martes, 30 de julio de 2019

NO ERES UNO MÁS, ERES HIJO DE DIOS 2019-07-29 Oración. “Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya. Sucedió, pues, que cuando se divulgó el mandamiento y decreto del rey, y habían reunido a muchas doncellas en Susa residencia real, a cargo de Hegai, Ester también fue llevada a la casa del rey, al cuidado de Hegai guarda de las mujeres. Y la doncella agradó a sus ojos, y halló gracia delante de él, por lo que hizo darle prontamente atavíos y alimentos, y le dio también siete doncellas especiales de la casa del rey; y la llevó con sus doncellas a lo mejor de la casa de las mujeres. Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase”, Ester 2:7-10 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, 2 Corintios 5:17 La vida de Ester es una muestra de lo que Dios es capaz de hacer con nosotros. Esta joven mujer cumplió el propósito de Dios para su vida y fue de gran bendición para el pueblo judío. Esto no hubiera sido posible si ella se hubiera dejado vencer por su pasado, por las circunstancias en las que se desarrolló, pues era huérfana y criada por su primo Mardoqueo. Todas las marcas y traumas producidas por la ausencia de sus padres las superó gracias a su fe en Dios y por seguir obedientemente la dirección de su primo. No importa cuáles hayan sido las situaciones de nuestra vida, cuando llegamos a los pies de Cristo, Él hace nuevas todas las cosas, por eso no nos podemos dejar vencer por los estereotipos. Dios es especialista en transformar vidas y la Biblia está llena de mujeres y hombres que se dejaron moldear por Dios para llevar a cabo sus planes. Para Dios no existen las barreras cuando se propone hacer algo con nosotros. Ella no reveló su identidad porque el pueblo judío estaba en riesgo. Si bien tenemos la responsabilidad de declarar nuestra identidad como pueblo de Dios, hay ocasiones en que debemos ser prudentes como Ester, puesto que Dios tiene planes que se revelan en su tiempo. Ester estaba aprendiendo que Dios vincula a las personas con sus propósitos soberanos. Su colaboración y la de Mardoqueo salvaron la vida del rey y trajo la destrucción de sus enemigos. Cuando estamos con Dios, nos coloca en el lugar y tiempo exacto para obrar su voluntad. Ester halló gracia ante los ojos del rey Azuero y fue elevada a la dignidad de esposa principal o reina, no fue una más en su harén. Dios le permitió una posición de privilegio que sería después usada para salvar a su pueblo. Así como Ester, Dios nos ha hecho un llamado independientemente de lo que somos. Nos hizo y nos conoce, por eso nuestra valía se encuentra en Él, no en lo que los demás piensen de nosotros. Es más importante lo que Él dice de nosotros. Somos dignos de ser sus hijos, nos dotó de capacidades únicas para enfrentar la vida y para servirle. Por eso debemos como Ester, prepararnos para nuestra tarea, edificarnos a la estatura de Cristo y ser de bendición. No menospreciemos lo que Dios nos ha dado y no perdamos de vista su voluntad. "Amado Dios, quiero permanecer humilde y obediente a tu llamado, gracias por ser linaje escogido, nación santa y pueblo adquirido por ti para anunciar tu mensaje de salvación. Gracias por los privilegios que me das como hijo de Dios, ayúdame a discernir tus propósitos y actuar de acuerdo con ellos. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo. ¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.


NO ERES UNO MÁS, ERES HIJO DE DIOS
“Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya. Sucedió, pues, que cuando se divulgó el mandamiento y decreto del rey, y habían reunido a muchas doncellas en Susa residencia real, a cargo de Hegai, Ester también fue llevada a la casa del rey, al cuidado de Hegai guarda de las mujeres. Y la doncella agradó a sus ojos, y halló gracia delante de él, por lo que hizo darle prontamente atavíos y alimentos, y le dio también siete doncellas especiales de la casa del rey; y la llevó con sus doncellas a lo mejor de la casa de las mujeres. Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase”, Ester 2:7-10
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, 2 Corintios 5:17
La vida de Ester es una muestra de lo que Dios es capaz de hacer con nosotros. Esta joven mujer cumplió el propósito de Dios para su vida y fue de gran bendición para el pueblo judío. Esto no hubiera sido posible si ella se hubiera dejado vencer por su pasado, por las circunstancias en las que se desarrolló, pues era huérfana y criada por su primo Mardoqueo. Todas las marcas y traumas producidas por la ausencia de sus padres las superó gracias a su fe en Dios y por seguir obedientemente la dirección de su primo.
No importa cuáles hayan sido las situaciones de nuestra vida, cuando llegamos a los pies de Cristo, Él hace nuevas todas las cosas, por eso no nos podemos dejar vencer por los estereotipos. Dios es especialista en transformar vidas y la Biblia está llena de mujeres y hombres que se dejaron moldear por Dios para llevar a cabo sus planes. Para Dios no existen las barreras cuando se propone hacer algo con nosotros.
Ella no reveló su identidad porque el pueblo judío estaba en riesgo. Si bien tenemos la responsabilidad de declarar nuestra identidad como pueblo de Dios, hay ocasiones en que debemos ser prudentes como Ester, puesto que Dios tiene planes que se revelan en su tiempo. Ester estaba aprendiendo que Dios vincula a las personas con sus propósitos soberanos. Su colaboración y la de Mardoqueo salvaron la vida del rey y trajo la destrucción de sus enemigos.
Cuando estamos con Dios, nos coloca en el lugar y tiempo exacto para obrar su voluntad. Ester halló gracia ante los ojos del rey Azuero y fue elevada a la dignidad de esposa principal o reina, no fue una más en su harén. Dios le permitió una posición de privilegio que sería después usada para salvar a su pueblo.
Así como Ester, Dios nos ha hecho un llamado independientemente de lo que somos. Nos hizo y nos conoce, por eso nuestra valía se encuentra en Él, no en lo que los demás piensen de nosotros. Es más importante lo que Él dice de nosotros. Somos dignos de ser sus hijos, nos dotó de capacidades únicas para enfrentar la vida y para servirle. Por eso debemos como Ester, prepararnos para nuestra tarea, edificarnos a la estatura de Cristo y ser de bendición. No menospreciemos lo que Dios nos ha dado y no perdamos de vista su voluntad.   "Amado Dios, quiero permanecer humilde y obediente a tu llamado, gracias por ser linaje escogido, nación santa y pueblo adquirido por ti para anunciar tu mensaje de salvación. Gracias por los privilegios que me das como hijo de Dios, ayúdame a discernir tus propósitos y actuar de acuerdo con ellos. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito. 
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