viernes, 10 de agosto de 2012

El estudio de la palabra de Dios


El estudio de la palabra de Dios

Los primeros cristianos, como nosotros hoy, se edificaban mediante la lectura y la predicación de las Escrituras cuando se reunían para adorar al Señor. El apóstol Pablo escribió a los hermanos de Tesalónica: "Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos los santos hermanos"(1 Tesalonicenses 5.27). También ordenó a la iglesia de Colosas lo siguiente: "Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros" (Colosenses 4.16). Vea también Hechos 20.7. Exponer la palabra de Dios en la iglesia es importante por cuando es el único medio que el Señor ha escogido para revelarnos su voluntad en la era cristiana (Hebreos 1.1,2). Por esta última Escritura, sabemos que Dios nos habla hoy sólo por medio de su Hijo; y su mensaje ya ha sido escrito a plenitud en el Nuevo Testamento por hombres inspirados por el Espíritu Santo (Juan 14.26; 16.13). Su mensaje fue revelado y confirmado en días de los apóstoles por el Espíritu Santo y sus dones milagrosos (Marcos 16.20; 1 Corintios 12.8-10; Hechos 2.3,4). Esto significa que en nuestro tiempo no tenemos que buscar el mensaje del Señor en ninguna revelación fuera de lo escrito en el Nuevo Testamento, ni una señal milagrosa que lo confirme. De acuerdo con las Escrituras, los dones para revelar la verdad y confirmarla estarían operando hasta que dicha revelación hubiera llegado a su grado perfecto (1 Corintios 13.8-12; lea todo el capítulo juntamente con el 12, y observe que la "ciencia" del 13.8 es el mismo don de "ciencia" del 12.8). Los primeros cristianos predicaban y enseñaban lo que Dios les revelaba mediante ciertos dones del Espíritu Santo; y cuando predicaban el mensaje revelado, contaban con otros dones, como el de milagros y sanidad, que lo confirmaban (lea nuevamente Marcos 16.20 y Hebreos 2.3,4).

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