miércoles, 9 de junio de 2010

Romano 3

Romano 3 -

CAPÍTULO 3
Versículos 1-8. Objeciones contestadas. 9-18. Toda la humanidad es pecadora. 19, 20. Judíos y gentiles no pueden ser justificados por sus obras. 21-31. La justificación es por la libre gracia de Dios, por fe en la justicia de Cristo, pero la ley no se deroga.

Vv. 1-8.La ley no podía salvar en el pecado ni de los pecados, pero daba ventajas a los judíos para obtener la salvación. Las ordenanzas establecidas, la educación en el conocimiento del Dios verdadero y su servicio, y muchos favores hechos a los hijos de Abraham, eran todos medios de gracia y verdaderamente fueron utilizados para la conversión de muchos. Pero, las Escrituras les fueron especialmente encargadas a ellos. El goce de la palabra y de las ordenanzas de Dios es la principal felicidad de un pueblo, pero las promesas Dios las hace sólo a los creyentes, por tanto, la incredulidad de algunos o de muchos prefesantes no puede inutilizar la efectividad de esta fidelidad. Él cumplirá las promesas a su pueblo y ejecutará sus amenazas de venganza a los incrédulos.
El juicio de Dios sobre el mundo deberá silenciar para siempre todas las dudas y especulaciones sobre su justicia. La maldad y la obstinada incredulidad de los judíos demuestra la necesidad que tiene el hombre de la justicia de Dios por la fe, y de su justicia para castigar el pecado. Hagamos males para que nos vengan bienes, es algo más frecuente en el corazón que en la boca de los pecadores; porque pocos se justificarán a sí mismos en sus malos caminos. El creyente sabe que el deber es de él, y los acontecimientos son de Dios; y que él no debe cometer ningún pecado ni decir ninguna mentira con la esperanza, ni con la seguridad, de que Dios se glorifique. Si alguien habla y actúa así, su condenación es justa.

Vv. 9-18.Aquí se señala nuevamente que toda la humanidad está debajo de la culpa del pecado como una carga, y está bajo el gobierno y el dominio del pecado, esclavizada por él, para obrar iniquidad. Varios pasajes de las Escrituras del Antiguo Testamento dejan muy claro esto, porque describen el estado depravado y corrupto de todos los hombres, hasta que la gracia los refrena o los cambia. Por grandes que sean nuestras ventajas, estos textos describen a multitudes de los que se dicen cristianos. Sus principios y su conducta prueban que no hay temor de Dios delante de sus ojos. Y donde no hay temor de Dios no se puede esperar nada bueno.

Vv. 19, 20.Vano es buscar la justificación por las obras de la ley. Todos deben declararse culpables. La culpa ante Dios es palabra temible, pero ningún hombre puede ser justificado por una ley que lo condena por violarla. La corrupción de nuestra naturaleza siempre impedirá toda justificación por nuestras propias obras.

Vv. 21-26.¿Debe el hombre culpable permanecer sometido a la ira para siempre? ¿Está la herida abierta para siempre? No, bendito sea Dios, hay otro camino abierto para nosotros. Es la justicia de Dios; la justicia en la ordenación, en la provisión y en la aceptación. Es por esa fe que tiene Jesucristo por su objeto; el Salvador ungido, que eso significa el nombre Jesucristo. La fe justificadora respeta a Cristo como Salvador en sus tres oficios ungidos: Profeta, Sacerdote y Rey; esa fe confía en Él, le acepta y se aferra de Él; en todo eso los judíos y los gentiles son, por igual, bienvenidos a Dios por medio de Cristo. No hay diferencia, su justicia está sobre todo aquel que cree; no sólo se les ofrece, sino se les pone a ellos como una corona, como una túnica. Es libre gracia, pura misericordia; nada hay en nosotros que merezca tales favores. Nos llega gratuitamente, pero Cristo la compró y pagó el precio. La fe tiene consideración especial por la sangre de Cristo, como la que hizo la expiación.
Dios declara su justicia en todo esto. Queda claro que odia el pecado, cuando nada inferior a la sangre de Cristo hace satisfacción por el pecado. Cobrar la deuda al pecador no estaría en conformidad con su justicia, puesto que el Fiador la pagó y Él aceptó ese pago a toda satisfacción.

Vv. 27-31.Dios ejecutará la gran obra de la justificación y salvación de pecadores desde el primero al último, para acallar nuestra jactancia. Ahora, si fuésemos salvados por nuestras obras, no se excluiría la jactancia, pero el camino de la justificación por la fe excluye por siempre toda jactancia. Sin embargo, los creyentes no son dejados con autorización para transgredir la ley; la fe es una ley, es una gracia que obra dondequiera obre en verdad. Por fe, que en esta materia no es un acto de obediencia o una buena obra, sino la formación de una relación entre Cristo y el pecador, que considera adecuado que el creyente sea perdonado y justificado por amor del Salvador, y que el incrédulo, que no está unido o relacionado de este modo con Él, permanezca sometido a condenación. La ley todavía es útil para convencernos de lo que es pasado, y para dirigirnos hacia el futuro. Aunque no podemos ser salvos por ella como un pacto, sin embargo la reconocemos y nos sometemos a ella, como regla en la mano del Mediador.

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