La oración.
Parte 4
“Vosotros,
pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la
gloria, por todos los siglos. Amén.” Mateo 6:9-13
Qué
bendición es escuchar, de la boca de Jesús, la manera en la que nuestras
oraciones deben estar enfocadas, pues sin Él ¿qué podríamos pedir como
conviene? (Romanos 8:26).
Haciendo
este devocional recordé que en mi iglesia, sobre el atril, se encontraba un
papelito en el que había un pequeño acróstico que nos recordaba la manera
práctica en la que debíamos orar antes de dar inicio al culto del día; este
acróstico incluía la palabra CASA y meditando en el pasaje principal el Señor
me llevaba no solo a recordarlo, sino también a explicarlo de manera sencilla a
través de este devocional, para que juntos aprendamos a orar de forma efectiva
así como Cristo nos enseñó.
La primera
letra que encontramos en este acróstico es la “C” y ella nos recuerda que en
toda oración es importante iniciar confesando nuestros pecados; pues, como nos
enseña la palabra en Isaías 1:18, debemos acercarnos a Él en humildad y
ponernos a cuentas con Dios, ya que muchas veces no solo pecamos con nuestros
pensamientos, palabras, actos, sino también por omisión con cosas que Dios nos
ha enviado a hacer y por desconocimiento o por voluntad propia no hemos querido
obedecer; pero lo importante no está solo en la confesión, sino también en
apropiarnos de una gran verdad que el Señor nos revela: “Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de
toda maldad.” (1 Juan 1:9).
La segunda
letra es la “A” y esto nos manifiesta que en toda oración debe haber una
adoración a Dios, así como lo enseñó Jesús cuando expresó: “Padre nuestro que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre”; qué hermoso es incluir en la
oración palabras de adoración a Dios, exaltando lo que Él es, su carácter, pero
también recordando lo que Él hace; y es que el Señor es digno de recibir toda
alabanza, por eso cuando le adoramos cumplimos lo que nos dice su palabra:
“Todo lo que respira alabe a Jehová” (Salmos 150:6).
La tercera
letra que encontramos es la “S”, la cual nos habla de súplica, pues el Señor
también anhela que nos acerquemos confiadamente ante Él y dejemos en su altar
nuestras peticiones, recordando que: “Por nada estéis afanosos, sino sean
conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con
acción de gracias.” (Filipenses 4:6). Y esta súplica es importante acompañarla
con acción de gracias, que es a lo que nos lleva la última letra “A” de nuestro
acróstico; Jesús nos recuerda que aunque tenemos la bendición de pedirle a Dios
por nuestras necesidades, es importante darle gracias a Dios, no solo por su
respuesta, sino también porque siempre nos escucha: “Y Jesús, alzando los ojos
a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre
me oyes;” (Juan 11:41b-42a)
¡Gracias
Señor Jesús por permitirnos conocer estos 4 elementos claves para tener
oraciones efectivas! Oración.
«Gracias
Señor Jesús por enseñarnos a orar y por recordarnos la importancia de tener una
comunicación diaria contigo; porque, cuando lo practicamos, podemos
experimentar el resultado de lo que significa mantenernos en comunión diaria
contigo, pues es un alivio para nuestra alma, el consuelo para nuestras vidas y
el aceite para nuestras heridas, amén.
Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo
último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.
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