miércoles, 14 de agosto de 2024

La unidad del Espíritu

 


La unidad del Espíritu

“solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” Efesios 4:3

La paz en la Biblia tiene varios usos, entre ellos encontramos: cuando se pide o se ora por el bienestar de otra persona (Éxodo 4:18), cuando un grupo de personas se encuentra en armonía (Josué 9:15), cuando se busca el bien de un pueblo o nación (Salmo 122:6), entre otros. Y en esta oportunidad, a lo que se está refiriendo claramente el versículo de hoy, es a la paz que debe existir entre los creyentes, especialmente entre los que son más cercanos, es decir, nuestra pareja, hijos, padres, hermanos, amigos y demás.

La paz, según podemos entender en Efesios 4:3 es ese vínculo o ligamento que hace que entre los creyentes se mantenga la unidad del Espíritu Santo, pues una característica del fruto del Espíritu es la paz (Gálatas 5:22), y es por esto que, solo cuando somos dirigidos y controlados por el Espíritu Santo podemos estar en paz y así mantenernos en unidad. Es claro, que al igual que las demás personas, los creyentes también podemos tener diferencias entre nosotros, podemos enojarnos, disgustarnos y tener cualquier tipo de pensamiento, sentimiento o emoción que nos quiera llevar a dividirnos, pero es precisamente ahí cuando más debemos someternos a la guía y a la voz del Espíritu Santo para que eso no logre dividirnos y separarnos.

Y para esto, la Palabra de Dios es muy precisa en enseñarnos cómo debemos obrar ante situaciones adversas, por ejemplo en el mismo capítulo de Efesios 4, se nos dice que debemos actuar con toda mansedumbre y humildad, soportándonos con paciencia los unos a los otros en amor (v.2) también menciona que a pesar de que estemos diciendo la verdad, lo debemos hacer con amor (v. 15) y asimismo nos enseña que podemos airarnos, pero no pecar ni darle lugar al diablo, arreglando cualquier inconveniente lo más pronto posible (vv. 26-27). De modo que, queridos hermanos, según nos exhorta hoy el Señor, procuremos diligentemente mantenernos en la unidad del Espíritu Santo bajo el vínculo de la paz.    Oración.

«Padre Celestial, gracias porque a cada uno de tus hijos nos has dado el mismo Espíritu; entendemos que solo en su llenura y dirección podemos poner en práctica tu palabra y hacer tu voluntad; por eso hoy te pedimos según nos exhortas en tu Palabra que nos permitas para tu gloria, vivir en paz y así mantenernos en unidad, por tu Hijo Jesucristo, amén.

martes, 13 de agosto de 2024

Conocer a Dios y tener vida eterna

 


Conocer a Dios y tener vida eterna

“como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Juan 17:2-3

Conocer a Dios no es algo que se realice de manera intelectual y literaria, conocer a Dios solo es posible por la revelación del Espíritu Santo y cuando tenemos una relación personal e íntima con Él por medio de su Hijo. La Palabra de Dios en Juan 14:6 declara que nadie va o puede acercarse a Dios, sino sólo mediante su Hijo a quien Él envió. De modo que, el primer paso para conocer a Dios es creer en su Hijo Jesucristo, pues una vez hecho esto, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros para revelarnos lo grande y profundo de Dios (Efesios 1:13, 1 Corintios 2:10).

Ahora bien, la autoridad o el derecho que Dios le dio a su Hijo es el de dar vida eterna a todos los que en Él creen, y como dice el versículo de hoy, la vida eterna se trata de conocer a Dios y a su enviado, para lo cual es necesario creer lo que Jesús nos dice, porque sus palabras no son suyas, sino que el Padre se las dio (Juan 17:7-8).

De modo que, si anhelas gozar de esta vida eterna, Jesucristo es el camino, confía en Él y escudriña las sagradas escrituras pidiéndole a Dios que en la comunión del Espíritu Santo, te permita conocerlo mucho más, pues Jesús mismo dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Juan 5:39)

Finalmente, la Palabra de Dios en 1 Juan 5:1a dice “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios;” y “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado,”(1 Juan 5:18a), de manera que, una evidencia contundente en tu vida de que verdaderamente conoces a Dios y gozas de vida eterna es que permanezcas en su amor sin practicar el pecado.    Oración.

«Padre Santo, que la vida eterna que me has dado por la fe en tu Hijo Jesucristo se refleje en una conducta que no practique el pecado, pues anhelo que el conocimiento que me das de ti y de tu Hijo sea en el poder de tu Espíritu, amén.

lunes, 12 de agosto de 2024

Perfectos en unidad

 

Perfectos en unidad


“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” Juan 17:20-23

En el mundo hay división; por naturaleza cada ser humano es único y diferente, por ello hay diversidad de pensamientos, convicciones, ideologías, experiencias y demás que finalmente lleva a que haya divisiones. Vemos, por ejemplo, divisiones de clases sociales, divisiones políticas, religiosas, culturales, económicas, entre otras. Y aunque nosotros los creyentes en Cristo estamos en el mundo, como lo ha dicho nuestro Señor: no somos del mundo (Juan 17:14).

Es por esto que, como miembros del mismo cuerpo, el cuerpo de Cristo y siendo su iglesia, se nos llama a ser uno, y la Escritura en Efesios 4:1-6 nos exhorta diciendo que por la vocación a la cual hemos sido llamados, seamos diligentes en guardar esta unidad mediante el Espíritu Santo manteniéndonos siempre en paz, pues todos tenemos un solo Señor, un Espíritu, una fe, un bautismo, una misma esperanza y un Dios y Padre de todos, que es sobre todos, y por todos y en todos.

Como hemos dicho, esta unidad solo es posible mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el cual hace que aunque seamos personas diferentes en cultura, raza, nacionalidad, labor, género o condición, lo que en nosotros prevalece y nos une es que todos somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo, y entonces como declara la Escritura en Gálatas 3:28 “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”

Más importante entonces que nuestra identidad en la carne, es nuestra nueva identidad en Cristo, pues nos ha dado su Espíritu para que seamos perfectos en unidad, y entonces cuando el mundo vea tal manifestación gloriosa en los hijos de Dios, crea en Él y reconozca la gloria y el amor tan grande que Dios por medio de su Hijo Jesucristo nos ha manifestado al enviarlo a este mundo para nuestra salvación (Juan 3:16).   Oración.

«Padre Dios, en este día quiero de manera sincera darte gracias, alabarte y bendecirte, pues por tu favor inmerecido me permites conocerte y reconocerte cada día más en mi vida. Gracias porque a cada uno de tus hijos adoptivos nos has hecho uno con Cristo y nos has dado tu Espíritu para que lo que prevalezca en nosotros sea la perfecta unidad, esa que revela tu magnífica gloria y permite que el mundo crea que Tú enviaste a tu Hijo Jesucristo para manifestarnos tu amor y darnos salvación, amén.

domingo, 11 de agosto de 2024

El engaño del pecado

 


El engaño del pecado

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.” Hebreos 3:12-13

Iniciaremos este devocional definiendo lo que es pecado, de manera resumida podemos decir que:

Como acción, es la desobediencia de la voluntad de Dios (1 Juan 3:4).

Como estado, es la ausencia de justicia (Romanos 3:23).

Por su naturaleza, es enemistad contra Dios (Colosenses 1:21).

Ahora bien, en Génesis 3:1-7 se nos muestra la manera en la que el pecado entró a la humanidad; y básicamente lo que podemos identificar en la conversación de Eva con Satanás, fue que esta mujer, dudando de la verdad y el carácter de Dios, se dejó engañar por el mentiroso, satanás.

El engaño, por su parte, es el resultado de una mentira, cuando nos presentan una información que ha sido distorsionada, falseada o cambiada con respecto a la verdad, podemos decir que nos están engañando. Y es justamente esto lo que pasa con el pecado.

Satanás, como padre de mentira y disfrazado de ángel de luz (Juan 8:44, 2 Corintios 11:14), lo que busca diariamente al igual que con Eva, es engañarnos con su astucia para que caigamos en pecado, distorsionando la verdad de la Palabra de Dios y haciéndonos creer que es Dios quien nos miente y nos cohíbe de cosas que “merecemos” saber, tener, sentir o hacer; pues básicamente su engaño apunta a la seducción de nuestros sentidos, ejemplo vemos en Génesis 3:4-6 “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. ”

Hermanos, claramente el pecado es un engaño, se presenta como interesante, agradable y hasta bueno, pero realmente el propósito de Satanás quien es el que nos tienta, es matar, robar y destruir la vida plena y abundante que Jesucristo tiene para nosotros, de modo que como dice Santiago 4:7 “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”   Oración.

«Padre bueno, gracias por estar en mí y por permitirme permanecer en ti; sé que ahora te pertenezco y que el maligno no me puede hacer daño; te pido que también tu palabra permanezca en mí y sea esa lumbrera en mi camino, pues no quiero que el engaño del pecado me seduzca y me lleve a dudar de ti y a caminar en tinieblas; por Jesucristo, mi Señor, amén.

sábado, 10 de agosto de 2024

Disciplina


 

Disciplina

“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” Hebreos 12:11

“pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.” Hebreos 12:10b

Teniendo en cuenta lo que dice la Escritura en Hebreos 12:6a, “Porque el Señor al que ama, disciplina,” debe ser de nuestra total aceptación y sumisión que, conforme Dios lo disponga para cada uno, recibamos su disciplina. La disciplina que viene de Dios, se entiende no sólo como un acto de castigo o corrección, sino más como un proceso de entrenamiento, enseñanza y dirección para hacer lo correcto. Hebreos 12:5b dice “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él;” sino que, por el contrario, nos hemos de sentir muy amados y privilegiados, pues el Señor nos está tratando como a hijos (Hebreos 12:7-8).

Hay un propósito muy especial y grande por el cual somos disciplinados por el Señor, y es para que participemos de su santidad, cuanto más el Señor nos corrige esas malas conductas y nos enseña y guía a hacer lo justo, más se va formando en nosotros el carácter santo de Cristo, y esto aunque nos cueste en nuestro interior y nos cause tristeza, finalmente producirá en nosotros un mayor gozo, pues experimentaremos el descanso que Jesús promete cuando dice “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” (Mateo 11:29).

Hermanos, no nos cansemos de someternos a Dios y de resistirnos a nuestros deseos pecaminosos, sino que perseveremos en el conocimiento de la voluntad de Dios y permitamos que el poder transformador de su Espíritu nos convierta en esos hijos santos, humildes y obedientes que Dios quiere hacer de cada uno de nosotros.    Oración.

«Padre bueno, qué bendición ha sido el ser adoptado como tu hijo, pues tengo al mejor y más excelente Padre, a ti que eres bueno y perfecto. Gracias por cada día permitirme crecer en tu conocimiento y someterme a tu autoridad, pues sé que aunque frecuentemente me ejercitas en disciplina, lo haces con propósito y amor, gracias, Señor, amén.

viernes, 9 de agosto de 2024

La fe de los hijos de Dios

 


La fe de los hijos de Dios

 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,” Filipenses 2:5

La fe de Jesucristo, le llevó a vivir una vida que glorificaba al Padre, su declaración en Juan 17:4 nos lo revela, dice “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.” Y esto gracias a que su confianza y esperanza siempre estuvieron puestas en su Padre y en el plan que había diseñado para Él y a través de Él. En este plan de Dios, estaba el hecho de que Jesucristo se debía entregar en manos de los judíos para ser maltratado, burlado y posteriormente crucificado; lo cual aunque resultó difícil y angustiante para Jesús, por la gracia de Dios y su amor hacia cada persona en el mundo, lo realizó con gran fortaleza y decisión.

La Palabra de Dios en Filipenses 2:5 nos exhorta a que haya en nosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, el cual, aunque era igual a Dios, no estimó ser igual a Dios, sino que se hizo semejante a los hombres; y estando en esta condición, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz (Filipenses 2:6-8). En nuestro caso, la Palabra de Dios en Hebreos 12:1 nos llama a que nos despojemos del pecado que nos asedia y de toda carga que no nos permite avanzar en la carrera que tenemos por delante.

Hermanos, por la fe en el Señor Jesucristo, todo el que cree goza de una nueva vida, libre del poder del pecado, del peso de la ley y de la potestad de Satanás; entonces ahora vivamos como Cristo vivió cuando estuvo en la tierra, para gloria del Padre y de su Hijo Jesucristo.

Gálatas 2:20 declara contundentemente que nuestro viejo hombre ha sido crucificado juntamente con Cristo, para que ahora viva Cristo en nosotros y nosotros en Cristo, por medio de su Espíritu, lo cual significa que podemos vivir vidas en total dependencia y obediencia a nuestro Padre Dios, vidas en la fe del Hijo de Dios.    Oración.

«Padre, que el poder y la verdad de tu Palabra me lleven a vivir una vida en la fe del Hijo de Dios, una vida en completa dependencia y obediencia donde seas adorado y glorificado, por Jesucristo, mi Señor, amén.

jueves, 8 de agosto de 2024

La fe del Hijo de Dios

 

La fe del Hijo de Dios


“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20

La fe, según Hebreos 11:1 es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que aún no se ve; contrario a la fe es la vista, pues cuando ya con nuestros ojos físicos vemos algo, está cumplido y no hay nada por lo cual esperar. Como creyentes en Dios nos caracteriza la fe, pues realmente nadie ha visto jamás a Dios, pero según Romanos 10:17, esta viene a nosotros a medida que escuchamos la Palabra de Dios, pues es la Biblia el medio a través del cual obtenemos conocimiento de nuestro Dios (Juan 1:18).

Vemos en el Señor Jesús que su fe siempre fue muy sólida, pues en ningún momento se le observa con duda o incertidumbre acerca de Dios, hecho que además de la relación íntima que mantenía con su Padre Dios, se lo atribuimos al conocimiento obtenido de las sagradas Escrituras, pues por lo relatado en el evangelio de Lucas, Jesús, desde muy pequeño fue instruido en la Palabra de Dios; y vemos cuando fue tentado por Satanás en el desierto, que sus tres respuestas tuvieron algo en común, que fue: “Escrito está” confirmando así lo que dicen las sagradas escrituras. (Lucas 2:46, 52; Mateo 4:4, 7, 10).

Sin lugar a duda, la fe de Jesús, es decir, aquello por lo cual esperaba y que todavía no veía, pero de lo que tenía total confianza y seguridad, fue lo que lo llevó a vivir su vida de la manera en que la vivió, en total dependencia y obediencia a su Padre Dios, pues sabía y creía que su venida a esta tierra no fue para hacer su voluntad, sino la voluntad del que lo envió (Juan 6:38).

Finalmente, el versículo de hoy, mencionando la fe del Hijo de Dios, dice que Jesús por amor se entregó en sacrificio por nosotros; ¡Qué gloriosa manifestación de la fe de nuestro Señor! Ahora bien, ¿Cuál será la evidencia o manifestación que Dios anhela de nuestra fe? Prepara tu corazón en oración para la respuesta que el Señor nos dará en el siguiente devocional.   Oración.

«Padre, cuán grande y perfecto ejemplo encuentro siempre en tu Hijo Jesucristo. Gracias por revelarte a mi vida a través de tu Hijo, y gracias por la enseñanza y el conocimiento por medio de tu Espíritu y tu Palabra, amén.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Cristo en nosotros, la esperanza de gloria

 

Cristo en nosotros, la esperanza de gloria


“a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,” Colosenses 1:27

“y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Efesios 3:19

Existen en este mundo variedad de circunstancias que fácilmente llevan a las personas a perder su esperanza y plenitud, por ejemplo, un accidente o cualquier forma de muerte de un ser querido, una enfermedad complicada, la separación de los padres, un fracaso en las finanzas, un secuestro, un enemigo que persigue, un hijo en malos caminos, un matrimonio estancado, o también la separación de la pareja; clara e indiscutiblemente son situaciones muy difíciles, pero que conforme a la Palabra de Dios, no podemos permitir que determinen nuestro vivir.

La escritura en Efesios 1:23 enseña que Jesucristo es aquel que puede llenarlo todo en nosotros, sólo en Él encontramos plenitud, pues en Él habita toda la plenitud de Dios, y como dice la Escritura en Efesios 4:10 fue Él quien descendió y luego subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Adicional, una de las citas bíblicas de hoy también nos revela que Cristo en nosotros es la esperanza de gloria, es decir, una esperanza verdadera y que nunca falla.

De manera que, si tú o alguien a tu alrededor, está atravesando alguna dificultad que le ha hecho perder el propósito, la motivación, la ilusión o la esperanza en su vida, te invito para que recuerdes o compartas este tesoro de la palabra de Dios. Realmente no hay nada en esta tierra de lo cual Dios no tenga el control y un propósito para con ello, pero solo se puede llegar a esa seguridad y convicción cuando recibimos a Jesús en nuestra vida como Señor y Salvador y cuando a partir de ese momento decidimos arraigarnos y edificarnos en el conocimiento de su gran amor por nosotros, pues es así como toda la plenitud de Dios lo llena todo en nosotros (Efesios 3:19).    Oración.

«Bendito Dios, gracias por este nuevo día de vida que me concedes y gracias por el regalo de enviar tu Palabra hasta este lugar; te pido así mismo que por tu Espíritu alumbres mi entendimiento y me permitas comprender y practicar la enseñanza que me quieres revelar, en el nombre de Jesús, amén.