lunes, 8 de diciembre de 2025

Cristo es mi Señor

 

Cristo es mi Señor

«En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Elisabet. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre, y Elisabet fue llena del Espíritu Santo”. Lucas 1:39-41

“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”. Juan 7:38-39

María fue a visitar a su prima, con mucho gozo, para confirmar lo que se le había anunciado. Cuando María llegó, y saludó a Elisabet, esta mujer fue llena y controlada por el Espíritu Santo, y la criatura saltó en su vientre. Qué hermoso sería que cuando nosotros tan sólo saludáramos a alguien esa persona fuera llena del Espíritu Santo al sentir la presencia de Jesús en nosotros. Sin embargo, muchos creyentes no están llenos del Espíritu de Dios porque no conocen al Espíritu Santo y no entienden cómo experimentarlo en su vida diaria.

María era una mujer de una profunda intimidad con Dios, por eso estaba llena del Espíritu Santo. No podemos experimentar comunión con Dios si fallamos en depender de su Espíritu. Muchas veces confiamos en nuestras propias fuerzas para vivir la vida cristiana y esto nos llevará al fracaso y la frustración. El Señor nos aconseja a través del apóstol Pablo a vivir por el Espíritu, Gálatas 5:16-17. Ser lleno del Espíritu Santo es ser dirigido y capacitado por Él, momento a momento.

«Y exclamó a gran voz: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?, porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.» Lucas 1:42-45

Elisabet había creído en Dios y había vivido agradándole. Y ahora, como mujer mayor, estaba animando a María, su prima más joven. Por eso, en una actitud muy humana y humilde, con palabras de alabanza le asegura a María el cumplimiento de lo que Dios le había revelado, a través de Zacarías, que el fruto de su vientre era el Cristo, el Mesías anunciado. Ese fue un gran estímulo para María, para acrecentar su fe. La llamó «madre de mi Señor», reconociendo a Jesús como su Señor y Salvador. El embarazo de María pudo haber parecido imposible, pero su parienta sabia y anciana creyó y se regocijó.

Que la presencia del Espíritu Santo nos lleve a rendir el control de nuestra vida al Señor Jesucristo, a someternos absolutamente a Él, y como Elisabet a rendirle alabanza y exaltación, a proclamar que Jesucristo es el Señor y a influenciar la vida de otros para que su fe crezca.     Oración.

«Señor Jesucristo, gracias por haber derramado de tu Espíritu en mi corazón, al creer en ti como dice la Escritura, que de mi interior corren ríos de agua viva, permitiendo que momento a momento dependa del Espíritu de Dios, para experimentar una profunda intimidad contigo, una vida llena y controlada por ti y un deseo intenso de alabarte y confesar que eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente, amén.


domingo, 7 de diciembre de 2025

He aquí el siervo del Señor

He aquí el siervo del Señor

“Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”, Lucas 1:35-38

Para confirmar su mensaje, el ángel habló del milagro que ya había sido experimentado por Elisabet, y María aceptó la promesa sin indicación alguna de dudas como las que habían atemorizado a Zacarías.

El hijo de María sería santo. Como el significado básico de esa palabra es “separado para Dios” más bien que “moralmente correcto”, simplemente puede significar “divino”. Por eso ningún hombre tuvo que ver con el nacimiento de Jesús. En el libro de Levítico el nacimiento de un hijo causaba a la mujer un estado espiritual de impureza por haber traído un pecador al mundo, pues todos los seres humanos heredamos el pecado de Adán. A María el mensajero divino le dijo que ella no estaba trayendo un pecador al mundo. Porque el ser que nacería era santo, sin pecado.

La frase del ángel, «nada hay imposible para Dios» es muy apropiada, y expresa una verdad a la que necesitamos aferrarnos en estos días. Sin embargo, es bueno enfatizar que algunos han distorsionado el significado de esta afirmación. No hay nada imposible para Dios cuando Él ha determinado hacer algo, pero Él no necesariamente hará lo imposible que le pidamos. Muchos utilizan este versículo como un lema para encubrir el hecho de sus propios deseos egoístas. Es cierto que no hay nada imposible para Dios, pero Él hará todo conforme a su voluntad, todo lo que esté dentro de sus planes y que para nosotros es imposible.

María dio una respuesta ejemplar “Entonces María dijo: Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.” Lucas 1:38. Se sujetó al plan divino, se llamó sierva del Señor, mostrando su sumisión a la voluntad de Dios, aun sabiendo que esa decisión le traería muchos problemas personales y hasta el riesgo de morir apedreada según la Ley.

El Señor nos ha llamado a cada uno de nosotros a su plan divino de salvación, quizás a desafíos que para nosotros impliquen problemas en nuestra vida, renuncia a nuestra comodidad y ser señalados por declararnos siervos del Señor, pero como María, rindámonos completamente al Dios Todopoderoso, al Dios de los imposibles, que cumplirá su propósito en nosotros a pesar de las dificultades, Él nos bendecirá y respaldará para que veamos su gloria. ¿Cuántos entonces estamos dispuestos a decirle al Señor “ he aquí el siervo del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra?”    Oración.

«Padre celestial, sé que para ti, no hay nada imposible, así como a María me escogiste y me llamaste para ser parte del plan de salvación para este mundo. Hoy más que nunca necesitas siervos humildes y decididos a llevar la luz del evangelio a toda criatura. Sé que responder a tu llamado puede traer a mi vida dificultades, pero aquí estoy dispuesto a obedecer, sometiéndome a tu perfecta voluntad y así cumplas tu propósito en mi vida, amén. 



sábado, 6 de diciembre de 2025

La naturaleza divina en mi

 

La naturaleza divina en mi

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Lucas 1:30-35

Si nos ponemos frente a esta escena de la historia nos encontraremos en Nazaret ciudad de Galilea, con un relato que transcurrió seis meses después de que el ángel se le apareciera a Zacarías, ahora estaba apareciéndose a María, una virgen del pueblo de Israel. Cumpliéndose la profecía de parte de Dios a través del profeta Isaías que dice: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14

Isaías utilizó la palabra hebrea “~almah” (virgen, doncella) bajo la inspiración del Espíritu Santo profetizando que el Mesías vendría, y ese niño nacería de una virgen. María fue muy favorecida, fue bendecida entre las mujeres. Elevó la maternidad a un nivel superior. Muchos niegan este hecho sobrenatural relatado en la Biblia, considerado biológicamente imposible, pero la autoridad de la Palabra de Dios es suficiente en sí misma y afirma categóricamente el nacimiento virginal de Cristo.

María ante esa aparición angelical se turbó, porque cuando lo sobrenatural se pone en contacto con lo natural, siempre crea temor. Preguntó: “¿Cómo será esto?, pues no conozco varón”. Es importante destacar que ella no dudó de lo que le dijo el ángel, sino que quería saber cómo se realizaría tal acontecimiento. “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios.», Lucas 1:35

La respuesta del ángel destaca un detalle de máxima importancia. El mensajero afirmó que el Espíritu Santo, de una forma creadora, haría que Jesús fuera físicamente concebido. Esta concepción milagrosa y el mencionado nacimiento virginal de Cristo eran necesarios también por su carácter divino, es decir, por su deidad y por su preexistencia. El nacimiento virginal era la única manera por la cual Dios podía introducir a un ser santo en la familia humana, colocando en el vientre de María la simiente divina, por medio del Espíritu Santo.

Cuando María lo entendió estuvo dispuesta a ser ese instrumento que Dios utilizaría para traer al Salvador del mundo, independientemente de todo lo que esto implicaba para su vida.

Ante lo sobrenatural, podemos experimentar el mismo temor, pero tenemos que acostumbrarnos a esto, puesto que el Espíritu Santo nos ha sido dado a los creyentes, para que la naturaleza sobrenatural y divina de Cristo viva en nosotros y se manifieste a través de nuestras vidas. María tuvo el privilegio de recibir a Cristo físicamente al tenerlo en su vientre, pero también espiritualmente (puesto que estaba llena del Espíritu Santo), y su entrega a Él fue total. Ahora nosotros somos los portadores de esa naturaleza divina porque somos templo del Espíritu Santo, que es el mismo Espíritu de Cristo. La pregunta para nosotros entonces es: ¿estamos dispuestos a ser esos instrumentos en las manos de Dios, para que siga haciendo su obra a través de nuestras vidas?   Oración.

«Gracias Señor Jesús por venir a morar en mi vida por medio de tu Santo Espíritu. Como María entiendo que esto es un gran misterio; que el Majestuoso y Soberano Dios, haya decidido venir a morar en mi naturaleza humana, por haber recibido a su Hijo Salvador en mi corazón, pero estoy dispuesto a rendir todo mi ser a ti, y a permitir que tú tomes el trono de mi vida y manifiestes tu naturaleza sobrenatural en mí, lléname de tu Santo Espíritu, amén.   


viernes, 5 de diciembre de 2025

Y llamarás su nombre Jesús

 

Y llamarás su nombre Jesús

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Lucas 1:30-33

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:9-11

Jesús, viene de la palabra hebrea “Iesoús”, se traduce como Josué, la forma griega de la palabra hebrea es Jesús, era un nombre común que significa «el Señor salva». Su nombre se relaciona con su misión de salvar a la humanidad.

Haciendo un paralelo, Josué en el Antiguo Testamento guió al pueblo de Dios a la tierra prometida y en el Nuevo Testamento Jesús guía a su iglesia hacia la vida eterna. Fue el nombre dado por Dios Padre a su Hijo, es un nombre que tiene poder, pues en su nombre hay salvación, hay perdón de pecados, sanidad y liberación. No podemos profanarlo, ni usarlo a la ligera, como algunos lo hacen, Mateo 24:5 dice “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”.

También entender que reunidos en su nombre su Presencia se hace manifiesta en medio de los creyentes, Mateo 18:20 nos recuerda: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. En su nombre podemos ver salvación, transformación y restauración.

En Marcos 16:17-18 dice “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. En el libro de hechos se cumple esta promesa, cuando en el nombre de Jesús, los discípulos hicieron milagros, señales y prodigios. Esta promesa sigue vigente para su iglesia en el día de hoy, usemos su nombre entonces, con reverencia y autoridad, para que Jesús sea glorificado. Juan 14:13 nos dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.

El Señor nos otorga autoridad e identidad en su nombre. Debemos usarlo para orar con su potestad y carácter y para que declaremos que no hay otro nombre debajo del cielo en que podamos ser salvos, como lo expresa Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Es decir, que no hay ninguna otra autoridad, ninguna otra personalidad, ningún otro sistema o filosofía que pueda efectuar el rescate del alma humana. Si bien, hay algunos que defienden la posibilidad de una esperanza humana aparte de la confianza personal en Cristo Jesús, la Palabra de Dios niega tales proposiciones. Veamos 2 Corintios 5:17 que nos dice:” De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, estar “en Cristo” es la única manera de entrar en la “nueva creación” y recibir la salvación eterna prometida por Dios.

Su nombre nos da identidad como creyentes, cuando confesamos que somos uno en Él, comparte su gloria con nosotros para ser testimonio al mundo, Juan 17:21-22 afirma: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”.

En su última petición Jesús ora por la unidad de los creyentes, esa unidad que nos pide no es de naturaleza organizacional sino espiritual, la cual debe manifestarse de manera visible en la vida de la Iglesia, para dar testimonio de la divina misión de Cristo, si entendemos entonces lo que significa su poderoso nombre, rindamonos en obediencia, sumisión y reverencia ante el nombre de Jesús, Filipenses 2:10.   Oración.

«Amado Señor Jesús, toda gloria y honra son para ti, toda alabanza y exaltación a tu poderoso nombre, porque eres el Hijo del Altísimo, eres el Rey soberano y tu reino no tendrá fin. Gracias porque viniste a rescatar mi vida del pecado y de la condenación eterna y en tu nombre, Jesús, recibí perdón de pecados, salvación y una vida nueva, quiero declarar tu nombre con respeto y autoridad y decirle al mundo que no hay otro nombre debajo del cielo en que podamos ser salvos, amén.


jueves, 4 de diciembre de 2025

Dios rompe el silencio

Dios rompe el silencio

“Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”. Lucas 1:11-17

Después de 400 años de silencio Dios intervino, levantando un profeta dentro de su pueblo que sería la voz que se alzaría para preparar el camino del Mesías. Un niño llamado Juan, nacido de un milagro ocurrido a dos ancianos, que ya habían perdido la esperanza de tener descendencia. Zacarías, el padre cuyo nombre significa “Dios recuerda” y Elisabet, cuyo nombre significa “su juramento”; y que al unir los términos nos dan la frase «Dios recuerda su juramento». Nos lleva a la promesa hecha por Dios Padre a David y que dice: «No olvidaré mi pacto ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre y como un testigo fiel en el cielo». Salmo 89:34-37

Esa promesa hablaba de su descendiente que ocuparía el trono eterno, Cristo. Dios recordó su juramento y estaba listo para irrumpir en la historia humana después de 400 años de silencio. Esto debe recordarnos que Dios es fiel a sus promesas y las cumple en su tiempo perfecto. Evidentemente mientras Zacarias sacerdote justo, servía en el altar de oro, reservado para la oración y colocaba el incienso que simbolizaba las oraciones de su pueblo, se le apareció un ángel que le revelaba que la oración por un hijo “había sido escuchada”.

¿Hemos orado alguna vez pidiendo algo, pero realmente no hemos creído que Él nos lo va a conceder? Quizás como Zacarias, muchos no hemos recibido respuesta a alguna oración que hemos hecho y pensamos que Dios la olvidó o que simplemente no era la voluntad de Dios, nos cuesta esperar el tiempo de Dios, pero Él nunca se olvida de nuestras peticiones y dará respuesta a cada una de ellas.

El hijo de Zacarías y Elisabet iba a ser un Nazareo y sería un hombre lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, saturado del poder de Dios, que haría que muchos hijos de Israel se convirtieran al Señor, se reconciliarían con sus padres uniendo ambas generaciones, preparando así un pueblo dispuesto para recibir al Señor.

Por su incredulidad a lo que el ángel le dijo, Zacarias se quedaría mudo hasta que naciera Juan, Lucas 1:20. Hoy recordemos que la Palabra de Dios tiene el sello de Dios. La Palabra de Dios tiene autoridad. Lo que nosotros digamos puede no tener importancia, pero lo que la Palabra de Dios afirma sí la tiene. Y Dios nos habla por medio de ella.

Hoy es un llamado a creer que el Señor nos escucha, como dice Isaías 65:24 “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”. El Señor siempre romperá el silencio para intervenir en nuestra historia, abramos nuestro corazón y nuestros oídos espirituales para entender y creer lo que Él nos habla y lo que quiere de nosotros, ya que como en este caso, el Señor nos eligió para cumplir su propósito, que no es ajeno al de Juan, hemos sido llamados a llevar el evangelio a toda criatura para que se conviertan al Señor y haya un pueblo bien dispuesto para Él, antes de su segunda venida. ¡Preparemos el camino para nuestro Mesías -Rey!.   Oración.

«Padre Amado, eres un Dios fiel a tus promesas. Gracias por escuchar cada día mi oración, agudiza mis oídos espirituales para escuchar tu voz y entender cuál es tu voluntad para mi vida, yo sé que hay peticiones que todavía no respondes, no permitas que mi incredulidad apague mi fe, sino que espere en ti hasta que rompas el silencio, intervengas en mi vida y a través de mi vida, me des la respuesta que tú sabes que necesito, que yo sea esa voz que se alza para proclamar que Jesús es el Mesías, amén. 



miércoles, 3 de diciembre de 2025

La vida que cambió el curso de la historia

 

La vida que cambió el curso de la historia

“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido”. Lucas 1:1-4

“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:13

En este prefacio de Lucas se nos dice que él investigó con diligencia directamente de testigos oculares la vida y obra del Señor Jesucristo, haciendo un relato ordenado y preciso sobre su vida, para darnos certeza de su existencia. La inspiración de La Biblia por el Espíritu Santo no excluye la investigación cuidadosa de los hechos por parte de Lucas con testigos presenciales que habían narrado y preservado lo que habían visto, incluyendo a la virgen María, dándole más autenticidad y confiabilidad al mensaje cristiano. Lucas nos narra la historia de Jesús desde una perspectiva única como gentil, médico y el primer historiador de la iglesia primitiva. Como doctor en medicina, Lucas sabía la importancia de ser minucioso. ¿Cuál fue su diagnóstico? ¡Que el evangelio de Jesucristo es verdad!

El fin último de Lucas es que Teófilo y todos los lectores del evangelio comprendamos a fondo quién es Jesús, profundizando en su conocimiento, ya que saber poco de Jesús es un problema para nosotros; lo que nos lleva a que reflexionemos sobre cuánto conocemos a Jesús y cómo su vida no sólo cambió el curso de la historia sino nuestra propia historia.

Lucas no solo presenta a Jesús como el Salvador del mundo, sino que lo muestra como el Hombre ideal, el Salvador perfecto de una humanidad imperfecta. Por eso el título “Hijo del Hombre” se halla veintiséis veces en este evangelio, este término no solo destaca su humanidad, sino que lo describe como el Hombre perfecto, ideal, el verdadero representante de la raza humana.

Si el anhelo de Dios es que lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13), debemos empezar a estudiar con perseverancia y dedicación su Palabra, permitiendo al Espíritu Santo que aplique su verdad a nuestra vida, para ser transformados a la imagen de Jesús.

Este mes de diciembre tradicionalmente celebramos el primer adviento de Jesús; cuando de la eternidad vino al tiempo, se encarnó y se hizo hombre para vivir en medio de nosotros y darnos salvación; por eso te animo a conocerlo a través de este evangelio, pidiéndole al Espíritu Santo revele a nuestro corazón la universalidad del mensaje cristiano resumido en el versículo de Lucas 19:10 que dice “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Esto nos dará la certeza y seguridad de quién es el Señor Jesucristo.  Oración.

«Amado Jesús, tú eres el Salvador del mundo, y así como Lucas fue minucioso estudiando los hechos y las evidencias de tu existencia, hoy quiero pedirte que coloques en mi corazón un profundo deseo de conocerte más, de ahondar en el estudio de tu Palabra y permitir que el Espíritu Santo siga transformándome, hasta llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, amén.  


martes, 2 de diciembre de 2025

El carácter de Cristo refleja la gloria de Dios

 

El carácter de Cristo refleja la gloria de Dios

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” Juan 1:14

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:18

Es maravilloso saber que nuestro Señor Jesucristo al hacerse hombre nos permitió ver la gloria de Dios de tal manera que pudiéramos entenderla, es decir nos permitió conocer todos esos atributos que exaltan a Dios, como lo declara Juan 1:14, y esto es extraordinario pues de manera práctica nos revela que nuestras vidas como creyentes también pueden reflejar esa misma gloria de Dios, porque ahora Jesús vive en nosotros, y gracias al obrar del Espíritu Santo somos transformados a la imagen de Cristo como lo dice 2 Corintios 3:18.

Ahora bien, ser transformados por el Espíritu en la misma imagen del Señor implica la transformación de nuestro carácter, pasando de ese carácter de un viejo hombre lleno de vicios y defectos, al carácter del mismo Hijo de Dios, un carácter perfecto, coherente, que manifiesta esos atributos divinos como el amor, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza, y que ahora se pueden ver reflejados en nosotros los creyentes gracias al fruto del Espíritu que Dios nos ha dado al creer en su Hijo Jesucristo.

Por eso es que el apóstol Pablo manifiesta en Colosenses 1:27-28 “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre”, y esta perfección solo es lograda mediante el obrar del Espíritu Santo en nuestras vidas al ir desarrollando, gracias a su fruto, el carácter de Cristo en nosotros.

Hermanos, el carácter de Cristo en nosotros los creyente debe llevarnos a reflejar, al igual que Jesús, la gloria de Dios, de ahí la importancia de dar el fruto del Espíritu santo en nuestro diario vivir, pues así de la misma manera que ocurrió durante el tiempo de Jesús en esta tierra, muchos se entregarán al amor de Dios, arrepintiéndose y creyendo en Cristo Jesús.    Oración.

«Espíritu Santo, transfórmame a la imagen de Cristo, desarrolla en mí su carácter, pues quiero ser también un reflejo del amor de Dios, para que muchos lleguen a los pies de Cristo y lo reconozcan como Dios y salvador. Amen.  


lunes, 1 de diciembre de 2025

Fe, mansedumbre y templanza más Características de Cristo

 

Fe, mansedumbre y templanza más Características de Cristo

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:2

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11:29

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53:7

Jesús nos deja ver su fe, su mansedumbre y su templanza en todo lo que decía y hacía, cada palabra y cada acto suyo revelaban su creencia a Dios, su sumisión al Padre, su buena disposición para obedecerlo y su dominio propio para actuar en consecuencia.

Ahora a nosotros los creyentes por medio de la comunión del Espíritu Santo se nos impulsa a tener fe, pues esta es una de las características que trae el fruto del Espíritu, y se desarrolla a medida que el Espíritu de Dios nos revela su Palabra cuando leemos la Biblia, o cuando oramos, o cuando escuchamos una predicación, pues como dice Romanos 10:17 “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” y solo basta una fe del tamaño de un granito de mostaza, para que ésta empiece a crecer y nos lleve a creerle a Dios, al igual que lo hizo Jesús, para que alcancemos el propósito para el cual él nos ha llamado.

Pero también Dios nos insta a tener mansedumbre, pues es necesaria esa docilidad y humildad para recibir de buena manera la voluntad de Dios, y estar dispuestos a obedecerle, lo cual redunda en beneficio para nuestra vida, pues el ser mansos y humildes de corazón permite que tengamos descanso para nuestras almas tal y como dice Mateo 11:29.

Finalmente el Señor nos alienta a desarrollar la templanza, pues ésta es indispensable para terminar convirtiendo en acciones los buenos deseos de obediencia que el Espíritu Santo pone en nosotros tal y como lo declara Filipenses 2:13 “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Así que hermanos pidamos a Dios que desarrolle en nosotros la fe, la mansedumbre y la templanza de Cristo, pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor ni de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7)    Oración.

«Espíritu Santo, recuérdame siempre las palabras de Jesús, pues ellas aumentan mi fe, ayúdame a ser manso como mi Señor y a tener dominio propio, pues mi deseo es hacer la voluntad de Dios. Ame.