jueves, 22 de diciembre de 2016

Hebreos 9:23-24

Hebreos 9:23-24
Así que era necesario que las copias de las realidades celestiales fueran purificadas con esos sacrificios, pero que las realidades mismas lo fueran con sacrificios superiores a aquéllos. En efecto, Cristo no entró en un santuario hecho por manos humanas, simple copia del verdadero santuario, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora ante Dios a favor nuestro.
Debemos entender la dualidad en la que vivimos: la carne y el espíritu. Constantemente se nos recuerda en Hebreos esta realidad y la importancia que tiene el separarlas. Hay un santuario en el cielo y había una copia en la tierra. Los sacerdotes entraban al santuario e intercedían por los hombres aquí en la tierra mientras que ahora tenemos a Cristo haciendo lo mismo en el cielo. Nos habla el versículo que las características del santuario en la tierra tienen una diferencia esencial: la realidad celestial es superior a la terrenal. El santuario al que Cristo entra no fue hecho por hombres y tampoco necesita ofrecer sacrificios. Él entró al cielo y directamente a la presencia del Padre para interceder por nosotros. En pocas palabras, se nos dice que lo que hay en el cielo es mejor, superior, a lo que hay en la tierra. ¿Sabes? Constantemente aprendemos este principio en la biblia. No se trata de vivir fantaseando sobre un lugar lejano al que iremos al morir. Tampoco es una forma de vivir como optimistas deseando que nos vaya mejor en la “siguiente vida”. No. Es una realidad el que el cielo es mejor que la tierra. Es una realidad que no todos van a ir al cielo. Es una realidad que nuestra meta debe ser estar en esa presencia de Dios porque entendemos este principio perfectamente. Sabemos que el camino del Señor es mejor que lo que podamos encontrar aquí en la tierra. Ahora, si no lo has entendido, quiere decir que todavía no has permitido que Dios reine en tu vida. Es probable que sigas luchando entre tu vida espiritual y tus deseos y costumbres carnales. Es importante que entiendas que Dios es superior a ti. Su palabra tiene mejores planes que los tuyos y su soberanía y poder es mucho mayor que tú. ¿Por qué seguir luchando contra Él? Dios nos dice que perdonemos mientras nosotros pensamos que hay personas “imperdonables”. Dios nos dice que amemos a nuestro prójimo mientras que nosotros le ponemos “peros” para justificar nuestra falta de amor. Se nos pide que hablemos verdad pero aceptamos las mentiras “blancas”. Todo esto son señales que estamos prefiriendo vivir conforme al mundo en lugar de entender que conforme a Dios todo es superior. ¿Lo puedes entender? Tus costumbres te arrastran a seguir igual. Tus deseos son un estorbo para poder crecer espiritualmente. Debes armarte de fe y de la palabra de Dios para poder caminar en dirección opuesta y decidir firmemente por el camino de Dios. Si algo hemos aprendido en hebreos es la superioridad de Dios y esto debe impactar la manera en la que vivimos día a día. ¿Para qué insistir en una lucha que tenemos perdida? Mejor comienza a corregir tus pasos y deja que el Señor reine. Vive en carne propia la superioridad del cielo sobre la tierra. Cristo ya hizo todo. Te corresponde a ti dar el siguiente paso.
Oración

Padre y Señor mío: te pido perdón por mis pecados. Hoy entiendo mi necedad y orgullo. Quítalos de mí. No quiero seguir así y mucho menos estar peleando contra Ti. Hoy entiendo que seguirte y confiar en Ti es lo mejor que puedo hacer. Te pido reines en mi vida y tu voluntad sea mi voluntad. Gracias por el sacrificio de Jesús y la oportunidad de reconciliarme contigo. Gracias en el nombre de Jesús. Amén.

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