viernes, 8 de enero de 2010
Exodos 18
Exodos 18 -
CAPÍTULO 18
Versículos 1-6. Jetro le trae a Moisés su esposa y sus dos hijos. 7-12. Moisés atiende a Jetro. 13-27. El consejo de Jetro para Moisés.
Vv. 1-6.Jetro vino a regocijarse con Moisés por la felicidad de Israel, y para traerle a su esposa e hijos. Moisés debe tener a su familia consigo, para que mientras gobierne la iglesia de Dios pueda dar un buen ejemplo de gobierno de su familia, 1 Timoteo iii, 5.
Vv. 7-12.La conversación acerca de las maravillosas obras de Dios es buena y edifica. Jetro no sólo se regocijó en el honor conferido a su yerno, sino en toda la bondad hecha a Israel. Los observadores fueron más afectados con los favores que Dios había mostrado a Israel que muchos de los que los recibieron. Jetro dio la gloria al Dios de Israel. Gocemos de lo que sea, pero Dios debe recibir la alabanza.
Ellos se unieron en un sacrificio de acción de gracias. La amistad mutua se santifica por la adoración en conjunto. Muy bueno es que los familiares y amistades se unan en el sacrificio espiritual de oraciones y alabanzas, como personas que están en Cristo. Esta fue una fiesta moderada; ellos comieron pan, maná. Jetro debía ver y saborear el pan del cielo y, aunque era gentil, es bienvenido: los gentiles son bienvenidos a Cristo, el Pan de vida.
Vv. 13-27.Se presenta el gran celo y esfuerzo de Moisés como magistrado. Habiendo sido llamado para redimir a Israel de la casa de servidumbre, él es un tipo más de Cristo, en que fue empleado para ser legislado y juez entre ellos. Si los del pueblo eran tan peleadores entre sí como lo eran con Dios, indudablemente Moisés tenía que ver muchas causas que llevaban ante él. A esta tarea fue llamado Moisés; parece que lo hacía con gran cuidado y bondad. El israelita más humilde era bien acogido al presentar su causa ante él. Moisés se dedicaba a su labor desde la mañana hasta la noche. Jetro pensó que para que él lo atendiera solo, era demasiado; además haría que la administración de justicia fuese cansadora para el pueblo. Puede haber exceso aun al hacer el bien. La sabiduría es provechosa para dirigir, para que no nos contentemos con menos que nuestro deber, ni nos ocupemos más allá de nuestras fuerzas.
Jetro aconsejó a Moisés y le propuso un mejor plan. Los grandes hombres no sólo deben estudiar para ser útiles, también deben arreglárselas para que los demás sean útiles.
Hay que poner cuidado en la elección de las personas que se admiten en esa tarea. Tienen que ser hombres de buen sentido, que entiendan el asunto y que no se amedrenten por los enojos, ni por las quejas, y que aborrezcan la idea del soborno. Hombres piadosos y de fe; que teman a Dios, que no se atrevan a hacer algo malo, aunque pudieran hacerlo en secreto y sin problemas. El temor de Dios fortalecerá en la mejor forma al hombre en contra de las tentaciones a cometer injusticia.
Moisés no despreció el consejo. No son sabios quienes se creen demasiado sabios para ser aconsejados.
CAPÍTULO 18
Versículos 1-6. Jetro le trae a Moisés su esposa y sus dos hijos. 7-12. Moisés atiende a Jetro. 13-27. El consejo de Jetro para Moisés.
Vv. 1-6.Jetro vino a regocijarse con Moisés por la felicidad de Israel, y para traerle a su esposa e hijos. Moisés debe tener a su familia consigo, para que mientras gobierne la iglesia de Dios pueda dar un buen ejemplo de gobierno de su familia, 1 Timoteo iii, 5.
Vv. 7-12.La conversación acerca de las maravillosas obras de Dios es buena y edifica. Jetro no sólo se regocijó en el honor conferido a su yerno, sino en toda la bondad hecha a Israel. Los observadores fueron más afectados con los favores que Dios había mostrado a Israel que muchos de los que los recibieron. Jetro dio la gloria al Dios de Israel. Gocemos de lo que sea, pero Dios debe recibir la alabanza.
Ellos se unieron en un sacrificio de acción de gracias. La amistad mutua se santifica por la adoración en conjunto. Muy bueno es que los familiares y amistades se unan en el sacrificio espiritual de oraciones y alabanzas, como personas que están en Cristo. Esta fue una fiesta moderada; ellos comieron pan, maná. Jetro debía ver y saborear el pan del cielo y, aunque era gentil, es bienvenido: los gentiles son bienvenidos a Cristo, el Pan de vida.
Vv. 13-27.Se presenta el gran celo y esfuerzo de Moisés como magistrado. Habiendo sido llamado para redimir a Israel de la casa de servidumbre, él es un tipo más de Cristo, en que fue empleado para ser legislado y juez entre ellos. Si los del pueblo eran tan peleadores entre sí como lo eran con Dios, indudablemente Moisés tenía que ver muchas causas que llevaban ante él. A esta tarea fue llamado Moisés; parece que lo hacía con gran cuidado y bondad. El israelita más humilde era bien acogido al presentar su causa ante él. Moisés se dedicaba a su labor desde la mañana hasta la noche. Jetro pensó que para que él lo atendiera solo, era demasiado; además haría que la administración de justicia fuese cansadora para el pueblo. Puede haber exceso aun al hacer el bien. La sabiduría es provechosa para dirigir, para que no nos contentemos con menos que nuestro deber, ni nos ocupemos más allá de nuestras fuerzas.
Jetro aconsejó a Moisés y le propuso un mejor plan. Los grandes hombres no sólo deben estudiar para ser útiles, también deben arreglárselas para que los demás sean útiles.
Hay que poner cuidado en la elección de las personas que se admiten en esa tarea. Tienen que ser hombres de buen sentido, que entiendan el asunto y que no se amedrenten por los enojos, ni por las quejas, y que aborrezcan la idea del soborno. Hombres piadosos y de fe; que teman a Dios, que no se atrevan a hacer algo malo, aunque pudieran hacerlo en secreto y sin problemas. El temor de Dios fortalecerá en la mejor forma al hombre en contra de las tentaciones a cometer injusticia.
Moisés no despreció el consejo. No son sabios quienes se creen demasiado sabios para ser aconsejados.
jueves, 7 de enero de 2010
Mateo 6
Mateo 6 -
CAPÍTULO 6
Versículos 1-4. Contra la hipocresía de dar limosna. 5-8. Contra la hipocresía al orar. 9-15. Cómo orar. 16-18. Respetar el ayuno. 19-24. El mal de pensar mundanalmente. 25-34. Se manda confiar en Dios.
Vv. 1-4.En seguida, nuestro Señor advirtió contra la hipocresía y la simulación exterior en los deberes religiosos. Lo que hay que hacer, debemos hacerlo a partir de un principio interior de ser aprobados por Dios, no la búsqueda del elogio de los hombres. En estos versículos se nos advierte contra la hipocresía de dar limosna. Atención a esto. Es pecado sutil; y la vanagloria se infiltra en lo que hacemos, antes de darnos cuenta. Pero el deber no es menos necesario ni menos excelente porque los hipócritas abusan de él para servir a su orgullo. La condena que Cristo dicta parece primero una promesa, pero es su recompensa; no es la recompensa que promete Dios a los que hacen el bien, sino la recompensa que los hipócritas se prometen a sí mismos, y pobre recompensa es; ellos lo hicieron para ser vistos por los hombres, y son vistos por los hombres. Cuando menos notamos nuestras buenas obras, Dios las nota más. Él te recompensará; no como amo que da a su siervo lo que se gana, y nada más, sino como Padre que da abundantemente a su hijo lo que le sirve.
Vv. 5-8.Se da por sentado que todos los que son discípulos de Cristo oran. Puede que sea más rápido hallar un hombre vivo que no respire que a un cristiano vivo que no ore. Si no hay oración, entonces no hay gracia. Los escribas y los fariseos eran culpables de dos grandes faltas en la oración: la vanagloria y la vana repetición. —“Verdaderamente ellos tienen su recompensa”; si en algo tan grande entre nosotros y Dios, cuando estamos orando, podemos tener en cuenta una cosa tan pobre como el halago de los hombres, justo es que eso sea toda nuestra recompensa. Pero no hay un musitar secreto y repetido en busca de Dios que Él no vea. Se le llama recompensa, pero es de gracia, no por deuda; ¿qué mérito puede haber en mendigar? Si no da a su pueblo lo que piden, se debe a que sabe que no lo necesitan y que no es para su bien. Tanto dista Dios de ser convencido por el largo o las palabras de nuestras oraciones, que las intercesiones más fuertes son las que se emiten con gemidos indecibles. Estudiemos bien lo que muestra la actitud mental en que debemos ofrecer nuestras oraciones, y aprendamos diariamente de Cristo cómo orar.
Vv. 9-15.Cristo vio que era necesario mostrar a sus discípulos cuál debe ser corrientemente el tema y el método de su oración. No se trata que estemos atados sólo a usar la misma oración siempre, pero, indudablemente, es muy bueno orar según un modelo. Dice mucho en pocas palabras; se usa en forma aceptable no más de lo que se usa con entendimiento y sin vanas repeticiones.
Seis son las peticiones: las primeras tres se relacionan más expresamente a Dios y su honra; las otras tres, a nuestras preocupaciones temporales y espirituales. Esta oración nos enseña a buscar primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas serán añadidas.
Después de las cosas de la gloria, del reino y de la voluntad de Dios, oramos por el sustento y el consuelo necesario en la vida presente. Aquí cada palabra contiene una lección. Pedimos pan ; eso nos enseña sobriedad y templanza: y sólo pedimos pan, no lo que no necesitamos. Pedimos por nuestro pan; eso nos enseña honestidad y trabajo; no tenemos que pedir el pan de los demás ni el pan del engaño, Proverbios xx, 17. Ni el pan del ocio, Proverbios xxxi, 27, sino el pan honestamente obtenido. Pedimos por nuestro pan diario , lo que nos enseña a depender constantemente de la providencia divina. Rogamos a Dios que nos los dé ; no que lo venda ni lo preste, sino que lo dé. El más grande de los hombres debe dirigirse a la misericordia de Dios para su pan diario. Oramos, dánoslo . Esto nos enseña compasión por el pobre. También que debemos orar con nuestra familia. Oramos que Dios nos lo dé este día , lo que nos enseña a renovar los deseos de nuestras almas en cuanto a Dios, como son renovadas las necesidades de nuestros cuerpos. Al llegar el día debemos orar a nuestro Padre celestial y reconocer que podríamos pasar muy bien el día sin comida, pero no sin oración.
Se nos enseña a odiar y aborrecer el pecado mientras esperamos misericordia, a desconfiar de nosotros, a confiar en la providencia y la gracia de Dios para impedirnos pecar, a estar preparados para resistir al tentador, y no volvernos tentadores de los demás.
Aquí hay una promesa: Si perdonas tu Padre celestial también te perdonará. Debemos perdonar porque esperamos ser perdonados. Los que desean hallar misericordia de Dios deben mostrar misericordia a sus hermanos. Cristo vino al mundo como el gran Pacificador no sólo para reconciliarnos con Dios sino los unos con los otros.
Vv. 16-18.El ayuno religioso es un deber requerido a los discípulos de Cristo pero no es tanto un deber en sí mismo, sino como medio para disponernos para otros deberes. Ayunar es humillar el alma, Salmo xxxv, 13; esta es la faz interna del deber; por tanto, que sea tu principal interés, y en cuanto a la externa, no permitas que se vea codicia. Dios ve en lo secreto, y te recompensará en público.
Vv. 19-24.La mentalidad mundana es síntoma fatal y corriente de la hipocresía, porque por ningún pecado puede Satanás tener un soporte más seguro y más firme en el alma que bajo el manto de una profesión de fe. Algo tendrá el alma que mirar como lo mejor aquello en lo cual se complace y confía por encima de todas las demás cosas. Cristo aconseja que hagamos como nuestras mejores cosas a los goces y las glorias del otro mundo, las cosas que no se ven, que son eternas y que pongamos nuestra felicidad en ellas. Hay tesoros en el cielo. Sabiduría nuestra es poner toda diligencia para asegurar nuestro derecho a la vida eterna por medio de Jesucristo, y mirar todas las cosas de aquí abajo como indignas de ser comparadas con aquellas y a estar contentos con nada menos que ellas. Es felicidad superior y más allá de los cambios y azares del tiempo, es herencia incorruptible.
El hombre mundano se equivoca en su primer principio; por tanto, todos sus razonamientos y acciones que de ahí surgen deben ser malos. Esto se aplica por igual a la falsa religión; lo que es considerado luz es la oscuridad más densa. Este es un ejemplo espantoso, pero corriente; por tanto, debemos examinar cuidadosamente nuestros principios directrices a la luz de la palabra de Dios, pidiendo con oración ferviente la enseñanza de su Espíritu.
Un hombre puede servir un poco a dos amos, pero puede consagrarse al servicio de no más que uno. Dios requiere todo el corazón y no lo compartirá con el mundo. Cuando dos amos se oponen entre sí, ningún hombre puede servir a ambos. Él se aferra y ama al mundo, y debe despreciar a Dios; el que ama a Dios debe dejar la amistad del mundo.
Vv. 25-34.Escasamente haya otro pecado contra el cual advierta más nuestro Señor Jesús a sus discípulos que las preocupaciones inquietantes, distractoras y desconfiadas por las cosas de esta vida. A menudo esto entrampa al pobre tanto como el amor a la riqueza al rico. Pero hay una despreocupación por las cosas temporales que es deber, aunque no debemos llevar a un extremo estas preocupaciones lícitas.
No os afanéis por vuestra vida. Ni por la extensión de ella, sino referidla a Dios para que la alargue o acorte según le plazca; nuestros tiempos están en su mano y están en buena mano. Ni por las comodidades de esta vida; dejad que Dios la amargue o endulce según le plazca. Dios ha prometido la comida y el vestido, por tanto podemos esperarlos.
No penséis en el mañana, en el tiempo venidero. No os afanéis por el futuro, cómo viviréis el año que viene, o cuando estéis viejos, o qué dejaréis detrás de vosotros. Como no debemos jactarnos del mañana, así tampoco debemos preocuparnos por el mañana o sus acontecimientos. Dios nos ha dado vida y nos ha dado el cuerpo. ¿Y qué no puede hacer por nosotros el que hizo eso? Si nos preocupamos de nuestras almas y de la eternidad, que son más que el cuerpo y esta vida, podemos dejarle en manos de Dios que nos provea comida y vestido, que son lo menos.
Mejorad esto como exhortación a confiar en Dios. Debemos reconciliarnos con nuestro patrimonio en el mundo como lo hacemos con nuestra estatura. No podemos alterar las disposiciones de la providencia, por tanto debemos someternos y resignarnos a ellas. El cuidado considerado por nuestras almas es la mejor cura de la consideración cuidada por el mundo. Buscad primero el reino de Dios y haced de la religión vuestra ocupación: no digáis que este es el modo de hambrearte; no es la manera de estar bien provisto, aun en este mundo.
La conclusión de todo el asunto es que es la voluntad y el mandamiento del Señor Jesús, que por las oraciones diarias podamos obtener fuerza para sostenernos bajo nuestros problemas cotidianos, y armarnos contra las tentaciones que los acompañan y no dejar que ninguna de esas cosas nos conmuevan.
Bienaventurados los que toman al Señor como su Dios, y dan plena prueba de ellos confiándose totalmente a su sabia disposición. Que tu Espíritu nos dé convicción de pecado en la necesidad de esta disposición y quite lo mundano de nuestros corazones.
CAPÍTULO 6
Versículos 1-4. Contra la hipocresía de dar limosna. 5-8. Contra la hipocresía al orar. 9-15. Cómo orar. 16-18. Respetar el ayuno. 19-24. El mal de pensar mundanalmente. 25-34. Se manda confiar en Dios.
Vv. 1-4.En seguida, nuestro Señor advirtió contra la hipocresía y la simulación exterior en los deberes religiosos. Lo que hay que hacer, debemos hacerlo a partir de un principio interior de ser aprobados por Dios, no la búsqueda del elogio de los hombres. En estos versículos se nos advierte contra la hipocresía de dar limosna. Atención a esto. Es pecado sutil; y la vanagloria se infiltra en lo que hacemos, antes de darnos cuenta. Pero el deber no es menos necesario ni menos excelente porque los hipócritas abusan de él para servir a su orgullo. La condena que Cristo dicta parece primero una promesa, pero es su recompensa; no es la recompensa que promete Dios a los que hacen el bien, sino la recompensa que los hipócritas se prometen a sí mismos, y pobre recompensa es; ellos lo hicieron para ser vistos por los hombres, y son vistos por los hombres. Cuando menos notamos nuestras buenas obras, Dios las nota más. Él te recompensará; no como amo que da a su siervo lo que se gana, y nada más, sino como Padre que da abundantemente a su hijo lo que le sirve.
Vv. 5-8.Se da por sentado que todos los que son discípulos de Cristo oran. Puede que sea más rápido hallar un hombre vivo que no respire que a un cristiano vivo que no ore. Si no hay oración, entonces no hay gracia. Los escribas y los fariseos eran culpables de dos grandes faltas en la oración: la vanagloria y la vana repetición. —“Verdaderamente ellos tienen su recompensa”; si en algo tan grande entre nosotros y Dios, cuando estamos orando, podemos tener en cuenta una cosa tan pobre como el halago de los hombres, justo es que eso sea toda nuestra recompensa. Pero no hay un musitar secreto y repetido en busca de Dios que Él no vea. Se le llama recompensa, pero es de gracia, no por deuda; ¿qué mérito puede haber en mendigar? Si no da a su pueblo lo que piden, se debe a que sabe que no lo necesitan y que no es para su bien. Tanto dista Dios de ser convencido por el largo o las palabras de nuestras oraciones, que las intercesiones más fuertes son las que se emiten con gemidos indecibles. Estudiemos bien lo que muestra la actitud mental en que debemos ofrecer nuestras oraciones, y aprendamos diariamente de Cristo cómo orar.
Vv. 9-15.Cristo vio que era necesario mostrar a sus discípulos cuál debe ser corrientemente el tema y el método de su oración. No se trata que estemos atados sólo a usar la misma oración siempre, pero, indudablemente, es muy bueno orar según un modelo. Dice mucho en pocas palabras; se usa en forma aceptable no más de lo que se usa con entendimiento y sin vanas repeticiones.
Seis son las peticiones: las primeras tres se relacionan más expresamente a Dios y su honra; las otras tres, a nuestras preocupaciones temporales y espirituales. Esta oración nos enseña a buscar primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas serán añadidas.
Después de las cosas de la gloria, del reino y de la voluntad de Dios, oramos por el sustento y el consuelo necesario en la vida presente. Aquí cada palabra contiene una lección. Pedimos pan ; eso nos enseña sobriedad y templanza: y sólo pedimos pan, no lo que no necesitamos. Pedimos por nuestro pan; eso nos enseña honestidad y trabajo; no tenemos que pedir el pan de los demás ni el pan del engaño, Proverbios xx, 17. Ni el pan del ocio, Proverbios xxxi, 27, sino el pan honestamente obtenido. Pedimos por nuestro pan diario , lo que nos enseña a depender constantemente de la providencia divina. Rogamos a Dios que nos los dé ; no que lo venda ni lo preste, sino que lo dé. El más grande de los hombres debe dirigirse a la misericordia de Dios para su pan diario. Oramos, dánoslo . Esto nos enseña compasión por el pobre. También que debemos orar con nuestra familia. Oramos que Dios nos lo dé este día , lo que nos enseña a renovar los deseos de nuestras almas en cuanto a Dios, como son renovadas las necesidades de nuestros cuerpos. Al llegar el día debemos orar a nuestro Padre celestial y reconocer que podríamos pasar muy bien el día sin comida, pero no sin oración.
Se nos enseña a odiar y aborrecer el pecado mientras esperamos misericordia, a desconfiar de nosotros, a confiar en la providencia y la gracia de Dios para impedirnos pecar, a estar preparados para resistir al tentador, y no volvernos tentadores de los demás.
Aquí hay una promesa: Si perdonas tu Padre celestial también te perdonará. Debemos perdonar porque esperamos ser perdonados. Los que desean hallar misericordia de Dios deben mostrar misericordia a sus hermanos. Cristo vino al mundo como el gran Pacificador no sólo para reconciliarnos con Dios sino los unos con los otros.
Vv. 16-18.El ayuno religioso es un deber requerido a los discípulos de Cristo pero no es tanto un deber en sí mismo, sino como medio para disponernos para otros deberes. Ayunar es humillar el alma, Salmo xxxv, 13; esta es la faz interna del deber; por tanto, que sea tu principal interés, y en cuanto a la externa, no permitas que se vea codicia. Dios ve en lo secreto, y te recompensará en público.
Vv. 19-24.La mentalidad mundana es síntoma fatal y corriente de la hipocresía, porque por ningún pecado puede Satanás tener un soporte más seguro y más firme en el alma que bajo el manto de una profesión de fe. Algo tendrá el alma que mirar como lo mejor aquello en lo cual se complace y confía por encima de todas las demás cosas. Cristo aconseja que hagamos como nuestras mejores cosas a los goces y las glorias del otro mundo, las cosas que no se ven, que son eternas y que pongamos nuestra felicidad en ellas. Hay tesoros en el cielo. Sabiduría nuestra es poner toda diligencia para asegurar nuestro derecho a la vida eterna por medio de Jesucristo, y mirar todas las cosas de aquí abajo como indignas de ser comparadas con aquellas y a estar contentos con nada menos que ellas. Es felicidad superior y más allá de los cambios y azares del tiempo, es herencia incorruptible.
El hombre mundano se equivoca en su primer principio; por tanto, todos sus razonamientos y acciones que de ahí surgen deben ser malos. Esto se aplica por igual a la falsa religión; lo que es considerado luz es la oscuridad más densa. Este es un ejemplo espantoso, pero corriente; por tanto, debemos examinar cuidadosamente nuestros principios directrices a la luz de la palabra de Dios, pidiendo con oración ferviente la enseñanza de su Espíritu.
Un hombre puede servir un poco a dos amos, pero puede consagrarse al servicio de no más que uno. Dios requiere todo el corazón y no lo compartirá con el mundo. Cuando dos amos se oponen entre sí, ningún hombre puede servir a ambos. Él se aferra y ama al mundo, y debe despreciar a Dios; el que ama a Dios debe dejar la amistad del mundo.
Vv. 25-34.Escasamente haya otro pecado contra el cual advierta más nuestro Señor Jesús a sus discípulos que las preocupaciones inquietantes, distractoras y desconfiadas por las cosas de esta vida. A menudo esto entrampa al pobre tanto como el amor a la riqueza al rico. Pero hay una despreocupación por las cosas temporales que es deber, aunque no debemos llevar a un extremo estas preocupaciones lícitas.
No os afanéis por vuestra vida. Ni por la extensión de ella, sino referidla a Dios para que la alargue o acorte según le plazca; nuestros tiempos están en su mano y están en buena mano. Ni por las comodidades de esta vida; dejad que Dios la amargue o endulce según le plazca. Dios ha prometido la comida y el vestido, por tanto podemos esperarlos.
No penséis en el mañana, en el tiempo venidero. No os afanéis por el futuro, cómo viviréis el año que viene, o cuando estéis viejos, o qué dejaréis detrás de vosotros. Como no debemos jactarnos del mañana, así tampoco debemos preocuparnos por el mañana o sus acontecimientos. Dios nos ha dado vida y nos ha dado el cuerpo. ¿Y qué no puede hacer por nosotros el que hizo eso? Si nos preocupamos de nuestras almas y de la eternidad, que son más que el cuerpo y esta vida, podemos dejarle en manos de Dios que nos provea comida y vestido, que son lo menos.
Mejorad esto como exhortación a confiar en Dios. Debemos reconciliarnos con nuestro patrimonio en el mundo como lo hacemos con nuestra estatura. No podemos alterar las disposiciones de la providencia, por tanto debemos someternos y resignarnos a ellas. El cuidado considerado por nuestras almas es la mejor cura de la consideración cuidada por el mundo. Buscad primero el reino de Dios y haced de la religión vuestra ocupación: no digáis que este es el modo de hambrearte; no es la manera de estar bien provisto, aun en este mundo.
La conclusión de todo el asunto es que es la voluntad y el mandamiento del Señor Jesús, que por las oraciones diarias podamos obtener fuerza para sostenernos bajo nuestros problemas cotidianos, y armarnos contra las tentaciones que los acompañan y no dejar que ninguna de esas cosas nos conmuevan.
Bienaventurados los que toman al Señor como su Dios, y dan plena prueba de ellos confiándose totalmente a su sabia disposición. Que tu Espíritu nos dé convicción de pecado en la necesidad de esta disposición y quite lo mundano de nuestros corazones.
miércoles, 6 de enero de 2010
Perdón que Sana
Perdón que Sana
Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.
Efesios 4:32 (vp).
Un español y su hijo se separaron disgustados después de años de pelea. El hijo se fue, y el padre se dispuso buscarlo. Lo buscó por meses sin resultados. Finalmente, en un esfuerzo desesperado por hallarlo, puso un anuncio en un periódico de Madrid. El anuncio decía: "Querido Pac Te espero frente al edificio de este periódico a mediodía el sábado. Todo está perdonado. Te quiero. Tu padre." El sábado ochocientos Pacos se asomaron buscando el perdón y el amor de sus padres.
Las personas no son perfectas. Por eso Dios envió a su Hijo a la tierra: para perdonarnos de nuestros pecados. Pero el perdón no se detiene allí; es simplemente el principio. Mateo 6:14 dice: "Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes" (vp). Perdonar no es fácil, pero la Biblia nos pide que dejemos a un lado nuestro orgullo y que nos perdonemos unos a otros.
¿Hay alguien en su vida que necesita su perdón? ¿Hay algún familiar o amigo que necesita perdonarlo a usted? No hay mejor ocasión que ahora mismo para restaurar esas relaciones personales. Un esclavo de Cristo
Téngannos los hombres por servidores de Cristo.
1 Corintios 4:1
El apóstol Pablo era un "siervo" de Cristo. Era una función que escogió por amor, no por temor.
Había tal vez millones de esclavos en el Imperio Romano. En su mayor parte, no se les trataba como a personas, sino como objetos. Si un amo quería matar a un esclavo, podía hacerlo sin temor al castigo. Aunque era un vocablo negativo para los romanos, la palabra esclavo significaba dignidad, honor y respeto para los hebreos, y los griegos lo consideraban un término de humildad. Como siervo de Cristo, por tanto, Pablo paradójicamente se considera exaltado y envilecido. Esa es la ambivalencia que afrontará todo representante de Jesucristo.
Cuando pienso en el honor que se me ha dado de predicar el evangelio de Jesucristo, me siento a veces abrumado. No hay más alto llamamiento en la vida que proclamar el evangelio desde el púlpito y poder enseñar la Palabra de Dios bajo el poder del Espíritu Santo. Pero hay también una paradoja que exige que un ministro de Cristo comprenda que no merece servir. Debe tener la debida perspectiva de ser un esclavo indigno que tiene el privilegio incomprensible de proclamar el evangelio.
Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.
Efesios 4:32 (vp).
Un español y su hijo se separaron disgustados después de años de pelea. El hijo se fue, y el padre se dispuso buscarlo. Lo buscó por meses sin resultados. Finalmente, en un esfuerzo desesperado por hallarlo, puso un anuncio en un periódico de Madrid. El anuncio decía: "Querido Pac Te espero frente al edificio de este periódico a mediodía el sábado. Todo está perdonado. Te quiero. Tu padre." El sábado ochocientos Pacos se asomaron buscando el perdón y el amor de sus padres.
Las personas no son perfectas. Por eso Dios envió a su Hijo a la tierra: para perdonarnos de nuestros pecados. Pero el perdón no se detiene allí; es simplemente el principio. Mateo 6:14 dice: "Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes" (vp). Perdonar no es fácil, pero la Biblia nos pide que dejemos a un lado nuestro orgullo y que nos perdonemos unos a otros.
¿Hay alguien en su vida que necesita su perdón? ¿Hay algún familiar o amigo que necesita perdonarlo a usted? No hay mejor ocasión que ahora mismo para restaurar esas relaciones personales. Un esclavo de Cristo
Téngannos los hombres por servidores de Cristo.
1 Corintios 4:1
El apóstol Pablo era un "siervo" de Cristo. Era una función que escogió por amor, no por temor.
Había tal vez millones de esclavos en el Imperio Romano. En su mayor parte, no se les trataba como a personas, sino como objetos. Si un amo quería matar a un esclavo, podía hacerlo sin temor al castigo. Aunque era un vocablo negativo para los romanos, la palabra esclavo significaba dignidad, honor y respeto para los hebreos, y los griegos lo consideraban un término de humildad. Como siervo de Cristo, por tanto, Pablo paradójicamente se considera exaltado y envilecido. Esa es la ambivalencia que afrontará todo representante de Jesucristo.
Cuando pienso en el honor que se me ha dado de predicar el evangelio de Jesucristo, me siento a veces abrumado. No hay más alto llamamiento en la vida que proclamar el evangelio desde el púlpito y poder enseñar la Palabra de Dios bajo el poder del Espíritu Santo. Pero hay también una paradoja que exige que un ministro de Cristo comprenda que no merece servir. Debe tener la debida perspectiva de ser un esclavo indigno que tiene el privilegio incomprensible de proclamar el evangelio.
martes, 5 de enero de 2010
Exodos 17
Exodos 17 -
CAPÍTULO 17
Versículos 1-7. Los israelitas murmuran por agua en Refidim-Dios les manda agua de la roca. 8-16. Amalec es vencido-Las oraciones de Moisés.
Vv. 1-7.Los hijos de Israel viajaron conforme al mandamiento del Señor, conducidos por la columna de nube y fuego, pero llegaron a un lugar donde no había agua para que ellos bebieran. Nosotros podemos andar por el camino del deber, pero encontrarnos con problemas, a los que nos lleva la Providencia, para probar nuestra fe, y para que Dios sea glorificado en nuestra liberación. Ellos empezaron a preguntarse si Dios estaba o no con ellos. Esto lo llama “tentar a Dios”, lo que significa desconfiar de Él después de haber recibido tales demostraciones de su poder y bondad.
Moisés les respondió con gentileza. Necio es responder pasión con pasión; eso empeora lo malo.
Dios en su gracia se presentó para ayudarles. ¡Qué maravillosa la paciencia y tolerancia de Dios hacia pecadores que lo provocan! Para mostrar su poder y su compasión y para hacer un milagro de misericordia, les dio agua de la roca. Dios puede abrir fuentes para nosotros donde menos las esperamos. Quienes, en este desierto, guardan el camino de Dios, pueden confiar en que Él les proveerá. Además, que esto nos lleve a confiar en la gracia de Cristo. El apóstol dice que la Roca era Cristo, 1 Corintios x, 4; era un tipo de Él. Aunque la maldición de Dios podría haber sido justamente ejecutada contra nuestras almas culpables, he aquí al Hijo de Dios, que es herido por nosotros. Pidamos y recibamos.
Hubo una provisión abundante y constante de esta agua. Por numerosos que sean los creyentes, la provisión del Espíritu de Cristo es suficiente para todos. El agua brotó de la roca en corrientes para refrescar el desierto y los acompañó en su camino a Canaán; y esta agua brota de Cristo, por medio de las ordenanzas, al desierto estéril de este mundo, para refrescar nuestras almas hasta que lleguemos a la gloria.
Al lugar se le dio nuevo nombre, para recordar, no la misericordia de la divina provisión, sino el pecado de la murmuración: “Masah”, tentación, porque tentaron a Dios; “Meriba”, rencilla, porque riñeron con Moisés. El pecado deja una mancha sobre el nombre.
Vv. 8-16.Israel se comprometió en una lucha necesaria con Amalec en defensa propia. Dios da capacidad a su pueblo, y lo llama a diversos servicios por el bien de su iglesia. Josué pelea, Moisés ora, ambos ministran a Israel. La vara fue sostenida en alto, como estandarte para dar valor a los soldados. Y también hacia Dios como un modo de apelar a Él.
Moisés estaba cansado. El brazo más fuerte fallará si está extendido por mucho tiempo; sólo la mano de Dios permanece extendida todo el tiempo. No vemos que a Josué le pesaran las manos para pelear, pero a Moisés le pesaban las manos para orar; mientras más espiritual es un servicio, más dados somos a fallar y a rendirnos.
Para convencer a Israel que la mano de Moisés, contra quien habían reñido, estaba haciendo más en su defensa que sus propias manos, su vara más que la espada de ellos, la victoria se produce o decae según Moisés levante o deje caer sus manos. La causa de la iglesia es más o menos exitosa en la medida que sus amigos sean más o menos firmes en la fe y fervientes para orar. Moisés, el hombre de Dios, está feliz de recibir ayuda. No debemos avergonzarnos de pedir socorro o de brindar ayuda a los demás.
Las manos de Moisés así sostenidas, estuvieron firmes hasta que se puso el sol. Fue un gran estímulo para la gente ver a Josué delante de ellos en el campo de batalla, y a Moisés en lo alto en la colina. Cristo es ambos para nosotros: nuestro Josué, el Capitán de nuestra salvación, que pelea nuestras batallas, y nuestro Moisés, que vive siempre, intercediendo en lo alto para que nuestra fe no decaiga. Las armas formadas contra el Israel de Dios no pueden prosperar por mucho tiempo y, por último, serán quebrantadas.
Moisés debía escribir lo que había sido hecho , lo que Amalec había hecho contra Israel; escribe el amargo odio de ellos; escribe sus crueles intentos; que nunca se olvide, ni tampoco lo que Dios había hecho por Israel para salvarlo de Amalec. Escribir lo que debe hacerse ; para que en el curso del tiempo Amalec sea totalmente arruinado y desarraigado. La destrucción de Amalec era un tipo de la destrucción de todos los enemigos de Cristo y de su reino.
CAPÍTULO 17
Versículos 1-7. Los israelitas murmuran por agua en Refidim-Dios les manda agua de la roca. 8-16. Amalec es vencido-Las oraciones de Moisés.
Vv. 1-7.Los hijos de Israel viajaron conforme al mandamiento del Señor, conducidos por la columna de nube y fuego, pero llegaron a un lugar donde no había agua para que ellos bebieran. Nosotros podemos andar por el camino del deber, pero encontrarnos con problemas, a los que nos lleva la Providencia, para probar nuestra fe, y para que Dios sea glorificado en nuestra liberación. Ellos empezaron a preguntarse si Dios estaba o no con ellos. Esto lo llama “tentar a Dios”, lo que significa desconfiar de Él después de haber recibido tales demostraciones de su poder y bondad.
Moisés les respondió con gentileza. Necio es responder pasión con pasión; eso empeora lo malo.
Dios en su gracia se presentó para ayudarles. ¡Qué maravillosa la paciencia y tolerancia de Dios hacia pecadores que lo provocan! Para mostrar su poder y su compasión y para hacer un milagro de misericordia, les dio agua de la roca. Dios puede abrir fuentes para nosotros donde menos las esperamos. Quienes, en este desierto, guardan el camino de Dios, pueden confiar en que Él les proveerá. Además, que esto nos lleve a confiar en la gracia de Cristo. El apóstol dice que la Roca era Cristo, 1 Corintios x, 4; era un tipo de Él. Aunque la maldición de Dios podría haber sido justamente ejecutada contra nuestras almas culpables, he aquí al Hijo de Dios, que es herido por nosotros. Pidamos y recibamos.
Hubo una provisión abundante y constante de esta agua. Por numerosos que sean los creyentes, la provisión del Espíritu de Cristo es suficiente para todos. El agua brotó de la roca en corrientes para refrescar el desierto y los acompañó en su camino a Canaán; y esta agua brota de Cristo, por medio de las ordenanzas, al desierto estéril de este mundo, para refrescar nuestras almas hasta que lleguemos a la gloria.
Al lugar se le dio nuevo nombre, para recordar, no la misericordia de la divina provisión, sino el pecado de la murmuración: “Masah”, tentación, porque tentaron a Dios; “Meriba”, rencilla, porque riñeron con Moisés. El pecado deja una mancha sobre el nombre.
Vv. 8-16.Israel se comprometió en una lucha necesaria con Amalec en defensa propia. Dios da capacidad a su pueblo, y lo llama a diversos servicios por el bien de su iglesia. Josué pelea, Moisés ora, ambos ministran a Israel. La vara fue sostenida en alto, como estandarte para dar valor a los soldados. Y también hacia Dios como un modo de apelar a Él.
Moisés estaba cansado. El brazo más fuerte fallará si está extendido por mucho tiempo; sólo la mano de Dios permanece extendida todo el tiempo. No vemos que a Josué le pesaran las manos para pelear, pero a Moisés le pesaban las manos para orar; mientras más espiritual es un servicio, más dados somos a fallar y a rendirnos.
Para convencer a Israel que la mano de Moisés, contra quien habían reñido, estaba haciendo más en su defensa que sus propias manos, su vara más que la espada de ellos, la victoria se produce o decae según Moisés levante o deje caer sus manos. La causa de la iglesia es más o menos exitosa en la medida que sus amigos sean más o menos firmes en la fe y fervientes para orar. Moisés, el hombre de Dios, está feliz de recibir ayuda. No debemos avergonzarnos de pedir socorro o de brindar ayuda a los demás.
Las manos de Moisés así sostenidas, estuvieron firmes hasta que se puso el sol. Fue un gran estímulo para la gente ver a Josué delante de ellos en el campo de batalla, y a Moisés en lo alto en la colina. Cristo es ambos para nosotros: nuestro Josué, el Capitán de nuestra salvación, que pelea nuestras batallas, y nuestro Moisés, que vive siempre, intercediendo en lo alto para que nuestra fe no decaiga. Las armas formadas contra el Israel de Dios no pueden prosperar por mucho tiempo y, por último, serán quebrantadas.
Moisés debía escribir lo que había sido hecho , lo que Amalec había hecho contra Israel; escribe el amargo odio de ellos; escribe sus crueles intentos; que nunca se olvide, ni tampoco lo que Dios había hecho por Israel para salvarlo de Amalec. Escribir lo que debe hacerse ; para que en el curso del tiempo Amalec sea totalmente arruinado y desarraigado. La destrucción de Amalec era un tipo de la destrucción de todos los enemigos de Cristo y de su reino.
lunes, 4 de enero de 2010
Deseos equilibrados por las necesidades
Deseos equilibrados por las necesidades
Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe.
Filipenses 1:24-25
Una característica de un hombre espiritual es que sus propios deseos están equilibrados por las necesidades de los demás. Ese es el tipo de hombre que podía escribir: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:3-4).
La iglesia de Filipos necesitaba a Pablo, como también muchas otras iglesias. Pablo sabía que ellos lo necesitaban tanto que su necesidad probablemente determinara su futuro, lo que expresó en el versículo de hoy.
Aunque Pablo deseaba estar con Cristo en el cielo, también quería quedarse en la tierra para ayudar a fortalecer la iglesia. Él sabía que, si se quedaba la iglesia glorificaría mejor a Cristo, y glorificar a Cristo era lo único que deseaba.
Al tener un nuevo año por delante, ¿a qué está Cristo pidiéndole que entregue su vida? Espero que sea un deseo de satisfacer las necesidades de los demás con un corazón humilde. El poder del evangelio
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación.
Romanos 1:16
Las personas quieren cambiar. Toda publicidad se basa en la presuposición de que las personas quieren que las cosas sean diferentes de la manera en la que son. Quieren verse mejor, sentirse mejor y vivir mejor. Quieren cambiar su vida pero, salvo desde un punto de vista externo, no pueden hacerlo.
Solo el evangelio de Jesucristo tiene el poder de transformar a las personas y librarlas del pecado, de Satanás, del juicio, de la muerte y del infierno. Hechos 4:12 dice: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". Y ese nombre es Jesucristo.
Así que la Palabra de Dios, que es toda acerca de Jesucristo, puede hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Somos pecadores y no podemos remediar nuestra condición, pero de Dios viene el poder increíble e ilimitado que puede transformar nuestra vida.
Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe.
Filipenses 1:24-25
Una característica de un hombre espiritual es que sus propios deseos están equilibrados por las necesidades de los demás. Ese es el tipo de hombre que podía escribir: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:3-4).
La iglesia de Filipos necesitaba a Pablo, como también muchas otras iglesias. Pablo sabía que ellos lo necesitaban tanto que su necesidad probablemente determinara su futuro, lo que expresó en el versículo de hoy.
Aunque Pablo deseaba estar con Cristo en el cielo, también quería quedarse en la tierra para ayudar a fortalecer la iglesia. Él sabía que, si se quedaba la iglesia glorificaría mejor a Cristo, y glorificar a Cristo era lo único que deseaba.
Al tener un nuevo año por delante, ¿a qué está Cristo pidiéndole que entregue su vida? Espero que sea un deseo de satisfacer las necesidades de los demás con un corazón humilde. El poder del evangelio
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación.
Romanos 1:16
Las personas quieren cambiar. Toda publicidad se basa en la presuposición de que las personas quieren que las cosas sean diferentes de la manera en la que son. Quieren verse mejor, sentirse mejor y vivir mejor. Quieren cambiar su vida pero, salvo desde un punto de vista externo, no pueden hacerlo.
Solo el evangelio de Jesucristo tiene el poder de transformar a las personas y librarlas del pecado, de Satanás, del juicio, de la muerte y del infierno. Hechos 4:12 dice: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". Y ese nombre es Jesucristo.
Así que la Palabra de Dios, que es toda acerca de Jesucristo, puede hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Somos pecadores y no podemos remediar nuestra condición, pero de Dios viene el poder increíble e ilimitado que puede transformar nuestra vida.
domingo, 3 de enero de 2010
Escoger entre el cielo y la tierra
Escoger entre el cielo y la tierra
Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho.
Filipenses 1:23
Todo cristiano debe sentir el fuerte deseo de estar con Cristo, pero también el deseo de edificar su iglesia. Si el Señor me dijera "Tienes cinco minutos para escoger entre estar en el cielo o seguir en la tierra", sería difícil para mí tomar esa decisión. Y me gustaría estar seguro de que estoy decidiendo por las razones debidas. Tendría que preguntarme: ¿puedo glorificar más a Cristo en el cielo o en la tierra?
Pablo la consideró una decisión difícil. No obstante, la mayoría de las personas optarían por quedarse en la tierra. Cuando se les preguntara por qué, casi todas darían alguna razón egoísta, como "Estamos comprando una nueva casa" o "No quiero dejar a mis hijos". Para Pablo nada era más importante que glorificar a Cristo. Cuando se enfrentaba a los asuntos más esenciales de la vida, si era mejor vivir o morir, su respuesta era: "Quiero glorificar a Cristo en el cielo o en la tierra. Si se me da a escoger, no puedo escoger". Como glorificar a Cristo era la motivación de Pablo, el problema no era dónde él glorificaba a Cristo. Eso debe ser así para usted también. Ausentes del cuerpo, presentes al Señor
Confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.
2 Corintios 5:8
Cuando un creyente sale de este mundo, va de inmediato a la presencia de Cristo. No hay nada como que el "el alma duerme" ni un lugar intermedio de espera, ni la Biblia enseña que haya algún lugar llamado purgatorio. Observe que el apóstol Pablo deseaba "partir y estar con Cristo" (Fil. 1:23, cursivas añadidas).
El versículo de hoy indica que, cuando estamos ausentes del cuerpo, que duerme hasta la resurrección, nuestro espíritu está presente con el Señor. También Pablo les dijo a los tesalonicenses que Cristo "murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él" (1 Ts. 5:10). Lo que Pablo quiere decir es que estemos físicamente despiertos (vivos) o físicamente dormidos (muertos), como creyentes estamos con Cristo. Estamos en su presencia en un sentido espiritual ahora y en un sentido literal cuando nuestro cuerpo esté muerto.
Usted puede regocijarse en el hecho de que no hay momento alguno de su vida como creyente en el que será separado de la presencia consciente de Jesucristo
Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho.
Filipenses 1:23
Todo cristiano debe sentir el fuerte deseo de estar con Cristo, pero también el deseo de edificar su iglesia. Si el Señor me dijera "Tienes cinco minutos para escoger entre estar en el cielo o seguir en la tierra", sería difícil para mí tomar esa decisión. Y me gustaría estar seguro de que estoy decidiendo por las razones debidas. Tendría que preguntarme: ¿puedo glorificar más a Cristo en el cielo o en la tierra?
Pablo la consideró una decisión difícil. No obstante, la mayoría de las personas optarían por quedarse en la tierra. Cuando se les preguntara por qué, casi todas darían alguna razón egoísta, como "Estamos comprando una nueva casa" o "No quiero dejar a mis hijos". Para Pablo nada era más importante que glorificar a Cristo. Cuando se enfrentaba a los asuntos más esenciales de la vida, si era mejor vivir o morir, su respuesta era: "Quiero glorificar a Cristo en el cielo o en la tierra. Si se me da a escoger, no puedo escoger". Como glorificar a Cristo era la motivación de Pablo, el problema no era dónde él glorificaba a Cristo. Eso debe ser así para usted también. Ausentes del cuerpo, presentes al Señor
Confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.
2 Corintios 5:8
Cuando un creyente sale de este mundo, va de inmediato a la presencia de Cristo. No hay nada como que el "el alma duerme" ni un lugar intermedio de espera, ni la Biblia enseña que haya algún lugar llamado purgatorio. Observe que el apóstol Pablo deseaba "partir y estar con Cristo" (Fil. 1:23, cursivas añadidas).
El versículo de hoy indica que, cuando estamos ausentes del cuerpo, que duerme hasta la resurrección, nuestro espíritu está presente con el Señor. También Pablo les dijo a los tesalonicenses que Cristo "murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él" (1 Ts. 5:10). Lo que Pablo quiere decir es que estemos físicamente despiertos (vivos) o físicamente dormidos (muertos), como creyentes estamos con Cristo. Estamos en su presencia en un sentido espiritual ahora y en un sentido literal cuando nuestro cuerpo esté muerto.
Usted puede regocijarse en el hecho de que no hay momento alguno de su vida como creyente en el que será separado de la presencia consciente de Jesucristo
sábado, 2 de enero de 2010
Mateo 5
Mateo 5 -
CAPÍTULO 5
Versículos 1, 2. El sermón del monte. 3-12. Quienes son bienaventurados. 13-16. Exhortaciones y advertencias. 17-20. Cristo vino a confirmar la ley. 21-26. El sexto mandamiento. 27-32. El séptimo mandamiento. 33-37. El tercer mandamiento. 38-42. La ley del Talión. 43-48. La ley de amor, explicada.
Vv. 1, 2.Nadie hallará felicidad en este mundo o en el venidero si no la busca en Cristo por el gobierno de su palabra. Él les enseñó lo que era el mal que ellos debían aborrecer, y cual es el bien que deben buscar y en el cual abundar.
Vv. 3-12.Aquí nuestro Salvador da ocho características de la gente bienaventurada que para nosotros representan las gracias principales del cristiano.
1. Los pobres en espíritu son bienaventurados. Estos llevan sus mentes a su condición cuando es baja. Son humildes y pequeños según su propio criterio. Ven su necesidad, se duelen por su culpa y tienen sed de un Redentor. El reino de la gracia es de los tales; el reino de la gloria es para ellos.
2. Los que lloran son bienaventurados. Parece ser aquí se trata esa tristeza santa que obra verdadero arrepentimiento, vigilancia, mente humilde y dependencia continua para ser aceptado por la misericordia de Dios en Cristo Jesús, con búsqueda constante del Espíritu Santo para limpiar el mal residual. El cielo es el gozo de nuestro Señor; un monte de gozo, hacia el cual nuestro camino atraviesa un valle de lágrimas. Tales dolientes serán consolados por su Dios.
3. Los mansos son bienaventurados. Los mansos son los que se someten calladamente a Dios; los que pueden tolerar insultos; son callados o devuelven una respuesta blanda; los que, en su paciencia, conservan el dominio de sus almas, cuando escasamente tienen posesión de alguna otra cosa. Estos mansos son bienaventurados aun en este mundo. La mansedumbre fomenta la riqueza, el consuelo y la seguridad, aun en este mundo.
4. Los que tienen hambre y sed de justicia son bienaventurados. La justicia está aquí puesta por todas las bendiciones espirituales. Estas son compradas para nosotros por la justicia de Cristo, confirmadas por la fidelidad de Dios. Nuestros deseos de bendiciones espirituales deben ser fervientes. Aunque todos los deseos de gracia no son gracia, sin embargo, un deseo como este es un deseo de los que son creados por Dios y Él no abandonará a la obra de Sus manos.
5. Los misericordiosos son bienaventurados. Debemos no sólo soportar nuestras aflicciones con paciencia, sino que debemos hacer todo lo que podamos por ayudar a los que estén pasando miserias. Debemos tener compasión por las almas del prójimo, y ayudarles; compadecer a los que estén en pecado, y tratar de sacarlos como tizones fuera del fuego.
6. Los limpios de corazón son bienaventurados, porque verán a Dios. Aquí son plenamente descritas y unidas la santidad y la dicha. Los corazones deben ser purificados por la fe y mantenidos para Dios. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio. Nadie sino el limpio es capaz de ver a Dios, ni el cielo se promete para el impuro. Como Dios no tolera mirar la iniquidad, así ellos no pueden mirar su pureza.
7. Los pacificadores son bienaventurados. Ellos aman, desean y se deleitan en la paz; y les agrada tener quietud. Mantienen la paz para que no sea rota y la recuperan cuando es quebrantada. Si los pacificadores son bienaventurados, ¡ay de los que quebrantan la paz! -8. Los que son perseguidos por causa de la justicia son bienaventurados. Este dicho es peculiar del cristianismo; y se enfatiza con mayor intensidad que el resto. Sin embargo, nada hay en nuestros sufrimientos que pueda ser mérito ante Dios, pero Dios verá que quienes pierden por Él, aun la misma vida, no pierdan finalmente por causa de Él. —¡Bendito Jesús, cuán diferentes son tus máximas de las de los hombres de este mundo! Ellos llaman dichoso al orgulloso, y admiran al alegre, al rico, al poderoso y al victorioso. Alcancemos nosotros misericordia del Señor; que podamos ser reconocidos como sus hijos, y heredemos el reino. Con estos deleites y esperanzas, podemos dar la bienvenida con alegría a las circunstancias bajas o dolorosas.
Vv. 13-16.Vosotros sois la sal de la tierra. La humanidad, en la ignorancia y la maldad, era como un montón enorme, listo para podrirse, pero Cristo envió a sus discípulos, para sazonarla, por sus vidas y doctrinas, con el conocimiento y la gracia. Si no son como debieran ser, son como sal que ha perdido su sabor. Si un hombre puede adoptar la confesión de Cristo, y, sin embargo, permanecer sin gracia, ninguna otra doctrina, ningún otro medio lo hace provechoso. Nuestra luz debe brillar haciendo buenas obras tales que los hombres puedan verlas. Lo que haya entre Dios y nuestras almas debe ser guardado para nosotros mismos, pero lo que, de sí mismo, queda abierto a la vista de los hombres, debemos procurar que se conforme a nuestra profesión y que sea encomiable. Debemos apuntar a la gloria de Dios.
Vv. 17-20.Que nadie suponga que Cristo permite que su pueblo juegue con cualquiera de los mandamientos de la santa ley de Dios. Ningún pecador participa de la justicia justificadora de Cristo hasta que se arrepiente de sus malas obras. La misericordia revelada en el evangelio guía al creyente a un aborrecimiento de sí mismo aún más profundo. La ley es la regla del deber del cristiano, y éste se deleita en ella. Si alguien que pretende ser discípulo de Cristo se permitirse cualquier desobediencia a la ley de Dios, o enseña al prójimo a hacerlo, cualquiera sea su situación o reputación entre los hombres, no puede ser verdadero discípulo. La justicia de Cristo, que nos es imputada por la sola fe, es necesaria para todos los que entran al reino de la gracia o de la gloria, pero la nueva creación del corazón para santidad produce un cambio radical en el temperamento y la conducta del hombre.
Vv. 21-26.Los maestros judíos habían enseñado que nada, salvo el homicidio, era prohibido por el sexto mandamiento. Así, eliminaban su significado espiritual. Cristo mostró el significado completo de este mandamiento; conforme al cual debemos ser juzgados en el más allá y, por tanto, debiera ser obedecido ahora. Toda ira precipitada es homicidio en el corazón. Por nuestro hermano, aquí escrito, debemos entender a cualquier persona, aunque muy por debajo de nosotros, porque somos todos hechos de una sangre. “Necio”es una palabra de burla que viene del orgullo; “Tú eres un necio”es palabra desdeñosa que viene del odio. La calumnia y las censuras maliciosas son veneno que mata secreta y lentamente. Cristo les dijo que por ligeros que consideraran estos pecados, ciertamente serían llamados a juicio por ellos. Debemos conservar cuidadosamente el amor y la paz cristianas con todos nuestros hermanos; y, si en algún momento, hay una pelea, debemos confesar nuestra falta, humillarnos a nuestro hermano, haciendo u ofreciendo satisfacción por el mal hecho de palabra u obra: y debemos hacer esto rápidamente porque hasta que lo hagamos, no seremos aptos para nuestra comunión con Dios en las santas ordenanzas. Cuando nos estamos preparando para algún ejercicio religioso bueno es que nosotros hagamos de esto una ocasión para reflexionar y examinarnos con seriedad.
Lo que aquí se dice es muy aplicable a nuestro ser reconciliados con Dios por medio de Cristo. Mientras estemos vivos, estamos en camino a su trono de juicio, después de la muerte, será demasiado tarde. Cuando consideramos la importancia del caso, y la incertidumbre de la vida, ¡cuán necesario es buscar la paz con Dios sin demora!
Vv. 27-32.La victoria sobre los deseos del corazón debe ir acompañada con ejercicios dolorosos, pero debe hacerse. Toda cosa es dada para salvarnos de nuestros pecados, no en ellos. Todos nuestros sentidos y facultades deben evitar las cosas que conducen a transgredir. Quienes llevan a los demás a la tentación de pecar, por la ropa o en cualquiera otra forma, o los dejan en ello, o los exponen a ello, se hacen culpables de su pecado, y serán considerados responsables de dar cuentas por ello. Si uno se somete a las operaciones dolorosas, para salvarnos la vida, ¿de qué debiera retenerse nuestra mente cuando lo que está en juego es la salvación de nuestra alma? Hay tierna misericordia tras todos los requisitos divinos, y las gracias y consuelos del Espíritu nos facultarán para satisfacerlos.
Vv. 33-37.No hay razón para considerar que son malos los votos solemnes en un tribunal de justicia o en otras ocasiones apropiadas, siempre y cuando sean formulados con la debida reverencia. Pero todos los votos hechos sin necesidad o en la conversación corriente, son pecaminosos, como asimismo todas las expresiones que apelan a Dios, aunque las personas piensen que por ello evaden la culpa de jurar. Mientras peores sean los hombres, menos comprometidos están por los votos; mientras mejores sean, menos necesidad hay de los votos. Nuestro Señor no indica los términos precisos con que tenemos que afirmar o negar, sino que el cuidado constante de la verdad haría innecesarios los votos y juramentos.
Vv. 38-42.La sencilla instrucción es: Soporta cualquier injuria que puedas sufrir por amor a la paz, encomendando tus preocupaciones al cuidado del Señor. El resumen de todo es que los cristianos deben evitar las disputas y las querellas. Si alguien dice que carne y sangre no pueden pasar por tal afrenta, que se acuerden que carne y sangre no heredarán el reino de Dios, y los que actúan sobre la base de los principios justos tendrán suma paz y consuelo.
Vv. 43-48.Los maestros judíos entendían por “prójimo”sólo a los que eran de su propio país, nación y religión, a los que les complacía considerar amigos. El Señor Jesús enseña que debemos hacer toda la bondad verdadera que podamos a todos, especialmente a sus almas. Debemos orar por ellos. Mientras muchos devolverán bien por bien, hemos de devolver bien por mal; y esto hablará de un principio más noble en que se basa la mayoría de los hombres para actuar. Otros saludan a sus hermanos, y abrazan a los de su propio partido, costumbre y opinión pero nosotros no debemos limitar así nuestro respeto.
Deber de los cristianos es desear y apuntar a la perfección, y seguir adelante en gracia y santidad. Allí debemos tener la intención de conformarnos al ejemplo de nuestro Padre celestial, 1 Pedro i, 15, 16. Seguramente se espera más de los seguidores de Cristo que de los demás; seguramente se hallará más en ellos que en los demás. Roguemos a Dios que nos capacite para demostrarnos como hijos suyos.
CAPÍTULO 5
Versículos 1, 2. El sermón del monte. 3-12. Quienes son bienaventurados. 13-16. Exhortaciones y advertencias. 17-20. Cristo vino a confirmar la ley. 21-26. El sexto mandamiento. 27-32. El séptimo mandamiento. 33-37. El tercer mandamiento. 38-42. La ley del Talión. 43-48. La ley de amor, explicada.
Vv. 1, 2.Nadie hallará felicidad en este mundo o en el venidero si no la busca en Cristo por el gobierno de su palabra. Él les enseñó lo que era el mal que ellos debían aborrecer, y cual es el bien que deben buscar y en el cual abundar.
Vv. 3-12.Aquí nuestro Salvador da ocho características de la gente bienaventurada que para nosotros representan las gracias principales del cristiano.
1. Los pobres en espíritu son bienaventurados. Estos llevan sus mentes a su condición cuando es baja. Son humildes y pequeños según su propio criterio. Ven su necesidad, se duelen por su culpa y tienen sed de un Redentor. El reino de la gracia es de los tales; el reino de la gloria es para ellos.
2. Los que lloran son bienaventurados. Parece ser aquí se trata esa tristeza santa que obra verdadero arrepentimiento, vigilancia, mente humilde y dependencia continua para ser aceptado por la misericordia de Dios en Cristo Jesús, con búsqueda constante del Espíritu Santo para limpiar el mal residual. El cielo es el gozo de nuestro Señor; un monte de gozo, hacia el cual nuestro camino atraviesa un valle de lágrimas. Tales dolientes serán consolados por su Dios.
3. Los mansos son bienaventurados. Los mansos son los que se someten calladamente a Dios; los que pueden tolerar insultos; son callados o devuelven una respuesta blanda; los que, en su paciencia, conservan el dominio de sus almas, cuando escasamente tienen posesión de alguna otra cosa. Estos mansos son bienaventurados aun en este mundo. La mansedumbre fomenta la riqueza, el consuelo y la seguridad, aun en este mundo.
4. Los que tienen hambre y sed de justicia son bienaventurados. La justicia está aquí puesta por todas las bendiciones espirituales. Estas son compradas para nosotros por la justicia de Cristo, confirmadas por la fidelidad de Dios. Nuestros deseos de bendiciones espirituales deben ser fervientes. Aunque todos los deseos de gracia no son gracia, sin embargo, un deseo como este es un deseo de los que son creados por Dios y Él no abandonará a la obra de Sus manos.
5. Los misericordiosos son bienaventurados. Debemos no sólo soportar nuestras aflicciones con paciencia, sino que debemos hacer todo lo que podamos por ayudar a los que estén pasando miserias. Debemos tener compasión por las almas del prójimo, y ayudarles; compadecer a los que estén en pecado, y tratar de sacarlos como tizones fuera del fuego.
6. Los limpios de corazón son bienaventurados, porque verán a Dios. Aquí son plenamente descritas y unidas la santidad y la dicha. Los corazones deben ser purificados por la fe y mantenidos para Dios. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio. Nadie sino el limpio es capaz de ver a Dios, ni el cielo se promete para el impuro. Como Dios no tolera mirar la iniquidad, así ellos no pueden mirar su pureza.
7. Los pacificadores son bienaventurados. Ellos aman, desean y se deleitan en la paz; y les agrada tener quietud. Mantienen la paz para que no sea rota y la recuperan cuando es quebrantada. Si los pacificadores son bienaventurados, ¡ay de los que quebrantan la paz! -8. Los que son perseguidos por causa de la justicia son bienaventurados. Este dicho es peculiar del cristianismo; y se enfatiza con mayor intensidad que el resto. Sin embargo, nada hay en nuestros sufrimientos que pueda ser mérito ante Dios, pero Dios verá que quienes pierden por Él, aun la misma vida, no pierdan finalmente por causa de Él. —¡Bendito Jesús, cuán diferentes son tus máximas de las de los hombres de este mundo! Ellos llaman dichoso al orgulloso, y admiran al alegre, al rico, al poderoso y al victorioso. Alcancemos nosotros misericordia del Señor; que podamos ser reconocidos como sus hijos, y heredemos el reino. Con estos deleites y esperanzas, podemos dar la bienvenida con alegría a las circunstancias bajas o dolorosas.
Vv. 13-16.Vosotros sois la sal de la tierra. La humanidad, en la ignorancia y la maldad, era como un montón enorme, listo para podrirse, pero Cristo envió a sus discípulos, para sazonarla, por sus vidas y doctrinas, con el conocimiento y la gracia. Si no son como debieran ser, son como sal que ha perdido su sabor. Si un hombre puede adoptar la confesión de Cristo, y, sin embargo, permanecer sin gracia, ninguna otra doctrina, ningún otro medio lo hace provechoso. Nuestra luz debe brillar haciendo buenas obras tales que los hombres puedan verlas. Lo que haya entre Dios y nuestras almas debe ser guardado para nosotros mismos, pero lo que, de sí mismo, queda abierto a la vista de los hombres, debemos procurar que se conforme a nuestra profesión y que sea encomiable. Debemos apuntar a la gloria de Dios.
Vv. 17-20.Que nadie suponga que Cristo permite que su pueblo juegue con cualquiera de los mandamientos de la santa ley de Dios. Ningún pecador participa de la justicia justificadora de Cristo hasta que se arrepiente de sus malas obras. La misericordia revelada en el evangelio guía al creyente a un aborrecimiento de sí mismo aún más profundo. La ley es la regla del deber del cristiano, y éste se deleita en ella. Si alguien que pretende ser discípulo de Cristo se permitirse cualquier desobediencia a la ley de Dios, o enseña al prójimo a hacerlo, cualquiera sea su situación o reputación entre los hombres, no puede ser verdadero discípulo. La justicia de Cristo, que nos es imputada por la sola fe, es necesaria para todos los que entran al reino de la gracia o de la gloria, pero la nueva creación del corazón para santidad produce un cambio radical en el temperamento y la conducta del hombre.
Vv. 21-26.Los maestros judíos habían enseñado que nada, salvo el homicidio, era prohibido por el sexto mandamiento. Así, eliminaban su significado espiritual. Cristo mostró el significado completo de este mandamiento; conforme al cual debemos ser juzgados en el más allá y, por tanto, debiera ser obedecido ahora. Toda ira precipitada es homicidio en el corazón. Por nuestro hermano, aquí escrito, debemos entender a cualquier persona, aunque muy por debajo de nosotros, porque somos todos hechos de una sangre. “Necio”es una palabra de burla que viene del orgullo; “Tú eres un necio”es palabra desdeñosa que viene del odio. La calumnia y las censuras maliciosas son veneno que mata secreta y lentamente. Cristo les dijo que por ligeros que consideraran estos pecados, ciertamente serían llamados a juicio por ellos. Debemos conservar cuidadosamente el amor y la paz cristianas con todos nuestros hermanos; y, si en algún momento, hay una pelea, debemos confesar nuestra falta, humillarnos a nuestro hermano, haciendo u ofreciendo satisfacción por el mal hecho de palabra u obra: y debemos hacer esto rápidamente porque hasta que lo hagamos, no seremos aptos para nuestra comunión con Dios en las santas ordenanzas. Cuando nos estamos preparando para algún ejercicio religioso bueno es que nosotros hagamos de esto una ocasión para reflexionar y examinarnos con seriedad.
Lo que aquí se dice es muy aplicable a nuestro ser reconciliados con Dios por medio de Cristo. Mientras estemos vivos, estamos en camino a su trono de juicio, después de la muerte, será demasiado tarde. Cuando consideramos la importancia del caso, y la incertidumbre de la vida, ¡cuán necesario es buscar la paz con Dios sin demora!
Vv. 27-32.La victoria sobre los deseos del corazón debe ir acompañada con ejercicios dolorosos, pero debe hacerse. Toda cosa es dada para salvarnos de nuestros pecados, no en ellos. Todos nuestros sentidos y facultades deben evitar las cosas que conducen a transgredir. Quienes llevan a los demás a la tentación de pecar, por la ropa o en cualquiera otra forma, o los dejan en ello, o los exponen a ello, se hacen culpables de su pecado, y serán considerados responsables de dar cuentas por ello. Si uno se somete a las operaciones dolorosas, para salvarnos la vida, ¿de qué debiera retenerse nuestra mente cuando lo que está en juego es la salvación de nuestra alma? Hay tierna misericordia tras todos los requisitos divinos, y las gracias y consuelos del Espíritu nos facultarán para satisfacerlos.
Vv. 33-37.No hay razón para considerar que son malos los votos solemnes en un tribunal de justicia o en otras ocasiones apropiadas, siempre y cuando sean formulados con la debida reverencia. Pero todos los votos hechos sin necesidad o en la conversación corriente, son pecaminosos, como asimismo todas las expresiones que apelan a Dios, aunque las personas piensen que por ello evaden la culpa de jurar. Mientras peores sean los hombres, menos comprometidos están por los votos; mientras mejores sean, menos necesidad hay de los votos. Nuestro Señor no indica los términos precisos con que tenemos que afirmar o negar, sino que el cuidado constante de la verdad haría innecesarios los votos y juramentos.
Vv. 38-42.La sencilla instrucción es: Soporta cualquier injuria que puedas sufrir por amor a la paz, encomendando tus preocupaciones al cuidado del Señor. El resumen de todo es que los cristianos deben evitar las disputas y las querellas. Si alguien dice que carne y sangre no pueden pasar por tal afrenta, que se acuerden que carne y sangre no heredarán el reino de Dios, y los que actúan sobre la base de los principios justos tendrán suma paz y consuelo.
Vv. 43-48.Los maestros judíos entendían por “prójimo”sólo a los que eran de su propio país, nación y religión, a los que les complacía considerar amigos. El Señor Jesús enseña que debemos hacer toda la bondad verdadera que podamos a todos, especialmente a sus almas. Debemos orar por ellos. Mientras muchos devolverán bien por bien, hemos de devolver bien por mal; y esto hablará de un principio más noble en que se basa la mayoría de los hombres para actuar. Otros saludan a sus hermanos, y abrazan a los de su propio partido, costumbre y opinión pero nosotros no debemos limitar así nuestro respeto.
Deber de los cristianos es desear y apuntar a la perfección, y seguir adelante en gracia y santidad. Allí debemos tener la intención de conformarnos al ejemplo de nuestro Padre celestial, 1 Pedro i, 15, 16. Seguramente se espera más de los seguidores de Cristo que de los demás; seguramente se hallará más en ellos que en los demás. Roguemos a Dios que nos capacite para demostrarnos como hijos suyos.
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