver por esa persona.  Debes dedicarle de tu tiempo y velar por su crecimiento espiritual.  Ahora, los líderes de la iglesia tienen mayores responsabilidades y por consecuencia sus errores pueden causar un impacto de más tamaño.  Por esta razón se hace especial énfasis a ellos.  Pero si leemos con atención lo que Pedro pide a los ancianos, realmente podemos identificarnos con cada uno de los principios.
Cuiden al rebaño.  Tengamos cuidado de nuestra iglesia.  Protejámosla.  Mantengámonos unidos en el amor de Dios y busquemos estar en paz los unos con los otros.  Líderes, ancianos, pongan atención a lo que sucede.  No dejen que haya pleitos.  No dejen que las personas se alejen de la palabra.  Dediquen de su tiempo al crecimiento espiritual de cada “oveja”.  Que el servir se vuelva un acto natural y de gozo.  Que el servir no sea una carga sino un motivo de bendición.  Recuerda, nuestra carne prefiere ser servida pero hay mayor bendición en servir.
No sean tiranos.  No utilicemos nuestra posición o conocimiento para aplastar a los demás.  No queramos dar órdenes como si fuéramos la autoridad máxima.  Todos estamos sujetos a Cristo.  ¿Cómo sentirse superior?  ¿Cómo tratar mal a nuestro hermano?  Tristemente la carne puede convertirnos en tiranos y por ello Pedro nos advierte de no caer en esta situación.
Sean ejemplo a su rebaño.  El mismo Pedro fue reprendido por estar llevando un doble testimonio entre los judíos y los gentiles.  Por experiencia propia nos recuerda la importancia de ser congruentes y llevar el ejemplo de lo que predicamos.  Como dice Santiago: ¿puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y salada?  Entonces ¿cómo es que podemos comportarnos de dos formas con una misma creencia en Cristo?  Pon atención a tu testimonio.  Pon atención a las palabras que salen de tu boca.  Pon atención a tus actos.  Pon atención a lo que hay en tu corazón.
Cada uno de estos principios servirán para darle sentido a tu vida.  Traerán bendición a tu camino y el día que Dios te llame, podrás estar gozoso de haber utilizado todo lo que recibiste de Él para Su gloria.

Oración
Padre Santo: te doy gracias por el maravilloso ejemplo de Jesús y del apóstol Pedro.  Gracias por mostrarme que puedo vivir distinto.  Gracias por recordarme que mi carne puede ser controlada y mis decisiones pueden ser distintas.  Te pido que aprenda a servir, a cuidar a los hermanos a que permanezcan en su fe y a mantenerme siempre humilde y sencillo.  Te pido no dejes de transformar mi vida y mostrarme cómo servirte.  En el nombre de Jesús.  Amén

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