miércoles, 2 de febrero de 2011

INMUTABILIDAD DE DIOS.8


INMUTABILIDAD DE DIOS Tercero, Los propósitos y las promesas de Dios son inmutables (ver Romanos 11:29).[2] Dios termina lo que comienza. Esto fue la base de la apelación que hizo Moisés a Dios, en Éxodo 32 (versículos 11-14). Aquí, las acciones de Dios en respuesta a la apelación de Moisés, no fueron una contradicción a Su inmutabilidad; sino un trabajo accesorio de esa inmutabilidad.
Las variadas dispensaciones que vemos en la Biblia[3], no son una contradicción a la inmutabilidad de Dios. La inmutabilidad de Dios, no le impide incorporar diferentes economías en Su plan global de redención. En Romanos 9-11, el apóstol Pablo muestra cómo toda la historia es una parte del
plan eterno y único de Dios. La caída de la nación de Israel y la salvación de los gentiles, eran parte de este plan. Con frecuencia las Escrituras del Antiguo Testamento hablan de estos asuntos, aún cuando los judíos no estaban dispuestos a oir o a aprender. Muy pronto en Su ministerio terrenal, Jesús le recordó a sus hermanos judíos, el propósito de Dios de bendecir a los gentiles tanto como a los judíos, consecuentemente con el pacto abrahámico (Génesis 12:1-3) y muchos otros textos (ver Lucas 4:16-27; Romanos 9:11). Pedro y la Inmutabilidad de Dios A medida que consideraba el tema de la inmutabilidad de Dios, me impresionó el énfasis que pone Pedro en esta realidad. La inmutabilidad de Dios hace permeable su pensamiento y es la base de casi todo lo que Pedro enseña. En primer lugar, encontramos esta doctrina en el serón de Pedro en Pentecostés, registrado en Hechos 2. Pedro estaba proclamando la resurrección de Jesucristo de los muertos, no sólo como un hecho histórico del cual fueron testigos los apóstoles, sino que también como el cumplimiento de las Escrituras (ver Hechos 2:22-35). También argumenta que la resurrección de nuestro Señor fue una necesidad teológica y práctica, lo que emana de la doctrina de la inmutabilidad de Dios.

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