martes, 18 de enero de 2011

Gracia inmerecida


Gracia inmerecida

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Romanos 5:20

La salvación no se produce por la confirmación, la comunión, el bautismo, el ser miembro de la iglesia, el ir a la iglesia, el tratar de guardar los Diez Mandamientos ni el practicar el Sermón del Monte. No se produce por dar a obras de caridad o ni siquiera por creer que hay un Dios. No se produce por ser una persona moral y respetable. La salvación no se produce por decir que se es cristiano. La salvación se produce solo cuando recibimos por la fe el don de la gracia de Dios. El infierno estará lleno de personas que trataron de llegar al cielo de otro modo.

El apóstol Pablo dij "La ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro" (Ro. 5:20-21). Lo primero que el evangelio da es la gracia, que ni se gana ni se merece.

El doctor Donald Grey Barnhouse dij "El amor que da hacia arriba es la adoración; el amor que da hacia afuera es el afecto; el amor que se inclina es la gracia". Dios se ha inclinado para darnos la gracia. ¿La recibirá usted? Entre en el juego

Corred de tal manera que lo obtengáis.

1 Corintios 9:24

Como yo era un deportista cuando niño, jugué en varios equipos en diversos programas deportivos. Recuerdo a muchos muchachos con poca o ninguna capacidad deportiva que trataban de formar parte de aquellos equipos. Una que otra vez, a un entrenador le daba pena con algún muchacho así y lo ponía en el equipo a pesar de su actuación. Le daba al muchacho un uniforme para hacerle sentir que era parte del equipo aunque no permitiera que el muchacho participara en el juego.

Afortunadamente, es todo lo contrario en la vida cristiana. El Señor no nos pone en el equipo solo para que nos sentemos en el banco. Tiene el propósito de enviarnos al juego. Es su gracia la que nos llama a la salvación, y es su voluntad la que nos envía al mundo para dar testimonio de Él.

Todos somos como el muchacho que no tenía habilidad. Dios nos pone misericordiosamente en el equipo, no debido a nuestra habilidad, sino simplemente por su gracia soberana. Y Él nos da la capacidad para participar en el juego. Así que entre en el juego y dé gracias por el santo privilegio de servir a Jesucristo.

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