sábado, 3 de enero de 2026

Los buenos y los malos necesitan de Cristo.

 Los buenos y los malos necesitan de Cristo. 

“Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.

Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. ”, Hechos 10:39-45

En la escritura encontramos el testimonio de hombres buenos y piadosos, que a pesar de su virtuosa condición necesitaban el mensaje de salvación para nacer de nuevo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” (Romanos 1:16)

Vemos el caso del centurión Romano Cornelio, del cual el Espíritu dice “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.” (Hechos 10:2), tuvo una visión en la cual un ángel le decía que enviara hombres por Pedro “él te dirá lo que es necesario que hagas.” (Hechos 10:6).

Pedro a su vez, mientras los hombres venían en camino a buscarlo, tiene una visión donde se le revela que Dios también ahora, por Cristo, busca a los no judios, y le dice “Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. ” (Hechos 10:20) y ellos le dicen que vienen con la misión de llevarlo a casa de Cornelio “de hacerte venir a su casa para oír tus palabras” (Hechos 10:22); ¿cuáles fueron esas palabras de Pedro?, están registradas en Hechos 10:39-45, en el pasaje de hoy.

Pedro da testimonio de Cristo, su muerte y resurrección, entonces los oyentes reciben el Espíritu Santo, porque creyeron en lo que escucharon. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

Cornelio era bueno, pero con su bondad y todo, necesitaba escuchar y creer en el evangelio para que él y su familia fueran salvos. ¿A quienes de tus familiares o amigos aún no les has compartido el evangelio de salvación?

Todos necesitan escucharlo y creer para hacer parte de la familia de Dios.  Oración.

«Padre, has querido revelarte por medio de la locura de la predicación, que anuncia que la verdadera vida es en Cristo Jesús y que murió por nuestros pecados, pero que resucitó para darnos vida eterna. Te pedimos Padre nos sea revelado tu amor y podamos experimentar el nuevo nacimiento, para gloria de tu nombre, amén.  



viernes, 2 de enero de 2026

Jesús nuestra esperanza

 Jesús nuestra esperanza

“Para que, por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo”. Hebreos 6:18-19

“(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”. Romanos 4:17-21

El pasaje de Hebreos 6, nos lleva a tener esperanza en las cosas buenas que Dios ha determinado para nosotros por medio de sus promesas. La promesa de bendición que Dios nos ha hecho, está desde su eterno propósito, establecida entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, prometiendo la salvación a los que creen en Él. Debemos asirnos a esa esperanza como un ancla segura para nuestra alma, porque tenemos dos cosas inmutables, el consejo y el voto de Dios, en que es imposible que Dios mienta, porque sería contrario a su naturaleza y a su voluntad.

Nuestra ancla firme y segura es Jesucristo. Nos puede faltar todo, pero si lo tenemos a Él, no nos faltará nada, Salmo 23:1. La falta de esperanza aflige el corazón, nos hace caer en desánimo, en amargura, en tristeza y depresión, se frustra la vida, pero cuando hay esperanza nos levantamos en victoria.

Oseas 2:14-15 dice: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto”.

Dios es el que puede cambiar un tiempo de dificultades en un tiempo de esperanza. Dios utiliza incluso las experiencias negativas de nuestras vidas para crear oportunidades para que regresemos a Él. Cuando enfrentemos problemas y pruebas, recordemos que Dios nos habla en el desierto. Dios es experto en modificar escenarios y hace nacer la esperanza allí donde hay problemas. Si han estado las puertas cerradas, Él abre la puerta de la misericordia y la esperanza.

Quizás este año 2025, hemos pasado por valles de sombra de muerte, hemos estado en desiertos, pero el Señor dice que abre la puerta de la esperanza; y es con esa actitud que debemos empezar el nuevo año. Pongamos nuestra esperanza en el Señor, no en cosas y en personas que pueden fallar; sino, en la gracia del Señor que nunca se acaba y en su amor eterno, porque nunca nos dejará ni nos desamparará.

Salmo 119:114 dice: “Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado”. Las promesas de su Palabra son nuestra única fuente de esperanza. Por eso, debemos meditar, recordar y declarar las promesas de Dios, creyendo en ellas. En este mundo donde la mayoría de las noticias son negativas, perdemos nuestro norte; nos abrumamos con los reportes económicos, nos desilusionamos con tanta violencia y corrupción, perdemos la fe con tantos diagnósticos médicos de enfermedades que hoy aparecen y nos llenamos de temor con tanta desmoralización social; pero el Señor quiere que nos enfoquemos, colocando nuestra mirada sólo en Él.

Cuando vemos el pasaje de Romanos vemos a Abraham que no tenía motivos para tener esperanza. Ya él y su mujer eran viejos para tener descendencia. Pero a los 75 años, Dios le hizo una promesa que lo mantuvo enfocado, creyó esperanza contra esperanza porque su mirada estaba puesta en Dios y en lo que le había prometido. No dudó, siempre le dio gloria a Dios, contra toda lógica y razonamiento humano y alcanzó la promesa de tener un hijo en su vejez, que sería la descendencia que nos alcanzaría a nosotros hoy. Por eso se le llamó el Padre de fe. Así que hoy abracemos las promesas de Dios y no las soltemos, aun contra todo pronóstico negativo, contra toda circunstancia adversa. Comencemos este 2026, con la mirada puesta en Jesús, en Quién todas las promesas son sí y amén, para la gloria de Dios, 2 Corintios 1:20.  Oración.

«Amado Señor tú eres mi esperanza y mi ancla segura y firme. Quiero escuchar solo tu voz a través de las promesas en tu Palabra y dejar de escuchar las voces ajenas que me llenan de desesperanza. A pesar de los desiertos que pasé en el año que termina, no voy a soltar tus promesas de bendición hasta hacerlas una realidad en mi vida, en mi familia y en mi entorno. Tú eres mi Roca firme, por eso te entrego cada plan y sueño que tengo en este nuevo año para que esté alineado con tu perfecta, buena y agradable voluntad, amén.



jueves, 1 de enero de 2026

Jesús, mi ancla firme en este mar del mundo

 Jesús, mi ancla firme en este mar del mundo

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, ¡no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Mateo 14:22-31

Muchas cosas nos distraen en esta tierra y nos llevan a perder el enfoque, a dejar de mirar a Jesús, quien es nuestra única ancla firme en el mar tormentoso de este mundo. Siempre debemos mirar a Dios y más aún cuando atravesamos dificultades en nuestra vida.

Hay cinco aspectos por los cuales debemos siempre poner la mirada en el Señor.1) En medio de las tormentas de la vida. Las pruebas son parte de la vida cristiana, el Señor Jesús lo dijo claramente en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Poner los ojos en las situaciones difíciles, en la enfermedad, en los problemas matrimoniales, o en las dificultades con nuestros hijos, o en el trabajo, en el estudio, etc. no nos dejan enfocarnos en la grandeza del Señor, en su poder y soberanía, y terminamos desanimados porque no vemos soluciones.

El Dios de los cielos nos invita a colocar la mirada en Él, entonces veremos las cosas desde arriba, esto cambia nuestra perspectiva, porque nuestros problemas se vuelven pequeños ante el poder del Señor. En este pasaje podemos ver que cuando Pedro tenía los ojos puestos en Jesús, pudo caminar sobre el agua. Se trata de mirar a Jesús en medio del mar de dificultades para no hundirnos en ellas. Pero cuando quitamos la mirada de Él, vemos las circunstancias que nos rodean y podemos flaquear en nuestra fe.

En medio de la crisis que vive el mundo, miremos al cielo y clamemos para ver la gloria de Dios. Cuando quitamos la mirada de Jesús, nos llenamos de miedo al futuro, miedo a la muerte, miedo a todo el mal que enfrentamos en esta tierra. Es allí donde Jesús puede decirnos: “hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

2)Puestos los ojos en Jesús en medio de las tentaciones. En Getsemaní que significa “prensa de aceite”, el Señor les dice a sus discípulos en Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Cuando nos sintamos tentados pongamos nuestros ojos en Jesús.

3)Cuando miramos a Jesús y no a los hombres no tendremos tropiezo Mateo 18: 6-7 nos dice: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” Nuestra confianza debe ser en el Señor y no en los hombres, Jeremías 7:7.

4)Puestos los ojos en Jesús en medio de la abundancia. Muchos se desvían cuando prosperan y son bendecidos, es cuando más necesitamos colocar nuestra mirada en Jesús. 1 Juan 2:15-16 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Nuestros ojos deben estar puestos en las cosas celestiales, Colosenses 3:2.

5)Mirar a Jesús para ser más como Él y menos como nosotros. 2 Corintios 3:18 nos dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. La meta es nada menos que la semejanza con Cristo. La vida cristiana tiene un destino, y estaría bien que al final de cada día nos preguntáramos: “¿Cuánto he avanzado?”.

El año 2026, es el año de enfocarnos en Jesús quién debe ser el centro de nuestra vida, nuestra ancla para no dejarnos llevar por cualquier tormenta y bullicio de este mundo.  Oración inicial

«Amado Jesús tu Palabra me dice: “puestos los ojos en Jesús autor y consumador de mi fe”. Hoy en medio del mar de problemas donde a veces me encuentro quiero colocar mi mirada en ti mi Señor y Salvador, aumenta mi fe para que a pesar de las circunstancias que me rodean, pueda siempre confiar en tu fidelidad y amor. Señor que mis ojos se fijen en ti en las pruebas, en medio de las tentaciones, cuando mi confianza se desvía hacia los seres humanos, cuando me halle en abundancia y para ser más como tú y menos como yo, permitiendo que formes tu imagen en mí por medio de tu Espíritu Santo, amén. 


martes, 30 de diciembre de 2025

Tu Palabra es la verdad que hace libre

 Tu Palabra es la verdad que hace libre

Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; más él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”. Lucas 24: 25-32

oy no queremos oír de parte del Señor lo que les dijo a sus discípulos en el camino de Emaús: “insensatos (sin entendimiento), tardos de corazón para creer”. Somos así, cuando ignoramos las Escrituras. Muchas veces decimos que queremos conocer a Cristo, pero no estudiamos su Palabra, no meditamos en ella y olvidamos que el tema de toda la Biblia es Jesucristo mismo.

La ignorancia de la Palabra de Dios es como un velo que cae sobre nuestros ojos, que nos impide reconocer a Jesús. Cristo es el hilo que atraviesa todas las Escrituras, el tema central que las enlaza. El Señor Jesús, hoy como en ese entonces, nos reprocha la debilidad en nuestra fe por el desconocimiento de su Palabra, sabemos que la fe crece cuando escuchamos, leemos y estudiamos su Palabra, Romanos 10:17. Si entendiéramos todas las riquezas que hay en ella, los consejos divinos que tenemos a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo, no estaríamos sujetos a confusiones, engaños y malas interpretaciones, sino que se aumentaría nuestro amor y fervor por conocer su Palabra.

Era muy importante que sus discípulos entendieran que la muerte del Mesías no fue un fracaso del plan sino el perfecto cumplimiento del designio divino. Los padecimientos de Cristo eran el paso para su gloria, por eso no podemos dejar de mirar a la cruz, pero tampoco desconocer que desde el Antiguo Testamento se muestran todas las cosas acerca de Él y que la gracia del evangelio recorre todo el Antiguo Testamento. Cristo después de su resurrección fue el mejor expositor de las Escrituras, mostrándoles a sus discípulos, como éstas se cumplieron en Él.

Hoy, como los discípulos de Emaús, necesitamos un encuentro renovador con nuestro Señor y Salvador. Para eso necesitamos la llenura del Espíritu Santo y su guía para comprender su Palabra. Permitiendo que el “Nazareno” camine a nuestro lado, porque en medio de las tormentas de esta vida, cuando estamos abrumados y tristes, su Palabra es la que puede traer consuelo, fortaleza y paz en medio de las dificultades. Su Palabra es agua viva en los momentos de sequedad. El “caminante” (Jesucristo), se interesa por nosotros y por todo lo que hay en nuestro corazón, Él nos ve, nos conoce y nos ama y nos habla “palabras de vida”, nos habla verdades profundas de una manera clara y sencilla, sabe que conoceremos su verdad y esta nos hará libres, Juan 8:32. Permitamos que nuestro corazón arda de una manera extraña, como nunca antes lo hemos experimentado, mientras escuchamos su Palabra y la estudiamos en nuestro caminar con Él. Y quizás como Jeremías entendamos que su Palabra es la única que puede quebrantar nuestro corazón y transformar nuestras vidas, Jeremías 23:29.

Que el Señor nos ayude para que nuestro corazón siga ardiendo como una antorcha que da luz y calor en este mundo de oscuridad y frialdad. Qué hoy nazca en nosotros el deseo de profundizar más en el conocimiento de Jesucristo.  Oración.

«Señor Jesús, gracias porque con solo ver mi rostro, ya sabes lo que me pasa, tú lees mi corazón. Gracias por traer tu Palabra a mi vida, por quitar el velo de mis ojos para que pueda reconocerte en ella, dame hambre y sed de tu Verdad. Que entienda que es el sustento diario que necesito, que deseo conversar contigo, sobre mi vida, mi familia, mi iglesia, mi nación y que cuando estoy triste puedo escuchar tu voz que me consuela y me ayuda, a través de cada palabra y cada promesa tuya, amén. 



lunes, 29 de diciembre de 2025

Pagó injustamente por mí

 

Pagó injustamente por mí

“¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis. Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca”. Lucas 22:67-71
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” Daniel 7:13-14

El “hijo de hombre” nombrado en la profecía de Daniel corresponde a Cristo, Cabeza de la humanidad restaurada; la simiente de la mujer, que aplastaría al Anticristo. Que vino a ser hombre, se encarnó para ser el Salvador de la humanidad y que es el restaurador de la herencia perdida en el Edén, y a Quien se le daría el dominio, gloria y reino eterno sobre todas las naciones en su Segunda Venida. Así como ascendió para sentarse a la diestra del Padre, vendrá de nuevo como dice Apocalipsis 1:7 “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.
Jesús se refirió a sí mismo en el Sanedrín como “Hijo del Hombre”, diciendo: “Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios”, declarando abiertamente que era el “Hijo de Dios”. Aunque para los ancianos, sacerdotes y escribas decir esto era una blasfemia digna de muerte. Jesús cumplió la profecía de Daniel al ser hecho a semejanza de la carne pecadora y ser encontrado como hombre, pero siendo el Hijo de Dios y sin pecado. El Padre dará a su Hijo encarnado, nuestro Mediador y Juez, la herencia de las naciones, como se lo prometió en Salmos 2: 6-8 “Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra”.
La expresión favorita de Jesús para designarse a sí mismo, era Hijo del Hombre. De ahí que el sueño de Daniel tiene en parte un carácter mesiánico, al anunciar que la venida del Mesías inaugurará una nueva etapa del reinado de Dios sobre la historia. Cristo cumplió esta misión trayendo el reino de Dios a la experiencia humana.
Sabemos que el juicio de Jesús fue injusto, en primer lugar, porque el tribunal se sentaba en semicírculo, para que cada uno pudiera ver a todos los demás. El reo se colocaba enfrente del tribunal, vestido con ropas de duelo. Detrás de él se sentaban filas de estudiantes y discípulos de los rabinos, que podían hablar en defensa del acusado, pero no en contra. Todas las acusaciones tenían que probarse por la evidencia de dos testigos, examinados independientemente. Estaba permitido que un miembro del tribunal hablara primero en contra del acusado y luego cambiara de parecer y hablara a su favor, pero no viceversa. Cuando se llegaba el momento de dar el veredicto, todos los miembros del tribunal tenían que emitir su juicio individualmente, empezando por los más jóvenes hasta acabar por el más anciano. Para la absolución era suficiente con la mayoría de un voto, pero para la condenación se necesitaban por lo menos dos votos. La sentencia de muerte no se podía ejecutar el mismo día que se pronunciaba; tenía que pasar una noche, para que el tribunal durmiera, y considerara si debía aplicar la piedad. Todo el procedimiento estaba diseñado para que prevaleciera la gracia; y, hasta en el breve relato de Lucas, está claro que el Sanedrín no cumplió sus reglas en el caso del juicio de Jesús.
Jesús no manifestó en este momento que Él era Dios, simplemente respondió con un sí a la pregunta del sumo sacerdote, diciendo: «Vosotros decís que lo soy». Pero Jesús se identificó con Dios al usar un título familiar que se halla en el Antiguo Testamento: «Yo soy», Éxodo 3:14. El sumo sacerdote reconoció la declaración de Jesús y lo acusó de blasfemo. Los líderes judíos tenían la evidencia que necesitaban. Jesús enfrentó un juicio injusto en nuestro lugar, de manera que no tuviéramos que sufrir uno de esta naturaleza y recibir el justo castigo por nuestros pecados.
Jesús entendió que esto tendría que ser así para cumplir el propósito de Dios, pero lo sostuvo el saber que después de su condena y crucifixión se sentaría a la diestra de su Padre victorioso al derrotar la muerte, el pecado y el reino de las tinieblas. Hoy demos gloria y honra a su Nombre. Oración

«Gracias mi amado Jesús, por pagar el precio de todos mis pecados en la cruz, fuiste injustamente condenado, siendo inocente ocupaste mi lugar, y me libraste para siempre de la muerte y la condenación eterna, pagaste un precio muy alto por mí. Ahora no puedo callar lo que hiciste, porque trajiste libertad y restauración, ahora puedo gozar de la vida eterna gracias a tu inmenso amor, amén.


domingo, 28 de diciembre de 2025

¿Aun así no entendemos?

 ¿Aun así no entendemos?

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; más al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía”. Lucas 18:31-34

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Lucas 21:27-33

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”. Apocalipsis 22:7

Nos ha pasado que a veces tenemos todo frente a nosotros y aun así no entendemos. Nos sucede al leer instrucciones, al recibir un consejo o al enfrentar una difícil situación. En este pasaje vemos a los discípulos escuchar claramente a Jesús hablar de su padecimiento, muerte y resurrección, sin embargo, no lograron comprender. Esto sucedió cuando Jesús iba camino a Jerusalén para ser crucificado y en ese recorrido se topó con el ciego Bartimeo y lo sanó. Este hombre vio con más claridad quién era Jesús, lo reconoció como Mesías y clamó con fe, proclamándolo como el Hijo de David. La diferencia no está en los ojos, sino en el corazón. Podemos preguntarnos: ¿Qué necesitamos ver con claridad con respecto a Jesús hoy?

Ante la profecía que Jesús les dice a sus discípulos por tercera vez sobre su muerte y resurrección, que los profetas habían escrito en el Antiguo Testamento y que estaba por cumplirse, a ellos les cuesta aceptarlo. Por eso, aunque Jesús les habló claro, ellos estaban cegados a la realidad de la cruz, por eso este acontecimiento los golpeó duramente al punto de huir y olvidar la promesa de la resurrección.

Para nosotros esa profecía ya está cumplida, por eso, al presentar el evangelio tenemos que orar para que los oídos y los ojos de los que escuchan el mensaje del evangelio, sean abiertos, pues aun teniendo las evidencias ante sus ojos, de vidas transformadas por la cruz y la resurrección de Cristo, muchos no quieren reconocer su obra redentora. Jesús nos muestra claramente el sufrimiento por el que pasó para poder redimir a la humanidad, en su mensaje incluye la cruz, antes de su gloria; sin embargo, muchos no aceptan que la salvación es un regalo de su gracia y que simplemente se recibe por fe.

Como los discípulos, para muchos la confrontación con la cruz causa un efecto contrario, pues todos anhelan un Mesías conquistador no un siervo sufriente y no entienden que Él ya hizo todo por la humanidad. Esta revelación de que Jesús es suficiente, que solo su sacrificio satisfizo la demanda divina de Dios no les parece, creen que es demasiado sencillo aceptar la salvación y que hay que hacer algo más para ganarla. Siguen engañados con sacrificios e intentos de agradar a Dios en sus propias fuerzas.

“No hay nadie más ciego que el que no quiere ver”. Además, Jesús nunca anunció la cruz sin nombrar también la resurrección. Sabía que le esperaban la vergüenza y el horror, pero estaba igualmente seguro de que obtendría la victoria y entraría en la gloria que también le aguardaba. Sabía lo que le vendría de la maldad de los hombres, pero también sabía lo que le vendría del poder de Dios. La seguridad de la victoria final le ayudó a afrontar la aparente derrota de la cruz. Sabía que sin la cruz no podría haber una corona.

Así como ellos no entendieron, hoy muchos están ciegos a las profecías del fin, no comprenden que Jesús está vivo y victorioso y que regresará de nuevo por los suyos. A pesar de que Jesús y los apóstoles hablaron con claridad, todavía no lo asimilan y viven sus vidas sin expectativa, sin consagrarse y prepararse para su cumplimiento.

No podemos caer en ese error y leer la Biblia parcialmente, y cerrar nuestro entendimiento porque podemos estar reacios a aprender lo que en este tiempo el Señor está hablando. Lucas 21:27-32 es la profecía de su Segunda Venida que Jesús mismo manifestó. Esto debe ser una fuente de expectación y esperanza para los redimidos para que comprendamos que el tiempo está cerca por todo lo que Él ya dijo y está sucediendo en el mundo. Jesús nos dijo claramente que volvería, Apocalipsis 22:7.  Oración.

«Amado Jesús, déjame ver con claridad tu Palabra, para entender las profecías del fin, saber que debo estar expectante y preparado para tu regreso. No permitas que la incredulidad nuble mi entendimiento, sino que viva velando y con gozo esperando tu glorioso retorno a esta tierra. Ayúdame a abrir los ojos y oídos espirituales a lo que el Espíritu Santo quiere hablarme en estos tiempos, amén.


viernes, 26 de diciembre de 2025

Emanuel

 

Emanuel

“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”. Lucas 2:11

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Mateo 1:22-23

El mejor y más generoso regalo de amor de Dios para nosotros ha sido su Hijo Unigénito, nuestro Salvador. Como dice: 1 Juan 4:14 “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”.

Juan 1:14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Ese Verbo que estaba desde el principio, que mantiene unido el universo y por medio del cual toda la creación llegó a existir, se hizo carne y habitó entre nosotros. Esta verdad es el cumplimiento de la profecía de Isaías 7:14, que se registra en el evangelio de Mateo 1:22-23 “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

Dios en toda su majestad y esplendor, se hizo hombre. Todo su corazón, mente, voluntad, naturaleza y poder, se manifestaron en forma humana. Él se acercó para que pudiéramos conocerlo. Podemos decir con certeza que el cielo vino a la tierra. Jesús nos amó tanto que dejó la eternidad para venir a abrir un camino, con su sacrificio en la cruz para que volviéramos a nuestro Padre celestial. Por eso, su nombre Jesús, significa “Dios es salvación”. Mateo 1:21 dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Jesús está más cerca de lo que podamos imaginar, no solo vino a hacer su morada entre nosotros, sino que quiso venir a vivir en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, para manifestar su vida a través de la nuestra, Gálatas 2:20. Por medio de su nacimiento, vida, obra, muerte y resurrección nos hizo participantes de su Reino eterno. Se acercó para rescatarnos del dominio de las tinieblas y la muerte, para darnos perdón de nuestros pecados por medio de la redención por su sangre y trasladarnos a su Reino. Ahora tenemos una esperanza eterna, Colosenses 1.13-14.

Jesús es la razón por la que celebramos la temporada navideña y la razón por la que vino fue por nosotros, nos dio el regalo más precioso y gratuito, la vida eterna en él.

Entonces amados hermanos, la navidad se trata de cómo el Hijo de Dios se acercó a nosotros e hizo su morada entre nosotros para salvarnos. Por eso, este es el tiempo perfecto para detenernos y abrir nuestro corazón a Él, para acercar a nuestra familia y amigos al corazón de Dios, porque la salvación está al alcance de todo aquel que cree en Jesús y le recibe como su Señor y Salvador.

Hoy tengamos un momento de reflexión, oración y gratitud con Jesús y llevemos a los que no le conocen, a tener ese encuentro con Emanuel, Dios con nosotros.   Oración.

«Gracias amado Jesús, por ser un Dios personal que le das sentido a todas las cosas, gracias por amarme y estar profundamente involucrado conmigo, soy tu creación y viniste a esta tierra haciéndote hombre para rescatarme, viniste a habitar entre nosotros, para que pudiera conocerte y recibirte en mi corazón; y encontrar el propósito y el significado de mi existencia, gracias por abrir ese camino vivo para llegar nuevamente a mi Padre celestial, amén.


jueves, 25 de diciembre de 2025

El Reino entre nosotros

 

El Reino entre nosotros

“Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió Y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”. Lucas 17:20-24

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Colosenses 3:1-4

El Reino de Dios se hizo presente entre nosotros cuando Jesús vino por primera vez a la tierra y es una realidad espiritual interna, porque Él vino a morar en nosotros por medio del Espíritu Santo. Podemos decir sin vacilar que el reino de Dios está en nosotros. Este Reino es asequible a cada persona que recibe a Jesús como su Señor y Salvador, pero también como Rey, porque nos sometemos a su soberanía, a su gobierno sobre nuestra vida.

Esto es fundamental en nuestro caminar cristiano, ya que no podemos actuar independientemente de Dios, sino bajo su gracia y su poder. Recordemos que la gracia nos llegó únicamente a través de la redención plena de Cristo en la cruz, por medio de su sangre, por la cual fuimos perdonados de todos nuestros pecados, siendo también reconciliados con nuestro Padre celestial. Efesios 2:12-13 ratifica: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”.

Esta salvación que hemos recibido por medio de Cristo restaura nuestra relación con Dios y nos abre las puertas al imperio de su Reino que “está entre nosotros” y no solo eso, Jesús ha enviado al Espíritu Santo para que su unción también esté en nosotros como dice 1 Juan 2: 20 “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas” y anhela que disfrutemos de su plenitud que es para todos, dice Juan 1:16 “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”.

Los ungidos por el Señor Jesús permanecen con Él. La nueva naturaleza espiritual es la de Cristo. Esta unción hace que seamos enseñados por Él, 1 Juan 2:27 dice: “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”. Podemos llegar entonces a decir con toda confianza: “El Reino de Dios está en mí y entre nosotros”, porque Él habita en medio de su iglesia”, Mateo 18:20.

En contraste con los reinos de este mundo que son externos, materiales y de dominio político, el Reino de Dios es interno y espiritual. La consumación del Reino aguarda el regreso del Señor. Los creyentes estamos ansiando la llegada del día de la victoria. Como nos dice Lucas 17:24 “Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”.

El Señor nos hace entonces un llamado a vivir por fe, porque su venida será tan sorpresiva como visible, como ese relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo a otro. Vivir por fe, es vivir en constante expectación, preparándonos cada día para su regreso, contrario a todos aquellos que están absortos en los asuntos de este mundo, confiando solo en lo terrenal y material como si esto fuera a ser permanente.    Oración.

«Señor Jesús, quiero estar enfocado solo en las cosas de arriba, en la eternidad. Tu Palabra dice: “porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Gracias porque mientras vivo en esta tierra, soy un habitante del cielo, me sacaste de las tinieblas a tu Reino Admirable, me has dado tu plenitud, tu unción y puedo decir con certeza que tu Reino está en mí, por medio de tu Presencia en mi vida, amén.