jueves, 15 de enero de 2026

El carácter amoroso del Padre con Israel y con la humanidad

 El carácter amoroso del Padre con Israel y con la humanidad

“Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” Oseas 11:1-4

Es maravilloso ver el carácter de amor del Padre Dios por su pueblo Israel, y muy triste observar cómo su pueblo, en muchas ocasiones no correspondió a su amor, el libro de Oseas 11:1-4 nos deja claro cuánto amor expresa Dios a su pueblo al decirle “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé” y nos deja ver cómo los trataba como a hijos, pues enseguida declara “y de Egipto llamé a mi hijo” en contraste dice de su pueblo “Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios”, es como si esos mandamientos de Dios, dados en el monte Sinaí, hubieran entrado por un oído y salido por el otro, “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen … No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios” fue algo que se les olvido, o peor aún, que sabiéndolo no les importó, sin embargo podemos ver ese carácter de amor de Dios cuando dice: “Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba”, no se dieron cuenta que prácticamente esos mandamientos de amor, tenían la finalidad de protegerlos para que su corazón no se desviara tras dioses que no son dioses; pero a pesar de que Dios como un buen Padre les enseñaba y los cuidaba, ellos como un hijo rebelde se alejaban.

Sin embargo, Dios con todo seguía tratando de atraerlos con amor, por eso dice “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” Y eso es lo hermoso de Dios, de su carácter, que de igual forma hizo con nosotros y con la humanidad, pues su amor es tan grande que fue capaz de dar a su Hijo amado como pago por nuestros pecados para salvarnos (Juan 3:16), y atraernos con la cuerda de amor más grandiosa hacia Él: la entrega de la vida de Jesús en la cruz, así que hermanos correspondamos al amoroso carácter de Dios y dejemos que su Santo Espíritu desarrolle el carácter de Cristo en nosotros.   Oración.

«Padre Dios, gracias por tu gran amor, gracias por atraerme a ti con la cuerda de amor más maravillosa: la obra de tu hijo Jesús en la cruz, gracias por adoptarme como tu hijo, darme tu perdón, tu vida, tu identidad y un propósito para vivir, gracias por amarme. Amen. 



miércoles, 14 de enero de 2026

La voz del amado

 La voz del amado

“Mi amado habló, y me dijo: levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.” Cantares 2:10-14

El libro de Cantares es un hermoso poema de dos enamorados, que también hace referencia a la relación de Amor de Cristo con su Iglesia, por lo cual el pasaje de Cantares 2:10-14 nos deja ver el llamado de amor que nos está haciendo el Señor, donde nos pide que nos levantemos y nos acerquemos a Él, revelándonos la verdad espiritual que deberíamos estar viviendo: “ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola”, haciendo referencia a que el frio del invierno de nuestra vida debe quedar atrás, pues nuestros pecados ya han sido perdonados, y ahora en Cristo tenemos una nueva vida que debe florecer de amor, una vida llena de gozo, pues el tiempo de la canción ha llegado, una vida que trasmita paz pues se ha escuchado la voz del amado, quien nos dice “La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor”, revelándonos ese fruto que como creyentes debemos dar y disfrutar: el fruto del Espíritu, que encontramos en Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”

Es maravilloso ver el amor con el cual somos tratados por Dios, pues se nos dice: “levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes”, y esto es así, gracias a Cristo, pues ahora en Él, Dios nos ve precisamente en el agujero de la peña, es decir en Cristo mismo, y nos trata al igual que a su Hijo amado, y a su vez Jesús nos trata como a una novia que va a ser desposada y nos invita a relacionarnos de manera íntima con Él, por medio de la oración, la lectura de la Palabra y la comunión del Espíritu Santo, por eso es que nos dice: “muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.  Oración.

«Amado Jesús, gracias por dejarme oír continuamente tu llamado de amor, gracias por recordarme por medio de tu Santo Espíritu cuánto me amas, por recordarme que me has perdonado, y que ahora tengo una nueva vida en ti, una vida llena de fruto. Amen.  



martes, 13 de enero de 2026

Dios de pactos.

 Dios de pactos. 

“De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”, Lucas 22:20

“Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” Hebreos 8:13

Siempre hemos expresado que Dios nos llama a tener una relación personal con él, pero la doctrina bíblica expresa algo mucho más sustancial y trascendente. Es decir mucho más orgánico, íntimo y profundo. (Efesios 5:30-32)

Observemos por ejemplo, que para los profetas el problema de Dios con su pueblo es que el pacto fue quebrantado “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová” (Jeremías 31:32), mostrando a Israel como una esposa infiel que quebrantó el pacto.

Pero ya que ese antiguo pacto no fue eficaz y reveló la incapacidad del hombre de cumplirle a Dios, entonces, Él provee un nuevo pacto, uno incondicional y eternamente perdurable, que no depende del hombre, sino de Dios completamente; entonces profetizando este nuevo pacto, dice la escritura: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).

Este nuevo pacto tiene fundamento legal y eterno, no depende de nuestros sentimientos, es inmutable, define nuestra identidad, destino y misión, y es el Hijo quien lo cumple, lo ejecuta y lo sostiene. ¿Y nosotros?

Pues lo primero es que nosotros, eramos ajenos a los pactos de la promesa, pero ahora somos el pueblo del pacto por la iniciativa soberana de Dios, y solo por la fe en Cristo, mediante un nuevo nacimiento, somos incluidos en él, colocados en él, unidos a él. Este énfasis de “incluidos”, “colocados”, “unidos” es clave para entender la más profunda base del evangelio: Somos una nueva creación “en” Cristo. (Efesios 2:12-13)

Por esta razón en el nuevo testamento aparece aproximadamente 164 veces la palabra “en” Cristo, pues esto corrobora nuestra inclusión en Cristo, mediante el nuevo pacto, de manera orgánica, objetiva, real e inquebrantable. (Efesios 5:30,32).

Tu, yo, y todo el que cree es unido a Cristo: “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”, (Efesios 2:15), un solo y nuevo hombre, en Cristo, un nuevo nacimiento por el Espíritu: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13). Este es el sentido y significado verdadero del bautismo del Espíritu Santo.

Por lo tanto, no estamos renovando una relación con Dios, somos una nueva creación, entramos por gracia por medio de la fe, por un acto soberano de Dios, en su Hijo amado y somos, vivimos y nos movemos en Él.

Mañana reflexionaremos en las implicaciones de esta realidad de haber sido colocados en el pacto “en” Cristo Jesús.   Oración.

«Padre, gracias porque me has incluido en Cristo. En él estoy completo y no me hace falta nada, pues por el pacto eterno sellado con su preciosa sangre derramada en la cruz, tengo al Hijo y por tanto tengo la vida eterna. Ayúdame a compartir esta gracia con los que no tienen verdadera vida. Para gloria de tu nombre, amén.



lunes, 12 de enero de 2026

La gloria de Dios, no la gloria del hombre.

 La gloria de Dios, no la gloria del hombre. 

“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”, Juan 12:42-43

“Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios”, 1 Samuel 15:30

La gloria de Dios es la expresión de sus atributos, su amor, su poder, su misericordia, su revelación, la expresión misma de su naturaleza en todo lo creado. (Salmo 19:1).

Todo lo creado manifiesta su gloria, pero nosotros debemos reconocer su gloria, como nos enseña Romanos 1:21-23, que incluso habla de lo que no es la gloria de Dios o el contraste con aquello que no reconoce la grandeza de Dios: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

La gloria que el hombre busca es impedimento para creer y para crecer: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”, Juan 5:44.

Impide el accionar y crecimiento de la fe, porque toda gloria del hombre es buscar lo suyo propio (Juan 12:42-43).

Aun el Señor Jesús, no buscaba su propia gloria, sino expresar al Padre, glorificándolo en todo, como dice Juan 8:54 “Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.”,

Y aun el Espíritu Santo busca glorificar al Hijo “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:14).

Nosotros fuimos creados para su gloria y nuestra misión es por el Espíritu glorificar al Padre, cuando el Hijo es formado en nosotros, por el poder de su Espíritu: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Isaías 43:7 y Efesios 2:10 nos confirma: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, observemos que dice creados “en” Cristo Jesús.

Mañana miraremos cómo aplicar este conocimiento bíblico en nuestra vida diaria, mientras tanto podemos reflexionar ¿Qué cosas en nuestra vida no le dan la gloria a Dios?    Oración.

«Padre, no a nosotros, sino a tu nombre es toda la gloria, que tu Hijo sea formado en mí para expresar en mi una gloria plena e inmarcesible, por el poder de tu Santo Espíritu, amén.



domingo, 11 de enero de 2026

Restaurados plenamente

 Restaurados plenamente

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” Isaías 53:11

Cuando venga a nuestra mente, por alguna situación, la desesperanza de la pérdida, el dolor del pasado, el trauma de lo vivido, debemos ir nuevamente a la cruz, al monte donde se escuchó su grito de angustia, pues su alma fue angustiada para que tú y yo tuviéramos paz: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).

‘Y aun así, despierto siempre en el mismo lugar en el monte que te oyó gritar’, esto quiere ilustrarnos poéticamente que el único trauma que debería conmover nuestras entrañas, cada vez que lo recordamos, es la muerte de Cristo en la cruz. Porque allí también estuvimos nosotros, escuchamos su grito, pero también morimos juntamente con Cristo, para luego ser resucitados juntamente con él. (Romanos 6:6, 8). Es el único trauma que tiene recompensa eterna, que tiene cruz y que tiene resurrección.

Es cada día, sí, ir a la cruz, negándonos a nosotros mismos, no confiando en nuestro propio corazón, en lo que “siento”. Cuando nos negamos, surge la vida que nos saca de nuestros propios traumas, la vida de Cristo que nos fue impartida, donde todo está resuelto y sanado; “todo está consumado” (del griego ‘tetelestai’, significa pagado es, vencido es, liberado es). La vida que nos habita surge, cuando salgo de mi, de mi yo, de mi propio dolor, voy mejor al trauma de la cruz y a la libertad de la cruz, y en el poder de su resurrección, entonces se expresa plenamente la vida de Cristo. (Lucas 9:23, 1 Juan 1:2)

Pero tenemos que verlo, nos tiene que ser revelada esa vida que nos habita, este es el sentido por lo cual suceden las dificultades: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;”, (2 Corintios 4:17).

La leve tribulación es mucho menor y es usada por Dios para producir en nosotros una gloria que durará para siempre y que es de mucho más valor que las dificultades, ¿cuál es esta gloria? o ¿cómo glorificamos a Dios en las dificultades? Cuando Cristo es formado en nosotros, pues él, es el resplandor de la gloria de Dios (Hebreos 1:3).

Cuando pasemos por un sufrimiento, cuando recordemos un trauma pasado, vayamos a la cruz a negarnos a nosotros mismos, para que la vida de Cristo se exprese libremente a través de nosotros: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” (1 Pedro 5:10).

El trauma de la cruz sana cualquier trauma de nuestra vida humana, pues su alma fue afligida para que la nuestra fuera redimida, restaurada y vivificada.    Oración.

«Me amaste en el dolor mi Señor Jesús, Padre, me salvaste en tu infinito amor dándome el regalo de tu Hijo unigénito, Espíritu Santo, que mi vida sea restaurada plenamente para que viviendo Cristo en mí, pueda glorificar al Padre. Amén.   



sábado, 10 de enero de 2026

Restaurados de nuestros traumas

 Restaurados de nuestros traumas

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”, Hebreos 2:14-15

En el devocional anterior, quedó la pregunta de cómo el Señor Jesús, restauró a sus discípulos luego de que resucitó, ante el trauma experimentado por ellos por los acontecimientos de los días anteriores.

Lo primero que les dice es “paz a vosotros” (Juan 20:19), ya sabemos que no es cualquier paz, es su paz, que anuncia el triunfo, la derrota del enemigo, Él vence el mayor temor que tenemos los seres humanos, ¡Cristo venció la muerte¡.

Como lo dice contundentemente Hebreos 2:14-15 “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”

También a Pedro lo restaura con amor y le coloca una misión: apacentar el rebaño (Juan 21:15-19), Jesús llevó a Pedro a que pasara de «soy un traidor» a «soy un pastor».

Cuando nuestro Señor resucitó estuvo 40 días (Hechos 1:3), enseñándoles a vivir en la nueva naturaleza, pero inicia restaurando a sus apóstoles: Calma el miedo («Paz a vosotros»), valida la realidad («Palpad y ved»), normaliza la vida (Come pescado), reescribe la historia de ellos (Preguntas y nueva misión a Pedro). (Lucas 24:36-45, Juan 21:17)

¿Cómo podemos entonces aplicar esta enseñanza para superar un trauma? Veremos la conclusión en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, el mayor temor de nosotros los seres humanos fue vencido en la cruz por tu Hijo, ya el que tenía el imperio de la muerte no tiene poder sobre los que creemos, pues somos tuyos, fuimos comprados por tu preciosa sangre derramada, mi historia ha sido reescrita en Cristo Jesús, amén.



viernes, 9 de enero de 2026

Superando nuestros traumas

 Superando nuestros traumas

«Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres», Isaías 52:14

“Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”, Mateo 26:56

Los discípulos vivieron un trauma tremendo que los acompañó toda su vida. Vieron a Jesús morir de manera violenta y expresaron miedo, huyeron y se aislaron (Mateo 26:56, Juan 20:19). Quedaron paralizados y no pudieron seguir ejerciendo su ministerio en ese momento, por temor a repetir lo que le había pasado a su Maestro. Pero algo sucedió que los sacó de ese trauma, para que pudieran seguir ¿qué fue lo que sucedió?

Ahondando más profundamente en lo que les sucedió a los discípulos, vemos que en Isaías 52:14 dice: «Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.», La palabra «Asombraron» usada en este texto, traducida del hebreo original bíblico implica quedar atónito, devastado y desolado.

Psicológicamente, describe un ‘shock cognitivo’. La mente de los discípulos no podía procesar el nivel de violencia («desfigurado») que estaban viendo, incluso todos los sucesos de esa noche fueron un golpe de realidad que no pudieron asimilar.

En el caso de Pedro, el trauma es complejo porque mezcla la violencia externa con el colapso de su propia identidad (pues él juró defenderlo y falló, entonces, se llenó de culpabilidad.). Veamos en Lucas 22:61-62 «Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

¿Cómo nuestro Señor Jesús trata este asunto cuando resucita? ¿cómo restaura a los apóstoles? Lo veremos en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, he sufrido muchas cosas, pero nada se iguala a lo que Jesús sufrió por mí en la cruz, quiero que venga a mi entendimiento y a lo más profundo de mi conciencia, lo que sucedió ese día, porque yo también estuve allí por mi pecado, pero tú, me salvaste cuando yo no lo merecía, gracias por Jesucristo. Amén.



jueves, 8 de enero de 2026

Amor al dinero

 Amor al dinero

“Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” Mateo 19:21-24

El amor al dinero es un sentimiento de confianza desbordado por las posesiones materiales, que imposibilita a una persona para servir verdaderamente a Dios, puesto que confían más en ellas que en Dios. Y esto es lo que le sucedió al joven rico cuando el Señor le pidió vender todo lo que tenía, darlo a los pobres y seguirlo a Él; su reacción inmediata fue entristecerse y no creer o confiar en lo que Jesús le decía. Es sorprendente ver la increíble y maravillosa promesa del Señor para él, pues le dijo “Tendrás tesoro en el cielo”, pero el amor de este joven por sus riquezas le imposibilitó servir a Dios y entender aquello tan grande que el Señor le estaba prometiendo.

Lo mismo sucede hoy en día, la vanagloria de tener riquezas y el amor a ellas no nos permite servir a Dios a través de estas, puesto que nos impide tres cosas:

En primer lugar, amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, como lo dice su gran mandamiento en Mateo 22:37-38.

Segundo, reconocerlo como nuestro Dios proveedor, ya que de Él son y provienen las riquezas, la gloria, la fuerza y el poder (1 Crónicas 29:12).

Tercero, dar con generosidad y alegría, porque para esto el Señor nos ha enriquecido (2 Corintios 9:11).

Por esto es que el Señor nos quiere recordar su exhortación con respecto a este tema, dice su Palabra en 1 Timoteo 6:17 “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.   Oración.

«Padre, que la abundancia de tus bendiciones no produzca en mí vanagloria, altivez y amor a ellas; te pido por la gracia de Jesucristo que guardes mi corazón y me permitas en todo tiempo reconocerte como mi Dios proveedor, que me enriquece en todo para disfrutar y compartir. Gracias Señor por tu amor y generosidad, Amén.