jueves, 15 de enero de 2026

El carácter amoroso del Padre con Israel y con la humanidad

 El carácter amoroso del Padre con Israel y con la humanidad

“Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” Oseas 11:1-4

Es maravilloso ver el carácter de amor del Padre Dios por su pueblo Israel, y muy triste observar cómo su pueblo, en muchas ocasiones no correspondió a su amor, el libro de Oseas 11:1-4 nos deja claro cuánto amor expresa Dios a su pueblo al decirle “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé” y nos deja ver cómo los trataba como a hijos, pues enseguida declara “y de Egipto llamé a mi hijo” en contraste dice de su pueblo “Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios”, es como si esos mandamientos de Dios, dados en el monte Sinaí, hubieran entrado por un oído y salido por el otro, “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen … No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios” fue algo que se les olvido, o peor aún, que sabiéndolo no les importó, sin embargo podemos ver ese carácter de amor de Dios cuando dice: “Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba”, no se dieron cuenta que prácticamente esos mandamientos de amor, tenían la finalidad de protegerlos para que su corazón no se desviara tras dioses que no son dioses; pero a pesar de que Dios como un buen Padre les enseñaba y los cuidaba, ellos como un hijo rebelde se alejaban.

Sin embargo, Dios con todo seguía tratando de atraerlos con amor, por eso dice “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” Y eso es lo hermoso de Dios, de su carácter, que de igual forma hizo con nosotros y con la humanidad, pues su amor es tan grande que fue capaz de dar a su Hijo amado como pago por nuestros pecados para salvarnos (Juan 3:16), y atraernos con la cuerda de amor más grandiosa hacia Él: la entrega de la vida de Jesús en la cruz, así que hermanos correspondamos al amoroso carácter de Dios y dejemos que su Santo Espíritu desarrolle el carácter de Cristo en nosotros.   Oración.

«Padre Dios, gracias por tu gran amor, gracias por atraerme a ti con la cuerda de amor más maravillosa: la obra de tu hijo Jesús en la cruz, gracias por adoptarme como tu hijo, darme tu perdón, tu vida, tu identidad y un propósito para vivir, gracias por amarme. Amen. 



miércoles, 14 de enero de 2026

La voz del amado

 La voz del amado

“Mi amado habló, y me dijo: levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.” Cantares 2:10-14

El libro de Cantares es un hermoso poema de dos enamorados, que también hace referencia a la relación de Amor de Cristo con su Iglesia, por lo cual el pasaje de Cantares 2:10-14 nos deja ver el llamado de amor que nos está haciendo el Señor, donde nos pide que nos levantemos y nos acerquemos a Él, revelándonos la verdad espiritual que deberíamos estar viviendo: “ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola”, haciendo referencia a que el frio del invierno de nuestra vida debe quedar atrás, pues nuestros pecados ya han sido perdonados, y ahora en Cristo tenemos una nueva vida que debe florecer de amor, una vida llena de gozo, pues el tiempo de la canción ha llegado, una vida que trasmita paz pues se ha escuchado la voz del amado, quien nos dice “La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor”, revelándonos ese fruto que como creyentes debemos dar y disfrutar: el fruto del Espíritu, que encontramos en Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”

Es maravilloso ver el amor con el cual somos tratados por Dios, pues se nos dice: “levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes”, y esto es así, gracias a Cristo, pues ahora en Él, Dios nos ve precisamente en el agujero de la peña, es decir en Cristo mismo, y nos trata al igual que a su Hijo amado, y a su vez Jesús nos trata como a una novia que va a ser desposada y nos invita a relacionarnos de manera íntima con Él, por medio de la oración, la lectura de la Palabra y la comunión del Espíritu Santo, por eso es que nos dice: “muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.  Oración.

«Amado Jesús, gracias por dejarme oír continuamente tu llamado de amor, gracias por recordarme por medio de tu Santo Espíritu cuánto me amas, por recordarme que me has perdonado, y que ahora tengo una nueva vida en ti, una vida llena de fruto. Amen.  



martes, 13 de enero de 2026

Dios de pactos.

 Dios de pactos. 

“De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”, Lucas 22:20

“Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” Hebreos 8:13

Siempre hemos expresado que Dios nos llama a tener una relación personal con él, pero la doctrina bíblica expresa algo mucho más sustancial y trascendente. Es decir mucho más orgánico, íntimo y profundo. (Efesios 5:30-32)

Observemos por ejemplo, que para los profetas el problema de Dios con su pueblo es que el pacto fue quebrantado “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová” (Jeremías 31:32), mostrando a Israel como una esposa infiel que quebrantó el pacto.

Pero ya que ese antiguo pacto no fue eficaz y reveló la incapacidad del hombre de cumplirle a Dios, entonces, Él provee un nuevo pacto, uno incondicional y eternamente perdurable, que no depende del hombre, sino de Dios completamente; entonces profetizando este nuevo pacto, dice la escritura: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).

Este nuevo pacto tiene fundamento legal y eterno, no depende de nuestros sentimientos, es inmutable, define nuestra identidad, destino y misión, y es el Hijo quien lo cumple, lo ejecuta y lo sostiene. ¿Y nosotros?

Pues lo primero es que nosotros, eramos ajenos a los pactos de la promesa, pero ahora somos el pueblo del pacto por la iniciativa soberana de Dios, y solo por la fe en Cristo, mediante un nuevo nacimiento, somos incluidos en él, colocados en él, unidos a él. Este énfasis de “incluidos”, “colocados”, “unidos” es clave para entender la más profunda base del evangelio: Somos una nueva creación “en” Cristo. (Efesios 2:12-13)

Por esta razón en el nuevo testamento aparece aproximadamente 164 veces la palabra “en” Cristo, pues esto corrobora nuestra inclusión en Cristo, mediante el nuevo pacto, de manera orgánica, objetiva, real e inquebrantable. (Efesios 5:30,32).

Tu, yo, y todo el que cree es unido a Cristo: “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”, (Efesios 2:15), un solo y nuevo hombre, en Cristo, un nuevo nacimiento por el Espíritu: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13). Este es el sentido y significado verdadero del bautismo del Espíritu Santo.

Por lo tanto, no estamos renovando una relación con Dios, somos una nueva creación, entramos por gracia por medio de la fe, por un acto soberano de Dios, en su Hijo amado y somos, vivimos y nos movemos en Él.

Mañana reflexionaremos en las implicaciones de esta realidad de haber sido colocados en el pacto “en” Cristo Jesús.   Oración.

«Padre, gracias porque me has incluido en Cristo. En él estoy completo y no me hace falta nada, pues por el pacto eterno sellado con su preciosa sangre derramada en la cruz, tengo al Hijo y por tanto tengo la vida eterna. Ayúdame a compartir esta gracia con los que no tienen verdadera vida. Para gloria de tu nombre, amén.



lunes, 12 de enero de 2026

La gloria de Dios, no la gloria del hombre.

 La gloria de Dios, no la gloria del hombre. 

“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”, Juan 12:42-43

“Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios”, 1 Samuel 15:30

La gloria de Dios es la expresión de sus atributos, su amor, su poder, su misericordia, su revelación, la expresión misma de su naturaleza en todo lo creado. (Salmo 19:1).

Todo lo creado manifiesta su gloria, pero nosotros debemos reconocer su gloria, como nos enseña Romanos 1:21-23, que incluso habla de lo que no es la gloria de Dios o el contraste con aquello que no reconoce la grandeza de Dios: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

La gloria que el hombre busca es impedimento para creer y para crecer: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”, Juan 5:44.

Impide el accionar y crecimiento de la fe, porque toda gloria del hombre es buscar lo suyo propio (Juan 12:42-43).

Aun el Señor Jesús, no buscaba su propia gloria, sino expresar al Padre, glorificándolo en todo, como dice Juan 8:54 “Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.”,

Y aun el Espíritu Santo busca glorificar al Hijo “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:14).

Nosotros fuimos creados para su gloria y nuestra misión es por el Espíritu glorificar al Padre, cuando el Hijo es formado en nosotros, por el poder de su Espíritu: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Isaías 43:7 y Efesios 2:10 nos confirma: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, observemos que dice creados “en” Cristo Jesús.

Mañana miraremos cómo aplicar este conocimiento bíblico en nuestra vida diaria, mientras tanto podemos reflexionar ¿Qué cosas en nuestra vida no le dan la gloria a Dios?    Oración.

«Padre, no a nosotros, sino a tu nombre es toda la gloria, que tu Hijo sea formado en mí para expresar en mi una gloria plena e inmarcesible, por el poder de tu Santo Espíritu, amén.



domingo, 11 de enero de 2026

Restaurados plenamente

 Restaurados plenamente

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” Isaías 53:11

Cuando venga a nuestra mente, por alguna situación, la desesperanza de la pérdida, el dolor del pasado, el trauma de lo vivido, debemos ir nuevamente a la cruz, al monte donde se escuchó su grito de angustia, pues su alma fue angustiada para que tú y yo tuviéramos paz: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).

‘Y aun así, despierto siempre en el mismo lugar en el monte que te oyó gritar’, esto quiere ilustrarnos poéticamente que el único trauma que debería conmover nuestras entrañas, cada vez que lo recordamos, es la muerte de Cristo en la cruz. Porque allí también estuvimos nosotros, escuchamos su grito, pero también morimos juntamente con Cristo, para luego ser resucitados juntamente con él. (Romanos 6:6, 8). Es el único trauma que tiene recompensa eterna, que tiene cruz y que tiene resurrección.

Es cada día, sí, ir a la cruz, negándonos a nosotros mismos, no confiando en nuestro propio corazón, en lo que “siento”. Cuando nos negamos, surge la vida que nos saca de nuestros propios traumas, la vida de Cristo que nos fue impartida, donde todo está resuelto y sanado; “todo está consumado” (del griego ‘tetelestai’, significa pagado es, vencido es, liberado es). La vida que nos habita surge, cuando salgo de mi, de mi yo, de mi propio dolor, voy mejor al trauma de la cruz y a la libertad de la cruz, y en el poder de su resurrección, entonces se expresa plenamente la vida de Cristo. (Lucas 9:23, 1 Juan 1:2)

Pero tenemos que verlo, nos tiene que ser revelada esa vida que nos habita, este es el sentido por lo cual suceden las dificultades: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;”, (2 Corintios 4:17).

La leve tribulación es mucho menor y es usada por Dios para producir en nosotros una gloria que durará para siempre y que es de mucho más valor que las dificultades, ¿cuál es esta gloria? o ¿cómo glorificamos a Dios en las dificultades? Cuando Cristo es formado en nosotros, pues él, es el resplandor de la gloria de Dios (Hebreos 1:3).

Cuando pasemos por un sufrimiento, cuando recordemos un trauma pasado, vayamos a la cruz a negarnos a nosotros mismos, para que la vida de Cristo se exprese libremente a través de nosotros: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” (1 Pedro 5:10).

El trauma de la cruz sana cualquier trauma de nuestra vida humana, pues su alma fue afligida para que la nuestra fuera redimida, restaurada y vivificada.    Oración.

«Me amaste en el dolor mi Señor Jesús, Padre, me salvaste en tu infinito amor dándome el regalo de tu Hijo unigénito, Espíritu Santo, que mi vida sea restaurada plenamente para que viviendo Cristo en mí, pueda glorificar al Padre. Amén.   



sábado, 10 de enero de 2026

Restaurados de nuestros traumas

 Restaurados de nuestros traumas

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”, Hebreos 2:14-15

En el devocional anterior, quedó la pregunta de cómo el Señor Jesús, restauró a sus discípulos luego de que resucitó, ante el trauma experimentado por ellos por los acontecimientos de los días anteriores.

Lo primero que les dice es “paz a vosotros” (Juan 20:19), ya sabemos que no es cualquier paz, es su paz, que anuncia el triunfo, la derrota del enemigo, Él vence el mayor temor que tenemos los seres humanos, ¡Cristo venció la muerte¡.

Como lo dice contundentemente Hebreos 2:14-15 “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”

También a Pedro lo restaura con amor y le coloca una misión: apacentar el rebaño (Juan 21:15-19), Jesús llevó a Pedro a que pasara de «soy un traidor» a «soy un pastor».

Cuando nuestro Señor resucitó estuvo 40 días (Hechos 1:3), enseñándoles a vivir en la nueva naturaleza, pero inicia restaurando a sus apóstoles: Calma el miedo («Paz a vosotros»), valida la realidad («Palpad y ved»), normaliza la vida (Come pescado), reescribe la historia de ellos (Preguntas y nueva misión a Pedro). (Lucas 24:36-45, Juan 21:17)

¿Cómo podemos entonces aplicar esta enseñanza para superar un trauma? Veremos la conclusión en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, el mayor temor de nosotros los seres humanos fue vencido en la cruz por tu Hijo, ya el que tenía el imperio de la muerte no tiene poder sobre los que creemos, pues somos tuyos, fuimos comprados por tu preciosa sangre derramada, mi historia ha sido reescrita en Cristo Jesús, amén.



viernes, 9 de enero de 2026

Superando nuestros traumas

 Superando nuestros traumas

«Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres», Isaías 52:14

“Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”, Mateo 26:56

Los discípulos vivieron un trauma tremendo que los acompañó toda su vida. Vieron a Jesús morir de manera violenta y expresaron miedo, huyeron y se aislaron (Mateo 26:56, Juan 20:19). Quedaron paralizados y no pudieron seguir ejerciendo su ministerio en ese momento, por temor a repetir lo que le había pasado a su Maestro. Pero algo sucedió que los sacó de ese trauma, para que pudieran seguir ¿qué fue lo que sucedió?

Ahondando más profundamente en lo que les sucedió a los discípulos, vemos que en Isaías 52:14 dice: «Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.», La palabra «Asombraron» usada en este texto, traducida del hebreo original bíblico implica quedar atónito, devastado y desolado.

Psicológicamente, describe un ‘shock cognitivo’. La mente de los discípulos no podía procesar el nivel de violencia («desfigurado») que estaban viendo, incluso todos los sucesos de esa noche fueron un golpe de realidad que no pudieron asimilar.

En el caso de Pedro, el trauma es complejo porque mezcla la violencia externa con el colapso de su propia identidad (pues él juró defenderlo y falló, entonces, se llenó de culpabilidad.). Veamos en Lucas 22:61-62 «Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

¿Cómo nuestro Señor Jesús trata este asunto cuando resucita? ¿cómo restaura a los apóstoles? Lo veremos en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, he sufrido muchas cosas, pero nada se iguala a lo que Jesús sufrió por mí en la cruz, quiero que venga a mi entendimiento y a lo más profundo de mi conciencia, lo que sucedió ese día, porque yo también estuve allí por mi pecado, pero tú, me salvaste cuando yo no lo merecía, gracias por Jesucristo. Amén.



jueves, 8 de enero de 2026

Amor al dinero

 Amor al dinero

“Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” Mateo 19:21-24

El amor al dinero es un sentimiento de confianza desbordado por las posesiones materiales, que imposibilita a una persona para servir verdaderamente a Dios, puesto que confían más en ellas que en Dios. Y esto es lo que le sucedió al joven rico cuando el Señor le pidió vender todo lo que tenía, darlo a los pobres y seguirlo a Él; su reacción inmediata fue entristecerse y no creer o confiar en lo que Jesús le decía. Es sorprendente ver la increíble y maravillosa promesa del Señor para él, pues le dijo “Tendrás tesoro en el cielo”, pero el amor de este joven por sus riquezas le imposibilitó servir a Dios y entender aquello tan grande que el Señor le estaba prometiendo.

Lo mismo sucede hoy en día, la vanagloria de tener riquezas y el amor a ellas no nos permite servir a Dios a través de estas, puesto que nos impide tres cosas:

En primer lugar, amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, como lo dice su gran mandamiento en Mateo 22:37-38.

Segundo, reconocerlo como nuestro Dios proveedor, ya que de Él son y provienen las riquezas, la gloria, la fuerza y el poder (1 Crónicas 29:12).

Tercero, dar con generosidad y alegría, porque para esto el Señor nos ha enriquecido (2 Corintios 9:11).

Por esto es que el Señor nos quiere recordar su exhortación con respecto a este tema, dice su Palabra en 1 Timoteo 6:17 “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.   Oración.

«Padre, que la abundancia de tus bendiciones no produzca en mí vanagloria, altivez y amor a ellas; te pido por la gracia de Jesucristo que guardes mi corazón y me permitas en todo tiempo reconocerte como mi Dios proveedor, que me enriquece en todo para disfrutar y compartir. Gracias Señor por tu amor y generosidad, Amén.  


miércoles, 7 de enero de 2026

El misterio transformador

 El misterio transformador

“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” , Efesios 4:5-7

¿Qué implica entonces para nosotros que nos sea revelado el misterio de la iglesia?

Nuestro crecimiento, edificación, bendición y propósito dependen de nuestra vida orgánica en la iglesia. No de nuestra vida natural, o en nuestros propios esfuerzos independientes. Nuestro propósito está en la permanencia, dinámica y fluir en la iglesia. Los nutrientes que necesitamos para crecer espiritualmente son impartidos en la iglesia, en una interacción viva y orgánica, por la expresión de la vida de Cristo de nosotros hacia nuestros hermanos y viceversa. No somos estanques, somos ríos fluyendo hacia otros.

En la iglesia se manifiesta el obrar de Dios, pero la iglesia no es algo que nosotros hacemos para Dios, es algo que Dios hace a través de nosotros. La expresión divina manifestándose a través de lo humano, su presencia real en medio de los suyos. Por ejemplo, Salmos 22:22 revela lo que Cristo hace después de su resurrección: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré”; Él mismo, en cada uno de nosotros, su cuerpo alaba al Padre.

Entonces la comunión, es la participación mutua que tenemos todos juntos en una sola vida, la de Cristo; que tiene una mente, la mente de Cristo; un sentir, el de Cristo; un obrar en el cuerpo de la iglesia: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”, Efesios 4:5-7

La comunión no es algo que hacemos, es ‘alguien’ que expresamos. A Cristo. Por esto, debemos ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Efesios 4:3), en mantenernos en unidad, a pesar de las diferencias, estas diferencias están en el alma, pero debemos madurar hasta aprender a mantenernos como nos enseña Romanos 12:16: “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.    Oración.

«Ya no estoy solo Padre, no hay vacío en mi, tú lo llenas todo y provees todo lo que necesito para ser edificado mutuamente con mis hermanos, gracias por que me llamas a permanecer, a vivir con comunión con mis hermanos para que Cristo sea formado en mi, para gloria de tu nombre, amén.



martes, 6 de enero de 2026

¿Cómo se edifica la iglesia?

 ¿Cómo se edifica la iglesia?

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”, 1 Corintios 14:26

Este es el patrón para las reuniones de la iglesia como lo dice el versículo de hoy en 1 Corintios 14:26, todos interactúan de acuerdo al don recibido, expresando la vida de Cristo en cada uno, para edificación mutua.

Pues la iglesia no es una organización, es decir: no es una estructura social, una empresa, una entidad pública, etc, creada para fines comunes por el hombre.

Y como no es una organización, no tiene una estructura jerárquica, sino que la iglesia cristiana es un organismo vivo, creada por Jesucristo, el Señor y dador de la vida, donde sus líderes la alimentan con su palabra, que es espíritu y vida (Juan 6: 63) a fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (la iglesia): “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13)

Entonces la iglesia es un organismo vivo en el que todos los miembros funcionan orgánicamente de acuerdo a la medida de Cristo, que tiene cada uno; incluso el papel de los pastores y maestros es diferente a las organizaciones del mundo, observemos:

“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4).

Los ancianos y pastores colocados en ella, no reemplazan la autoridad de Cristo, sino que cuidan de la “grey” edificando en su función a Cristo en ella: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,” (Gálatas 4:19)

Efesios capítulo 4 nos habla de que Cristo lo llenó todo en todos, y constituyó diferentes funciones en la iglesia para edificación del mismo cuerpo, su crecimiento y edificación: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15-16)

¿Qué ministramos en cada función? cada uno recibe un don de Cristo, para edificar a todo el cuerpo, para que cada miembro crezca, y ¿qué es lo que crece en cada uno? Cristo. Es decir, Cristo está siendo formado en cada creyente, por la acción conjunta de cada miembro, en amor. Si crece Cristo en nosotros crece el fruto del Espíritu Santo. Es necesario por tanto una edificación mutua y un permanecer de cada miembro.

Entonces, la vida comunitaria fluye, orgánicamente, de la vida de Cristo en cada uno de nosotros hacia otros, expresando juntos la vida de Cristo.

¡Maravilloso, fluir de Cristo vivo en cada miembro¡ ¡Esto si es la verdadera iglesia!   Oración.

«Padre, me has colocado en un solo cuerpo, en Cristo, para ser edificado por mis hermanos de acuerdo al don que tú mismo diste a cada uno, para que Cristo sea formado plenamente por la acción de todos los miembros. Una sola fe, un solo Padre, un mismo Espíritu, un solo Salvador que es en todos y por todos. Amén.



lunes, 5 de enero de 2026

El misterio que revelado transforma tu vida

 El misterio que revelado transforma tu vida

“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,”, Colosenses 1:26-27

La iglesia, el cuerpo de Cristo, nosotros en él y él en nosotros, como mencionamos ayer, fue un misterio (Colosenses 1:26-27) y fue revelado plenamente a Pablo como lo podemos estudiar detenidamente en los capítulos 3 y 4 del libro de Efesios (Efesios 3:8-10).

Lo que le fue revelado específicamente lo dice en Efesios 3:6: “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio”. Los gentiles eran en ese contexto, todos aquellos diferentes al pueblo de Israel, que por medio de la fe en Cristo, recibieron la promesa del Espíritu Santo para ser unidos a un solo cuerpo: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:5-6).

Es decir, nosotros, cada uno de los que pusimos nuestra esperanza en Cristo, por medio de la fe, recibimos su gracia, a Cristo mismo (Juan 1:12-13, Juan 1:14). El Padre nos colocó en su Hijo, nos unió a él, para que regresaramos a su seno, como hijos, nos sentó en los lugares celestiales ‘juntamente’ con Cristo: “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6).

¿Por qué esta revelación transforma nuestra vida?

Porque ya no somos seres individuales, egoístas, sin propósito.

Porque no es lo que yo hago, es lo que Dios hace a través de mi.

Porque mi realidad no está en mi propia gloria, sino en su gloria.

Porque mi lugar no está aquí en la temporalidad, sino en la eternidad.

Porque no soy lo que el mundo dice que soy, sino lo que Dios dice que soy en Cristo.

Porque no es mi vida, sino la vida de Cristo en mí, hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosenses 3:3)    Oración.

«Padre, somos un cuerpo, siendo muchos miembros, somos uno en Cristo. Tu Espíritu nos enseña y revela tu Palabra, esto es, Cristo en nosotros, en perfecta coherencia con el testimonio de las escrituras, una vida que late dentro de cada miembro, la vida de tu Hijo. Qué maravillosa revelación que transforma mi vida y la de mi familia. Amén.  



domingo, 4 de enero de 2026

El misterio de la iglesia

 El misterio de la iglesia

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” Romanos 12:4-5

El concepto de iglesia, Lo primero que vino a mi mente fue una casa con una cruz encima. Es decir, la imagen de un templo, con puerta grande y una cruz.

Pero el Espíritu me llevó a la escritura a leer en varios pasajes acerca del tema y encontré algo muy diferente; escudriñando en estos pasajes, pude percibir por el Espíritu, que lo que enseñaba la escritura no se acomodaba al concepto que tenía en mi mente; se mostraban en la escritura ejemplos orgánicos:

La iglesia como cuerpo (1 corintios 12), una familia (Efesios 2:19 ), es un templo viviente construido con piedras vivas (1 pedro 2:5), concluyentemente no un edificio físico.

Además, estos pasajes hablan de cómo la iglesia funciona: “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:16), pero todo el crecimiento de los miembros es para que Cristo crezca en cada uno nosotros: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,” (Efesios 4:15)

Entonces, la iglesia es el cuerpo de Cristo, es la forma que tomó Cristo en su resurrección, fue impartido en nosotros; la vida que nos habita, nosotros en él y él en nosotros: “En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios” (1 de Juan 4:13-15 )

Cuando me quedó claro por la guía del Espíritu, dándome entendimiento de esta realidad y esta verdad, entonces dibujé una silueta de Cristo y varias personas dentro de él, ‘nosotros en él y él en nosotros’, es la verdad que se nos debe revelar por el Espíritu, para que nuestra realidad sea transformada, para que caiga lo que no es y entonces así emerja lo que es, la vida de Cristo mismo en nosotros.  Oración.

«Padre amado, me salvaste colocándome en tu hijo, su vida eterna en mi, mi habitación eres tú mi Señor, mi lugar de paz, he regresado a tu gloria, a mi verdadera casa espiritual y real, donde todo sucede según tu voluntad, gracias Padre, te alabo y te doy gracias por Cristo, en el poder de tu Espíritu que me revela la verdad de tu iglesia. Amén.



sábado, 3 de enero de 2026

Los buenos y los malos necesitan de Cristo.

 Los buenos y los malos necesitan de Cristo. 

“Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.

Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. ”, Hechos 10:39-45

En la escritura encontramos el testimonio de hombres buenos y piadosos, que a pesar de su virtuosa condición necesitaban el mensaje de salvación para nacer de nuevo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” (Romanos 1:16)

Vemos el caso del centurión Romano Cornelio, del cual el Espíritu dice “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.” (Hechos 10:2), tuvo una visión en la cual un ángel le decía que enviara hombres por Pedro “él te dirá lo que es necesario que hagas.” (Hechos 10:6).

Pedro a su vez, mientras los hombres venían en camino a buscarlo, tiene una visión donde se le revela que Dios también ahora, por Cristo, busca a los no judios, y le dice “Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. ” (Hechos 10:20) y ellos le dicen que vienen con la misión de llevarlo a casa de Cornelio “de hacerte venir a su casa para oír tus palabras” (Hechos 10:22); ¿cuáles fueron esas palabras de Pedro?, están registradas en Hechos 10:39-45, en el pasaje de hoy.

Pedro da testimonio de Cristo, su muerte y resurrección, entonces los oyentes reciben el Espíritu Santo, porque creyeron en lo que escucharon. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

Cornelio era bueno, pero con su bondad y todo, necesitaba escuchar y creer en el evangelio para que él y su familia fueran salvos. ¿A quienes de tus familiares o amigos aún no les has compartido el evangelio de salvación?

Todos necesitan escucharlo y creer para hacer parte de la familia de Dios.  Oración.

«Padre, has querido revelarte por medio de la locura de la predicación, que anuncia que la verdadera vida es en Cristo Jesús y que murió por nuestros pecados, pero que resucitó para darnos vida eterna. Te pedimos Padre nos sea revelado tu amor y podamos experimentar el nuevo nacimiento, para gloria de tu nombre, amén.  



viernes, 2 de enero de 2026

Jesús nuestra esperanza

 Jesús nuestra esperanza

“Para que, por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo”. Hebreos 6:18-19

“(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”. Romanos 4:17-21

El pasaje de Hebreos 6, nos lleva a tener esperanza en las cosas buenas que Dios ha determinado para nosotros por medio de sus promesas. La promesa de bendición que Dios nos ha hecho, está desde su eterno propósito, establecida entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, prometiendo la salvación a los que creen en Él. Debemos asirnos a esa esperanza como un ancla segura para nuestra alma, porque tenemos dos cosas inmutables, el consejo y el voto de Dios, en que es imposible que Dios mienta, porque sería contrario a su naturaleza y a su voluntad.

Nuestra ancla firme y segura es Jesucristo. Nos puede faltar todo, pero si lo tenemos a Él, no nos faltará nada, Salmo 23:1. La falta de esperanza aflige el corazón, nos hace caer en desánimo, en amargura, en tristeza y depresión, se frustra la vida, pero cuando hay esperanza nos levantamos en victoria.

Oseas 2:14-15 dice: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto”.

Dios es el que puede cambiar un tiempo de dificultades en un tiempo de esperanza. Dios utiliza incluso las experiencias negativas de nuestras vidas para crear oportunidades para que regresemos a Él. Cuando enfrentemos problemas y pruebas, recordemos que Dios nos habla en el desierto. Dios es experto en modificar escenarios y hace nacer la esperanza allí donde hay problemas. Si han estado las puertas cerradas, Él abre la puerta de la misericordia y la esperanza.

Quizás este año 2025, hemos pasado por valles de sombra de muerte, hemos estado en desiertos, pero el Señor dice que abre la puerta de la esperanza; y es con esa actitud que debemos empezar el nuevo año. Pongamos nuestra esperanza en el Señor, no en cosas y en personas que pueden fallar; sino, en la gracia del Señor que nunca se acaba y en su amor eterno, porque nunca nos dejará ni nos desamparará.

Salmo 119:114 dice: “Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado”. Las promesas de su Palabra son nuestra única fuente de esperanza. Por eso, debemos meditar, recordar y declarar las promesas de Dios, creyendo en ellas. En este mundo donde la mayoría de las noticias son negativas, perdemos nuestro norte; nos abrumamos con los reportes económicos, nos desilusionamos con tanta violencia y corrupción, perdemos la fe con tantos diagnósticos médicos de enfermedades que hoy aparecen y nos llenamos de temor con tanta desmoralización social; pero el Señor quiere que nos enfoquemos, colocando nuestra mirada sólo en Él.

Cuando vemos el pasaje de Romanos vemos a Abraham que no tenía motivos para tener esperanza. Ya él y su mujer eran viejos para tener descendencia. Pero a los 75 años, Dios le hizo una promesa que lo mantuvo enfocado, creyó esperanza contra esperanza porque su mirada estaba puesta en Dios y en lo que le había prometido. No dudó, siempre le dio gloria a Dios, contra toda lógica y razonamiento humano y alcanzó la promesa de tener un hijo en su vejez, que sería la descendencia que nos alcanzaría a nosotros hoy. Por eso se le llamó el Padre de fe. Así que hoy abracemos las promesas de Dios y no las soltemos, aun contra todo pronóstico negativo, contra toda circunstancia adversa. Comencemos este 2026, con la mirada puesta en Jesús, en Quién todas las promesas son sí y amén, para la gloria de Dios, 2 Corintios 1:20.  Oración.

«Amado Señor tú eres mi esperanza y mi ancla segura y firme. Quiero escuchar solo tu voz a través de las promesas en tu Palabra y dejar de escuchar las voces ajenas que me llenan de desesperanza. A pesar de los desiertos que pasé en el año que termina, no voy a soltar tus promesas de bendición hasta hacerlas una realidad en mi vida, en mi familia y en mi entorno. Tú eres mi Roca firme, por eso te entrego cada plan y sueño que tengo en este nuevo año para que esté alineado con tu perfecta, buena y agradable voluntad, amén.



jueves, 1 de enero de 2026

Jesús, mi ancla firme en este mar del mundo

 Jesús, mi ancla firme en este mar del mundo

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, ¡no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Mateo 14:22-31

Muchas cosas nos distraen en esta tierra y nos llevan a perder el enfoque, a dejar de mirar a Jesús, quien es nuestra única ancla firme en el mar tormentoso de este mundo. Siempre debemos mirar a Dios y más aún cuando atravesamos dificultades en nuestra vida.

Hay cinco aspectos por los cuales debemos siempre poner la mirada en el Señor.1) En medio de las tormentas de la vida. Las pruebas son parte de la vida cristiana, el Señor Jesús lo dijo claramente en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Poner los ojos en las situaciones difíciles, en la enfermedad, en los problemas matrimoniales, o en las dificultades con nuestros hijos, o en el trabajo, en el estudio, etc. no nos dejan enfocarnos en la grandeza del Señor, en su poder y soberanía, y terminamos desanimados porque no vemos soluciones.

El Dios de los cielos nos invita a colocar la mirada en Él, entonces veremos las cosas desde arriba, esto cambia nuestra perspectiva, porque nuestros problemas se vuelven pequeños ante el poder del Señor. En este pasaje podemos ver que cuando Pedro tenía los ojos puestos en Jesús, pudo caminar sobre el agua. Se trata de mirar a Jesús en medio del mar de dificultades para no hundirnos en ellas. Pero cuando quitamos la mirada de Él, vemos las circunstancias que nos rodean y podemos flaquear en nuestra fe.

En medio de la crisis que vive el mundo, miremos al cielo y clamemos para ver la gloria de Dios. Cuando quitamos la mirada de Jesús, nos llenamos de miedo al futuro, miedo a la muerte, miedo a todo el mal que enfrentamos en esta tierra. Es allí donde Jesús puede decirnos: “hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

2)Puestos los ojos en Jesús en medio de las tentaciones. En Getsemaní que significa “prensa de aceite”, el Señor les dice a sus discípulos en Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Cuando nos sintamos tentados pongamos nuestros ojos en Jesús.

3)Cuando miramos a Jesús y no a los hombres no tendremos tropiezo Mateo 18: 6-7 nos dice: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” Nuestra confianza debe ser en el Señor y no en los hombres, Jeremías 7:7.

4)Puestos los ojos en Jesús en medio de la abundancia. Muchos se desvían cuando prosperan y son bendecidos, es cuando más necesitamos colocar nuestra mirada en Jesús. 1 Juan 2:15-16 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Nuestros ojos deben estar puestos en las cosas celestiales, Colosenses 3:2.

5)Mirar a Jesús para ser más como Él y menos como nosotros. 2 Corintios 3:18 nos dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. La meta es nada menos que la semejanza con Cristo. La vida cristiana tiene un destino, y estaría bien que al final de cada día nos preguntáramos: “¿Cuánto he avanzado?”.

El año 2026, es el año de enfocarnos en Jesús quién debe ser el centro de nuestra vida, nuestra ancla para no dejarnos llevar por cualquier tormenta y bullicio de este mundo.  Oración inicial

«Amado Jesús tu Palabra me dice: “puestos los ojos en Jesús autor y consumador de mi fe”. Hoy en medio del mar de problemas donde a veces me encuentro quiero colocar mi mirada en ti mi Señor y Salvador, aumenta mi fe para que a pesar de las circunstancias que me rodean, pueda siempre confiar en tu fidelidad y amor. Señor que mis ojos se fijen en ti en las pruebas, en medio de las tentaciones, cuando mi confianza se desvía hacia los seres humanos, cuando me halle en abundancia y para ser más como tú y menos como yo, permitiendo que formes tu imagen en mí por medio de tu Espíritu Santo, amén.