lunes, 9 de septiembre de 2024

Los regalos de Dios

 


Los regalos de Dios

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.”; “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.” Mateo 2:1-2,11

Al leer sobre los sabios de oriente, quienes evidentemente fueron movidos por la voluntad Divina para ir en busca del Salvador de la humanidad, meditaba del porqué habían sido enviados y porqué llevaban aquellos presentes: oro, incienso y mirra. Entonces Dios me llevaba a darme cuenta que al igual que José y María, quienes fueron tomados por sorpresa con aquella visita que era enviada por Él, nosotros los creyentes, también somos muchas veces sorprendidos con enviados de Dios que están siendo guiados por la voluntad Divina para entregarnos grandes tesoros como a hijos de Dios.

Por ejemplo, pensemos cuán afortunados hemos sido al haber tenido a alguien que nos entregara ese tesoro que es la Palabra de Dios, alguien que guiado por Dios nos enseñara esas verdades contenidas en la Biblia, que son las que generan fe, que como dice 1 Pedro 1:7 es mucho más preciosa que el oro; también podemos traer a memoria a aquellas personas que con su ejemplo nos enseñan a orar apoyándonos en el Espíritu Santo para que Él transforme nuestra oración y la lleve al Padre como olor fragante, como incienso agradable a Dios como dice el Salmo 141:1-2 y Romanos 8:26; o recordemos a aquellos predicadores que al compartirnos acerca de la obra de Cristo nos llevan al evangelio para que el Espíritu Santo nos revele el valor y la trascendencia de la muerte y resurrección de Cristo para que podamos entender que como aquel regalo de la mirra a nosotros se nos da el regalo de tener la revelación de que Jesucristo es Dios, el Salvador, como dice Romanos 1:16 y 1 Corintios 2:10.

Hermanos estemos agradecidos con Dios, pues con nosotros los creyentes, sus hijos, hace lo mismo que hizo con su Hijo Jesús, envía personas que traen a nuestras vidas esos tesoros para ayudarnos a crecer en nuestra formación espiritual.    Oración.

«Padre Dios, gracias por aquellas personas que has enviado a mi vida con esos grandes tesoros que hoy me permiten ser más como tú, gracias por tu Palabra que produce fe en mí, gracias por la oración que me permite tener comunión en el Espíritu contigo y gracias por la predicación por medio de la cual me has revelado la obra de tu Hijo en la cruz, te pido, bendice a cada persona que lleva estos regalos de parte tuya y permíteme ser uno de ellos. Amén.

domingo, 8 de septiembre de 2024

De tal palo, tal astilla

 


De tal palo, tal astilla

 “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día;… trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.“ 2 Timoteo 1:3,5

¿Cuántos de nosotros hemos escuchado dichos populares como: “De tal palo, tal astilla” o “hijo de tigre sale pintado”? Seguramente muchos de nosotros las habremos oído en alguna ocasión, y cuando lo hemos hecho entendemos que a lo que hacen referencia es al parecido, ya sea físico o personal, que tiene un hijo con sus padres. Si en la Biblia tuviéramos que encontrar este tipo de ejemplo podríamos mencionar a 2 personas: Primero, a Timoteo, pues en él vemos reflejado (desde pequeño) la fe de su abuela Loida y de su madre Eunice como nos lo dice 2 Timoteo 1:5; y segundo y más importante, a nuestro Señor Jesús, pues en cada paso que dio reflejó el carácter de Su Padre, tanto así que Él mismo lo manifestó en Juan 14:9-10: “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.”

Cuando reflexionaba en esto me daba cuenta de la importancia de lo que le enseñamos a nuestros hijos, pues en Timoteo vemos, que esa dedicación que había tenido tanto su abuela como su madre, en instruirlo en el camino del Señor seguían dando fruto años más tarde, tanto así que personas como Pablo podían notar esa fe no fingida. En el caso de nuestro Señor, al ser instruido por Dios, vemos cómo otras personas podían sentir admiración al escuchar sus enseñanzas, pues todo esto lo hacía con autoridad, coherencia e integridad (Marcos 1:22)

En conclusión podemos entender a través de este devocional que si Timoteo aprendió a tener fe en Dios gracias a la estrecha relación que tenía con su madre y con su abuela, quienes le enseñaron la palabra de Dios, nosotros también podemos aprender, pero por medio de nuestra relación con Cristo, a reflejar su carácter para que así nos puedan decir: “de tal palo, tal astilla” (Efesios 4:13)    Oración.

«Señor yo quiero reflejar tu carácter a donde quiera que vaya, pues soy consciente de que he sido enseñada por ti y que si hay a alguien a quien debo parecerme en forma de pensar, sentir y actuar es a ti. Llévame a profundizar en mi relación contigo, a conocerte más y a dejar obrar a tu Espíritu Santo en mí, te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

sábado, 7 de septiembre de 2024

Las dádivas de Dios son por gracia

 Las dádivas de Dios son por gracia

“Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen.” Lucas 1:46-50

En este cántico de María podemos ver cómo exalta al Señor por ese regalo inmerecido que ha recibido, el llevar en su vientre al Salvador. Cuando leía esta porción recordaba cómo de esta misma manera (por gracia) son las dádivas que recibimos de parte de Dios. Cuán hermoso es saber que todo lo que se nos ha dado: Salvación, perdón de pecados, vida eterna, entre muchas otras cosas más, ha sido por voluntad de Dios, un regalo de su parte. En una ocasión leí en un nivel bíblico que: “Cuando nacemos físicamente no somos conscientes de muchas cosas que se nos brindan como: nombre de familia, amor, cuidado y protección.” dicho libro añadía que ésto mismo sucede cuando nacemos espiritualmente, pues en este nuevo nacimiento somos hechos hijos de Dios, y de la misma manera recibimos: vida eterna, perdón de pecados, el amor de Dios, una herencia divina, y la protección del Padre, cosas que quizás en un inicio no comprendemos de qué tratan, pero que de igual manera las tenemos (las entendamos o no) solo por gracia de Dios. Estas cosas que Dios nos ha dado, explicaba el mismo autor, que Dios nos las otorga no con base en sus emociones, sino con base en Su Palabra inconmovible como lo dice Números 23:19, por eso reiteramos lo maravilloso que es nuestro Padre Dios.

Cuando pensamos en las dádivas de Dios es imposible no traer a nuestra mente la palabra Gracia, pues todo esto que recibimos proviene de esta manera, y es que es tan importante esta palabra que alrededor de la biblia la podemos encontrar más de 150 veces aproximadamente, por ello hoy que Dios nos recuerda que todo lo que se nos ha dado ha sido por Su gracia, elevemos (al igual que Mareía) un cántico de exaltación al Señor pues ha derramado de su abundante gracia en nosotros por amor (Efesios 1:3-14).   Oración.

«Padre tu gracia es sublime y ¿cómo no he de alabarte por ello? Has perdonado mis pecados aun cuando no lo merecía, me has amado de tal manera que me has prolongado tu misericordia, y sé que todo esto y mucho más lo he obtenido por gracia. Esta gracia sé que ha llegado a mí por la obra tan preciosa que tu Hijo Jesús hizo en la cruz, por esto y mucho más te doy ¡Gracias Señor!


viernes, 6 de septiembre de 2024

Coherencia en mi creencia

 


Coherencia en mi creencia

“Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.” Lucas 2:39-42

En estos versículos del evangelio de Lucas podemos encontrar aproximadamente 12 años que muestra la infancia de Jesús, y lo que podemos observar en ellos es el papel fundamental que tuvieron José y María en la crianza del niño Jesús.

Después del nacimiento de Jesús sus padres cumplieron con lo establecido en la ley, mostrando en sus vidas una coherencia entre su creencia y su vivencia. Dios el Padre les había encargado una gran responsabilidad, y ellos fielmente empezaban a ejercer su rol de padres enseñándole al niño con sus actos la Palabra de Dios.

Es maravilloso darnos cuenta que después que el evangelio de Lucas menciona que José y María habían cumplido con todo lo prescrito en la ley, se nos diga que el niño crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría, y que la gracia de Dios era sobre él, pues sabemos que la sabiduría que proviene de lo alto está contenida en las escrituras, dándonos a entender que de igual manera como ellos cumplían los rituales de la ley, también le enseñaban la Palabra de Dios a su amado Hijo, y todo el favor de Dios estaba sobre la vida del niño.

Durante estos doce años podemos ver que José y María mostraron coherencia entre su vivencia y su creencia, dejándonos una gran enseñanza para poner en práctica en nuestras vidas, a los que son Padres o que alguna vez lo serán nos insta a que nuestros actos sean el reflejo de nuestra fe en Jesucristo, para que así nuestros hijos no vean contradicciones entre lo que predicamos y lo que practicamos

Pero independientemente si somos padres o no, estos pasajes bíblicos nos impulsan como creyentes a pedirle al Espíritu Santo su ayuda, para que nuestro carácter sea igual que el de Cristo, y por lo tanto tengamos coherencia entre nuestra creencia y nuestra vivencia.   Oración.

«Padre Dios, te pido que la gracia del Señor Jesucristo y el poder de tu Santo Espíritu me lleven a formar el carácter de Cristo en mi vida, quiero que haya coherencia entre mi creencia y mi vivencia, pues como creyente mi anhelo es poder ser un reflector de tu gran amor. Amén.

jueves, 5 de septiembre de 2024

Cuida tus enojos

 


Cuida tus enojos

“La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto su ofensa”

Todos nos enojamos por diversos motivos.

Hay ira que nos lleva a hacerles bien a otros, como cuando nos enojamos al ver alguna injusticia. Por ejemplo, la ira justa de Jesús llevó a la purificación del templo (Juan 2:13-20). Comerciantes se habían apoderado del templo reservado para la adoración y la ocupaban para vender animales para el sacrificio. El Señor Jesús los echó y restauró el lugar a su uso original.

La ira también puede desencadenar una serie de circunstancias negativas que rápidamente se van fuera de control. Decimos palabras que lastiman a otros. Por tanto, necesitamos ayuda con el enojo y debemos evitar la compañía de aquellos que influyen negativamente y convertirnos en personas crónicamente enojadas. La Biblia dice: “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma”.

Evalúa tus propias actitudes y palabras. Santiago nos dice: Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Podemos experimentar la ira sin dejar que se convierta en pecado o permitir que traiga consecuencias negativas. La Biblia dice: Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. Tratar con la ira el mismo día en que surge sirve como elemento prudente tanto para evitar los resultados adversos que nuestra ira puede causar como para poner freno a la actividad del diablo en nuestra vida.

Siga las instrucciones de Dios, use los principios bíblicos para vencer el enojo dañino en su vida. La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir la ira. Oración.

Amado Padre, gracias por tu amor, por tu misericordia por tu fidelidad y por la provisión diaria en mi vida. Hoy coloco en tu altar todo lo que produce ira en mí, aleja toda mala palabra con la cual pueda hacer daño a los demás, que de mí solo salgan palabras sabias, anhelo ser como dice tu palabra pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. Amen.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Convertíos a Dios de todo tu corazón

 

Convertíos a Dios de todo tu corazón


“Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.”, Joel 2:12

“Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.”, Joel 2:13

El hombre, alejado de Dios, es arrastrado por las corrientes del mundo que solo lo conducen a la búsqueda de la satisfacción de los deseos de la carne, que son vanidad, y que cada vez lo atraen más y más hasta conducirlo a la esclavitud, la destrucción y la muerte porque el propósito de satanás en el mundo es hurtar, matar y destruir y al hombre, en las garras del maligno, solo le queda una esperanza, convertirse a Dios de todo su corazón y esa conversión muchas veces implica ayuno y lloro y lamento porque satanás lucha con todas sus fuerzas para no dejar que sus esclavos se aparten de él.

Convertirnos a Dios de todo nuestro corazón implica recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal, entregarle el trono de nuestro corazón y de nuestra vida y rendirnos a Él para que real y verdaderamente sea en nuestro ser y en nuestra vida, nuestro Señor, nuestro Dios, nuestro Rey, nuestro todo.

Cuando el hombre en su angustia y desesperación, rasga su corazón y arrepentido de su maldad, de su iniquidad y de sus rebeliones clama a Dios; Él que es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, que se duele del castigo del hombre necio, contumaz y rebelde, porque es un Dios de Amor, quien dice que habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por 99 justos que no necesitan arrepentimiento. (Lucas 15:7)

Nosotros, convertidos de corazón y conocedores de la gran misericordia de Dios con la cual nos sustenta día tras día en todos los tiempos, momentos y circunstancias de nuestra vida; llamados somos a andar en fidelidad a Él, honrando y glorificando su Santo, Santo, Santo nombre, todos los días de esta vida que en su amor y en su misericordia nos permite vivir. Oración.

«Amado Padre, Señor y Dios nuestro, de todo mi corazón me allego ante tu santa presencia y clamo a ti para que perdones todos mis pecados, culpas e iniquidades y los pecados las culpas y las iniquidades de esta humanidad que alejada de ti se debate en la angustia y la desesperanza que producen la violencia, la maldad, la injusticia, la inequidad, la corrupción, la avaricia y el vicio, que dominan al mundo; para que en tu misericordia, que hace que te duelas de nuestro castigo, tengas compasión, perdones nuestros pecados y sanes nuestra tierra y nos des vida y paz. Amén.

martes, 3 de septiembre de 2024

La creación y la paternidad de Dios

 


La creación y la paternidad de Dios

“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer;” Génesis 2:8-9a

Qué hermoso ver a Dios desde el inicio de la creación preparando todo lo necesario para poner al hombre en este lugar tan especial (el Edén, el paraíso); esto me recuerda al tiempo de preparación en el que una pareja de esposos se dispone a recibir a su hijito en lo dulce de su morada, al querer lo mejor para él, preparan su cuarto para que esté cómodo, compran la ropa y demás implementos con tal de que no le haga falta nada. Cuán bello es pensar que lo mismo hizo Dios con nosotros, preparó todo lo necesario para que estuviéramos bien, y aunque Su anhelo siempre fue el mejor, lastimosamente a causa de nuestra desobediencia (que nos llevó a cometer pecado) esos propósitos divinos se vieron afectados en nosotros, pues comenzamos a experimentar enfermedades, muerte, y una separación en nuestra relación con Dios, cosas que no hacían parte del propósito del Señor.

Al pensar en esto y ver que ese propósito de Dios (de que nos mantuviéramos en esa santidad y obediencia al Señor) se afectó, me llevaba a entender el dolor que el Padre experimentó, pues aunque había creado lo mejor para nosotros y nos quería conducir hacia ello, quisimos tomar nuestra propia decisión, basándonos no en la voluntad de Dios sino en nuestra propia opinión. Si eres padre o madre entenderás de qué estamos hablando, pues seguramente también habrás experimentado este dolor, al ver que aunque le has tratado de inculcar y dar lo mejor a tus hijos para que actúen conforme a ello, ellos han determinado hacer su propia voluntad, seguramente te habrá dolido ver los malos resultados que todas estas malas decisiones les habrán ocasionado.

Queridos hermanos lo que el Señor anhela es que: primero, reconozcamos que Dios siempre ha querido lo mejor para nosotros, como su palabra lo manifiesta en Isaías 55:8-9, y segundo, retornemos a ese diseño original en donde Dios nos instruye y nosotros con total certeza y confianza le obedecemos pues su Espíritu Santo nos lleva a entender que Su voluntad, como buen Padre que es, siempre será buena, agradable y perfecta.  Oración.

«Padre, me has dado cosas que no merezco, como tu amor, protección, perdón, entre muchas otras más, y esto solo comprueba lo hermoso de tu carácter, pues como el buen Padre que eres no me pagas conforme mi iniquidad sino conforme a lo grande de tu misericordia. Gracias Padre por amarme de tal manera, amén.

lunes, 2 de septiembre de 2024

La superabundante gracia de Dios en nosotros

 


La superabundante gracia de Dios en nosotros

 “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;” 2 Corintios 9:8

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Filipenses 4:19

La superabundante gracia de Dios en nosotros, es un hecho que ha de ser manifestado tal y como lo recibimos, en toda su plenitud, cubriendo todas las áreas de nuestra vida.

En razón de dar y recibir, la gracia de Dios es, una vez más, esa buena dádiva y ese don perfecto que recibimos gratuitamente, y en este sentido, el Señor nos enseña que, el propósito o el fin por el cual Él hace que tengamos en todas las cosas todo lo suficiente, es para que nosotros también abundemos en toda buena obra.

Realmente, como lo dice Filipenses 4:19, la fuente de toda nuestra provisión o lo que hace que Dios supla todo lo que nos falta, no es la excelencia de nuestro trabajo ni nuestras muchas capacidades, sino que son, las riquezas en gloria en Cristo Jesús de las cuales somos herederos por medio de la fe en Él.

Entonces, sabiendo y reconociendo nosotros que el poder es de Dios, para hacer que abunde en nuestra vida toda gracia, lo que sucede es que movidos y guiados por el Espíritu Santo, nos disponemos también para dar, y no con tristeza ni por necesidad, sino con alegría y generosidad, pues Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7).

Y para aquellos que contribuimos en la ministración para los santos, es decir, en el servicio o la ayuda para quienes trabajan en la obra del Señor, nos es dada su promesa en 2 Corintios 9:10 que dice “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia,” De manera que, como dice 2 Corintios 9:15 “¡Gracias a Dios por su don inefable!”  Oración.

«Bendito Dios, gracias por la gracia que haces sobreabundar en mi vida, haciéndome estar preparado para toda buena obra con alegría y generosidad. Gracias porque sé que es la gloria de tu gracia en Jesucristo la que suple todo lo que me falta, y por ello mi corazón no solo abunda en acciones de gracias, sino también en generosas contribuciones para tu obra, gracias Señor, amén.