¿Por qué nos
visitaste?
“Cuando veo
tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo:
¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para
que lo visites?” Salmos 8:3-4
Mientras
meditaba y oraba para redactar este devocional, veía el firmamento que mi Dios
creó y una hermosa luna de color amarillo aparecía en el horizonte, solamente
una pequeña franja que parecía una sonrisa se dejaba observar, ahora que
escribo, pienso en el salmista, quien inspirado por el Espíritu Santo dice:
“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú
formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del
hombre, para que lo visites?”, y solamente viene a mi ser gratitud y adoración;
gratitud, porque el Dios creador tuvo misericordia y compasión de nosotros,
pues para restaurar esa comunión e intimidad con la cual Dios y el hombre se
relacionaban antes de que pecáramos, decidió visitarnos, acordándose de que sin
Él solo somos polvo (Salmos 103:14); y adoración, porque el Hijo de Dios se
despojó de sí mismo tomando la semejanza de hombre, naciendo de manera
milagrosa por el poder del Espíritu Santo a través de una joven virgen, para
demostrarnos cuán grande es su amor, pues aun siendo nosotros pecadores vino a
este mundo para cumplir una misión de salvación que lo llevaría desde el
pesebre a la cruz, para que todo aquel que en Él depositara su fe, pudiera
tener perdón de pecados, salvación y vida eterna (Hebreos 9:28).
Que hoy, al
mirar el horizonte, los cielos y las estrellas mil, podamos comprender, por la
revelación de su Santo Espíritu, que Dios precisamente nos visitó y se acordó
de nosotros, para que pudiéramos disfrutar y compartir de su amor.
Así que
hermanos, en esta navidad, donde muchos viajamos para encontrarnos con nuestros
seres queridos o compartimos de alguna manera con otras personas, aprovechemos
para llevar a los corazones de nuestros familiares y amigos la mejor visita que
les podemos brindar, la de nuestro Señor Jesús.
Oración.
«Padre Dios,
gracias por tu misericordia, porque sabes que sin tu presencia no podemos
vivir, pues tan solo somos polvo. Gracias por tu Hijo, quien nos visitó,
naciendo en un pesebre y muriendo en una cruz por amor. Que tu Santo Espíritu
nos revele cuán importantes somos para ti, que fuiste capaz de dar a tu
Unigénito por nosotros los pecadores. Que todos los días anhele ser visitado
por ti en la intimidad de la oración, te lo pido en el nombre de tu Hijo Jesús,
amén. Difundiendo el mensaje de
Jesucristo.
¡Hasta lo
último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.
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