martes, 27 de marzo de 2012

El amor es la meta


El amor es la meta
El apóstol Pablo tenía el amor como meta para su ministerio. En 1 Timoteo 1:3-7 Pablo nos muestra que necesitamos tres cosas para obrar el amor de
Dios en nuestra vida. La razón de esto es que si estas tres cosas no están de acuerdo con lo que Dios quiere, lo que hacen es esbozar el amor de Dios y
por consiguiente no podemos recibir el amor de de la manera que El pretende para nosotros, y la manera que necesitamos. Estas tres cosas son:
1. Un corazón puro: nuestro corazón necesita estar limpio y puro antes que Dios nos pueda dar de sí mí Para estar limpios necesitamos valernos
de la obra de Jesús cuando derramó su sangre en la cruz. Esta sangre derramada nos capacita para recibir el perdón de Dios y su limpieza,
si sencillamente confesamos nuestro pecado. También necesitamos perdonar a los demás, porque Dios quiere que nosotros a quien se nos
perdonado mucho no tengamos rencor o deudas contra los demás. La pureza también habla de constan Necesitamos ser los mismos y reaccionar
de la misma manera, no importa con quién estemos o cuál sea situación (1 Pedro 1:22; 2 Timoteo 2:22; Mateo 5:8).
2 Una buena conciencia: necesitamos estar en paz con nuestra conciencia, porque si está turbada, he cruzado una frontera incorporada en nosotros
y hemos entrado en una situación de pecado. Nuestra conciencia es el timbre de alarma de Dios y cuando está perturbada nos sentimos incómodos
con nosotros mismos y Dios. Necesitamos tener una conciencia limpia y esto nos habilita para entrar con audacia una vez más en presencia
de Dios y libremente recibir el amor de Dios en nuestra vida (1 Timoteo 1:19; Hechos 24:16). Cuan pedimos a Dios que nos perdone por el pecado
que ha hecho estallar nuestra conciencia, entonces la sangre Cristo limpiará nuestra conciencia y la hará limpia de nuevo (Hebreos 9:14).
3. Una fe sincera: hemos de vivir por fe. "Sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). Tendríamos q tener la fe por la cual mantenernos
firmes y la fe para ir más allá de nuestros límites. Para hacer esto no podemos sencillamente confiar en nuestros propios recursos humanos. Necesitamos
entrar en Dios y salir fuera de nosotros. Esto significa dar el control a Dios. ¡Es como darle a Dios no sólo el volante sino todo el coche! El, entonces,
está libre para ir donde quiera y nosotros sólo le acompañamos. Así Dios puede obrar en nuestra vida el amor que es tan importante (Gálatas 5:6).

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