jueves, 3 de abril de 2025

El Espíritu Santo, nuestro ayudador

 


El Espíritu Santo, nuestro ayudador

 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, “Juan 14:16-17a

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” Juan 14:18

“Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Juan 14:26

Como el mismo Señor lo expone: cada día tiene su propio mal o trae su afán; es por ello que en nuestra vida de manera frecuente se nos presentan nuevos retos o nuevas oportunidades para avanzar y crecer en diferentes áreas: una responsabilidad diferente en el ministerio o cargo que ejerzas, una mudanza de residencia, un bien material para administrar, un primer hijo, un hermano para ese hijo, un intercambio académico, la transición de colegio a universidad, o de universidad al ámbito laboral, entre otras tantas cosas que se pueden presentar en la cotidianidad.

Sin duda, el ser humano, de la manera que lo ha creado Dios, está en la capacidad de responder a estos nuevos comienzos; sin embargo, cuando no contamos con la ayuda de Dios de manera oportuna y precisa, todas estas cosas nos pueden llevar a diferentes males, como por ejemplo, trastornos mentales y de sueño, enfermedades físicas, pérdidas, fracasos económicos, matrimoniales, ministeriales, familiares, sociales, entre otros.

Es por ello que, el Señor conociendo de antemano nuestra humanidad débil e imperfecta, decide de manera voluntaria y anticipada enviarnos un AYUDADOR, el Espíritu Santo, nuestro consolador, guía, abogado y defensor. El Espíritu Santo es una persona de la divinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas, pero un solo Dios verdadero (Juan 15:26)) teniendo así todos los atributos de Dios, entre ellos, todo lo sabe, todo lo puede y es amor; esa persona es la que cada creyente tiene hoy y todos los días, morando en su vida, estando en él; y está ahí en cada corazón para cumplir con toda voluntad y amor su labor, entonces, hemos de ser nosotros los que cada día seamos conscientes de ello, y le pidamos en todo momento que nos llene de Él; que su sabiduría, su poder, su fuerza, su gozo, su amor, su paz, su paciencia y todas sus virtudes invadan nuestro ser y nos lleven en su plenitud, a ser y hacer lo que se nos ha encomendado. Así que, como dice 2 Corintios 13:14, “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.   Oración.

«Bendito Dios, gracias Padre por tu Hijo y por tu Espíritu; te alabo y te bendigo en este día, porque has sido bueno y misericordioso al enviarme a tu Espíritu a morar en mi corazón. Anhelo que cada día me hagas más consciente y entendido de su presencia continua en mi vida y de todo lo que Él está dispuesto a hacer en cada ámbito al ser mi ayudador, mi consolador, mi guía y Dios, amén.

miércoles, 2 de abril de 2025

Andar en vida nueva

 


Andar en vida nueva

“Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia.” Romanos 8:10

“si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” Gálatas 5:25.

Antes, cuando no habíamos recibido a Cristo en nuestro corazón, nuestro estado era: vivos en cuerpo, (un cuerpo que estaba esclavo del pecado) y, muertos en espíritu; en otras palabras, estábamos: vivos físicamente, pero muertos espiritualmente (Efesios 2:4-5).

Ahora, con Cristo en nosotros, tal como lo expone Romanos 8:10, debemos creer que nuestro cuerpo está muerto, en el sentido de ser un canal para pecar, pero que nuestro espíritu vive, para que ahora seamos medios, pero de la justicia, es decir, para hacer lo correcto, lo agradable a Dios. En este sentido, la Escritura en Gálatas 5:25 dice que, si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu, dándonos a entender que, si verdaderamente nosotros hemos recibido al Señor Jesús en nuestra vida, debemos permitir que sea justamente Él quien viva en nosotros.

Esa nueva vida que ahora por Cristo hemos recibido, la vida espiritual, no es precisamente para que la tengamos de adorno y sin estrenar, sino que, es un regalo precioso que se nos ha dado para vivirlo y disfrutarlo, para que justamente ya no seamos guiados, impulsados y esclavizados por los deseos de nuestra carne que se oponen a Dios, sino que nuestra vida la dirija, la controle y la gobierne el Espíritu de Dios, el mismo Espíritu que sustentó y llenó la vida de Jesús y más aún, el Espíritu que, le levantó de los muertos; así que, amados y bendecidos hermanos, según dice Romanos 8:11, permitamos que el Santo Espíritu de Dios vivifique nuestros cuerpos mortales, de modo que ahora, cada uno de nuestros miembros sean medios para la gloria de Dios; “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Romanos 6:11.  Oración.

«Padre Celestial, que la nueva vida que por gracia, por medio de la fe en Cristo Jesús me ha sido dada, la pueda vivir y disfrutar de tal manera que tú y yo, por medio de tu Espíritu, seamos uno en Cristo, para gloria de tu nombre, amén.

martes, 1 de abril de 2025

El propósito de Dios es bendición

 


El propósito de Dios es bendición

“He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”, Génesis 28:15-16

Recordando la historia, Jacob viene huyendo de su hermano Esaú, quien quería matarlo, porque Jacob le había robado la bendición de la primogenitura a Esaú. Pero Dios le muestra a Jacob que Él es su protector y proveedor, y aunque estaba solo en tierra extraña y lejana, Él no lo abandonaría. Dios no abandona sus propósitos, pues con Abraham había hecho un pacto, el cual confirmó a su hijo Isaac y ahora a su nieto Jacob, y Dios le dice: “Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente”, Gén 28:13-14. No hay nada que pueda detener los propósitos del Señor.

Muchas veces los creyentes ignoramos la presencia de Dios y sus designios; así como le pasó a Jacob cuando dijo: “Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”. El Señor lo ha dicho una y otra vez en su Palabra, que no nos dejará, ni nos desamparará, que estará con nosotros todos los días de nuestra vida hasta que él haya cumplido su propósito en nuestra vida.

Hermano, nuestro corazón puede descansar en la fidelidad y el poder de Dios; pues por su eterno e incondicional amor siempre lucha a nuestro favor, Dios no nos soltará hasta terminar la buena obra que inició en nosotros según su buena, perfecta y agradable voluntad. Oración.

Amado Dios, tú has prometido que me guardarás por donde quiera que yo vaya, que cumplirás tu propósito en mí; y he creído en tu Palabra, he descansado en tu fidelidad, pues tú eres mi escudo, mi fortaleza y mi alto refugio. Señor, te doy gracias por estar presente en mi vida, por ser mi protección y mi provisión. Amén.